Aproximación al Dylan del siglo XXI en 10 sencillos pasos

Bob Dylan es, más allá de las líneas de Nazca, la sábana santa o el coeficiente intelectual de nuestra clase política, uno de los mayores misterios de la historia de la humanidad. Tan difícil de descifrar es lo que le pasaba por la mente cuando se apoderó de los sesenta y, de paso, de la posteridad, como lo que debió de pensar cuando decidió adentrarse en sus desagradables 80 con esa americana hortera que lucía en la portada de Empire Burlesque.

Durante su apogeo, Dylan se labró a conciencia, muy cuidadosamente, esa imagen de genio volátil e inaccesible que hoy, ya en pleno siglo XXI, entronca a la perfección con la apariencia del viejo Zimmerman: ese vecino septuagenario que tiene un gato llamadoJasper y golpea el techo con una escoba cuando oye ruidos a partir de las nueve de la noche.

Aún así, y contra todo pronóstico, el Dylan del siglo XXI es infinitamente más accesible para el neófito que casi cualquiera de sus versiones pretéritas. De hecho, los quince años del nuevo Dylan son el puente de oro perfecto para que, el que antes huía de su afilada sombra, ahora se acerque amistosamente al inabarcable universo del músico de Duluth. Al contrario de lo que ocurre con otras figuras vetustas, su renovada joie de vivre musical ha dado con un cancionero que, en los últimos 15 años, invita amablemente a aventurarse posteriormente en las densas aguas de la obra maestra del Blonde on Blonde, los chispazos eléctricos de Highway 61 Revisited o el barroquismo pop-rock del Blood on the Tracks.

El Dylan del nuevo siglo es la llave maestra que abre casi todas las estancias de la mansión en la que residen todas las versiones deDylan. Con esta pequeña guía, estructurada en diez sencillos y cómodos pasos, acercarse al viejo Elston Gunnn será tan sencillo como torcer el morro cuando alguien lo nombra en una reunión hipster.

“Tweedle dee & tweedle dum” (Love and Theft, 2001)

Love and Theft fue como cuando hacías una bola de papel mientras estás estudiando y decías “si la meto en la papelera, apruebo“. En realidad, fue como hacer una segunda bola de papel y volver a lanzarla para asegurarte de que el destino se ha enterado de tus planes. El primer disco de Dylan en el siglo XXI fue un no y un sí a la vez. No, Time Out of Mind no había sido un espejismo; y sí, Dylan se había sacudido por fin la maldición gitana que le perseguía, en lo creativo, desde los 80. Como prueba, un divertido botón.

“Lonesome day blues” (Love and Theft, 2001)

La voz de Dylan nunca ha sido un derroche de nada; si acaso, uno de la poca vergüenza que atesora desde siempre. Seguro que le falta profundidad y negritud entre otras muchas cosas pero, con sus entonces 60 años, lo que no le falta para cantar un buen blues es toda la vida que ha pasado por esas cuerdas vocales que parecen siempre al borde del desastre: “you gonna need my help, sweetheart. You can´t make love all by yourself

“Summer days” (Love and Theft, 2001)

A muchos les gustaría aún hoy que Dylan volviera sobre sus pasos hasta llegar a los 60. Sin embargo, él sólo rehace su camino para poder seguir caminando más lejos todavía y perpetrar con coherencia pomposas piezas de swing y jump blues como esta. Reconvertido en salvador de las raíces musicales norteamericanas en su eterno programa de radio, en realidad no hace nada diferente a lo que ha hecho siempre: reciclar.

“Thunder on the mountain” (Modern Times, 2006)

“Thunder on the mountain” es uno de los trallazos más evidentes del Dylan del siglo XXI. Sí, he dicho “trallazo” y “Dylan” en la misma frase y aún no han venido las Supertacañonas del indie mediático a darme una colleja. Asentado ya cómodamente en el blues-rock festivo, Dylan esquiva las acusaciones de plagio con una guitarra muy textura “You never can tell” y sus desconcertantes referencias aAlicia Keys.

“Rollin’ and tumblin'” (Modern Times, 2006)

Mr. Zimmerman emparentando su música sin ningún tipo de remilgo con señores como Muddy Waters, R.L. Burnside o Lightnin´ Hopkins es algo bonito de ver. Más de uno se tirara de los pelos, pero a ver quién se atreve a decir, después de esto, que “oye, es que Dylan es un poco coñazo“. Seis minutos de bourbon turbio y blues del vulgo que, de hecho, resulta ser más viejo que el propio Jack Frost.

“Beyond here lies nothin´” (Together Through Life, 2009)

“Beyond here lies nothin´” es quizá el mejor ejemplo de la revitalización del sonido que practica el viejoven Dylan del siglo XXI. Ya incluso hace canciones dignas de club de striptease; de hecho, el tema fue utilizado en varios formatos por esa serie de vampiros fornicadores de hedonismo juvenil que es True Blood. “Nadie compra mis discos para escuchar los solos instrumentales“, dijo Dylanen una entrevista, pero la guitarra de Mike Campbell y el acordeón de David Hidalgo (Los Lobos) es otra cosa, amigo.

“Jolene” (Together Through Life, 2009)

Together Through Life ofrece, en conjunto, un Dylan más ligero. Y no sólo por la portada con esos dos sujetos dándose cariño en la parte trasera de un coche (posiblemente, la primera ocasión en la que aparece alguien distinto a Dylan sin su presencia). Adiós a las canciones de 7 y 8 minutos, y hola de nuevo a las guitarras blues y a la seducción de los momentos instrumentales. “Jolene” ofrece una revisión de esa estampa con Dylan acodado tranquilamente en la barra mientras corteja a la camarera de turno.

“Duquesne whistle” (Tempest, 2012)

Es posible que la gente que dice no ver cine en blanco y negro porque es un coñazo comparta bastantes lazos afectivos y genéticos con los que no se acercan a Dylan por aquello de que hace canciones de más de 11 minutos. Unos se habrán perdido Con faldas y a lo loco, y otros “Sad-eyed lady of the lowlands”. Tempest regresa a la tradición de canciones largas pero, igual que el Blonde on Blonde también tenía su “Rainy day women #12&35” o su “Most likely you go your way (and I´ll go mine)”, este también tiene a “Duquesne whistle”, con un vídeo bastante discutible en todo menos en la cara de “a mí me han dicho que ponga esta cara” de Dylan.

“Narrow way” (Tempest, 2012)

Las raíces vintage del nuevo sonido de Dylan están todas en la festiva “Duquesne whistle”. Las del whiskey de contrabando, en “Narrow way”; una pieza bluesy que repite durante casi siete minutos y medio la misma estructura una y otra vez. Entre guitarra y guitarra (ninguna suya, claro), y a ritmo trotón, Dylan ilustra la marcha por su desierto particular con una enorme muestra de su mejor lírica a sus relucientes 71 años.

Si existiera una supercomputadora que permitiera recolectar todas las canciones de Bob Dylan y devolverlas en forma de una sola pieza actual que aunara sus virtudes discográficas desde principios de los 60 hasta hace un par de años, esa sería “Things have changed”. Del “even the butler, he´s got something to prove” de 1965 al “only a fool in here would think he´s got anything to prove” de 2000; del “I´m ready when you are, Señor” de 1978 al “if the Bible is right, the world will explode” de 2000. Del “I used to care” al “things have changed“.

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