1996: Belle & Sebastian – Tigermilk ( Jeepster Records)

Los discos que cambiaron nuestra vida

Fue al poco de llegar al colegio mayor, cuando un día, una chica pequeñita que respondía por Ally, de cara sonriente, estética popera, y que irradiaba felicidad, me insistió en que me pasara por su cuarto para coger algo de música, ya que la que había visto en mi cuarto no le terminaba de convencer…

Supongo que a los pocos días así lo hice, y acompañado de su novio (mi vecino de enfrente) y de un pequeño radiocasette, poco a poco me empezaron a poner canciones y a hablarme de grupos que desconocía por completo, de sonidos diferentes y de algo que se hacía llamar Indie. Y así fue como una tarde, tras una larga conversación y tras decirles que sentía preferencia por la música nacional y el pop feliz, recuerdo perfectamente como salí de su cuarto con unos cuantos discos en mis manos, entre los que se encontraban grupos como Astrud, Cooper, La casa azul, o Los Planetas. Pero entre todos ellos, y sin decirme nada, Ally me había “colado” el disco que realmente cambiaría mi vida, el único disco en inglés, el ya mítico Tigermilk primer disco de Belle & Sebastian.

Y es que si todos los discos anteriores me habían encantado (a excepción de el de Los Planetas, que detestaría hasta pasados unos seis meses), creo que fue al escuchar la voz tenue, cálida, suave y melancólica de Stuart, susurrando eso de “I was surprised, I was happy for a day in 1975…” cuando mi corazón se encogió, se me puso la piel de gallina, y a medida que se fue sumando una guitarra rasgada, una batería alegre, y la canción iba tomando cuerpo, cuando me di cuenta de que esa canción y ese grupo, iba a sonar mucho en mi vida…

Y así fue, y más cuando el resto de las canciones del disco no hicieron si no mejorar las expectativas que “The state I am in” había creado. Poco a poco, fueron sonando en mi solitaria habitación temas increíbles como “Expectations”, o “My wandering days are over”. Temas originales para mi, tanto en sus melodías como en su instrumentación, con sonidos de violines, panderetas, flautas y trompetas que me sorprendieron y me dibujaron una sonrisa de sincera felicidad. Pero es que Tiguermilk, no se queda ahí, pues aparte de este tipo de canciones, (que después se confirmarían como en el estilo propio del grupo), el disco cuenta con una perla electrónica como es “Electronic renaissance” y con joyas melancólicas como “We rule the school” o “Mary Jo” que con la inimitable ayuda de la voz de Isobel Campbell te consiguen poner en pocos segundos de canción, los sentimientos a flor de piel.

¿Suficiente? Sólo con esto sería más que de sobra para cualquier disco de cualquier artista, pero por suerte no lo es para Tiguermilk, en el que aún faltan por nombrar los dos mejores momentos del álbum: She is losing it” y “I don´t love anyone” y que pese a sus letras tristes, consiguen transmitir un profundo positivismo, a través de sus alegres y exquisitas melodías, acompañadas de la sencillez de unas guitarras, y una batería excelente a las que poco a poco se le van acompañando los distintos miembros de la banda para hacer dos canciones que rozan la perfección.

A partir de entonces las visitas a sus cuartos fueron mucho más frecuentes, y poco a poco esta música se fue enraizando en mi corazón, hasta que ha día de hoy, no podría entender mi vida sin el Indie, ni podría concebir la vida sin la música.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.