ACUARIO – Cassette Para Los Niños (Marxophone / Gran Sol)

Bienvenidos, una jornada más, al clásico choque frontal entre la libertad metamórfica del artista y las expectativas ígneas del fan. Lo que David Bowie llamó en su momento “lealtad estilística” y le llevó a autodefinirse como “stylistic whore” resurge con fuerza en discos como el de Leo Mateos. Sin que exista la mínima intención de ofender almas sensibles con ninguna comparación, sí es cierto que ACUARIO, el proyecto paralelo del cantante y cerebro de Nudozurdo, es otro más de los conflictos derivados de la necesidad de creer que los artistas son nuestras marionetas.

Es duro no comprender que Mateos, como cantante de Nudozurdo, ejerza su derecho a explorar otros paisajes sonoros. Aunque también es un poco tramposo separar Nudozurdo de ACUARIO como si de dos entes completamente distintos se tratara; en realidad, el origen de las canciones de Cassette Para Los Niños los convierte en más siameses de lo que podrían parecer a priori. Las composiciones del excéntrico debut en solitario de Mateos tienen un ADN tan Nudozurdo que no es necesario que el cantante reconozca que éstas compartieron la misma placenta. Basta escuchar la guitarra de “Mourir à Madrid” o “Bennelong” para darse cuenta. Cuando entran en juego los sintetizadores y las programaciones se corre el riesgo de despistarse con los colores y los unicornios, pero también las letras nos recuerdan que, al fin y al cabo, todo está en la misma cabeza (“son fantasmas que pueden asfixiar tu corazón”, se escucha en “Fantasmas”).

Cassette Para Los Niños suena a válvula de escape. A necesidad artística. Y Mateos ni siquiera ha utilizado el cartel de Nudozurdo, por lo que no existe ningún tipo de perversión obscena en su concepto. Su primer disco en solitario como ACUARIO es sólo formalmente el alter ego de sus discos en compañía con Nudozurdo. Es la explotación de lo inédito, la búsqueda constante y rupturista de la melodía a través de herramientas invisibles hasta ahora. No se puede decir que ACUARIO sea producto del revival ochentero que se respira últimamente, pero tampoco se puede negar que los sintetizadores analógicos le otorgan cierto aire Drivesco, de banda sonora de película de Winding Refn.

Quizá por todo lo expuesto anteriormente, y siguiendo con la corriente individualista de un disco que Mateos ha grabado él solo casi en su totalidad (salvo algunas programaciones David Unison y baterías de Ricky Lavado), Cassette Para Los Niños solo podía ser editado a través de Marxophone, un sello en el que el artista tiene un mayor control de todo el proceso. En este caso más que nunca, el disco es el fruto definitivo de un periplo dedicado por entero a la investigación, tanto formal como de contenido (“somos exploradores insaciables“, se escucha en “Teclas”). Un souvenir de lo que hay detrás de una puerta hasta ahora cerrada.

El debut de Leo Mateos con ACUARIO supone dejar de lado las grandes magnitudes del rock para centrarse en los pequeños matices que da a las canciones el hecho de estar perfectamente programadas de principio a fin. El acercamiento al pop del músico madrileño se ejecuta desde la mencionada búsqueda de la melodía perfecta, que quizá no encuentre de forma evidente en demasiadas ocasiones pero que, cuando lo hace, se materializa en rompecabezas fantásticos que, como “Bennelong”, “Teclas”, “Fantasmas”, “Desconocida en un tren” o “Naves dormidas”, ocupan todo el espectro luminoso con más o menos neón ochentero.

El cambio en la voz de Mateos con respecto a Nudozurdo también es evidente; la nueva propuesta requiere de una interpretación más emocional, de una voz quizá más dúctil, y por eso solo en “Bennelong” (“van a venir más y te harán creer que su sangre es más valiosa“) adopta una textura más reconocible (ni siquiera lo hace en la oscura heredera “Supermutaciones”). Momentos en los que no aparece voz alguna perlan el disco y dejan también detalles interesantes acerca de la investigación electrónica de Mateos: “Mourir à Madrid”, y sobre todo “Bárbara bit”, mejor que “Normalizadores”. El resultado final es un disco sorprendente y necesario, sobre todo para su autor, con altibajos (altos en los altos y no especialmente bajos en los bajos) y digno de ser recordado como una de las mejores noticias del curso nacional.

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