Beach House – Bloom (Sub-Pop)

Desde que hace unas semanas tuve oportunidad de oír por primera vez Bloom hasta que escribo esto, creo que no he sido capaz de no escucharlo, al menos en parte, cada uno de estos días (con lo que ello supondrá para mi en cuanto a eso que llamamos “recuerdos” o “memoria”). Es por eso que, aunque si bien no sea lo correcto al tratarse de un disco esperadísimo, me es imposible enfocar esta reseña desde un punto de vista que no sea el totalmente personal.

Para los que considerábamos Devotion (2008) y Beach House (2006) álbumes solamente interesantes dentro de cierto revisionismo del dream-pop, encontrarnos en 2010 con que Teen Dream era disco del año en muchas listas especializadas, así como en nuestro universo particular fue, más que una sorpresa, una tremenda alegría.

Y es precisamente la sombra de Teen Dream -y la de sus magníficos conciertos de presentación- la que pone el listón tal alto a este nuevo artefacto. Pero parece claro que cuando un grupo o artista está en estado de gracia, poco hay que temer. Alex Scally y Victoria Legrand han creado su Violator particular, su Disintegration, su Heaven or Las Vegas (la referencia a Cocteau Twins obviamente no es gratuita), ese disco de madurez que supera cotas que parecían imposibles de alcanzar.

En este sentido parece que la banda, totalmente segura de que ha conseguido superarse, no tiene pudor en seguir sus postulados sonoros de siempre (dando eso sí algo más de protagonismo a los teclados) e incluso la distribución de canciones parece recordar a la de su aclamado predecesor. Así, con cada nueva canción, el dúo de Baltimore parece retar a todas esas voces que se iban a lanzar a desollar el nuevo disco argumentando que no era tan inspirado como el anterior.

De este modo, un single ya de por sí arrebatador como era “Norway”, queda en mantillas ante la magia indescriptible de “Myth”, la canción que hace un par de meses nos ponía sobre aviso de que algo grande se acercaba. Si la frágil belleza y nostalgia que desprendían “Silver Soul”, “Used to be” o “Walk in the Park” parecían insuperables, la banda nos propone ahora “Lazuli”, “Other People” o “The Hours” y si hace dos años derramábamos lágrimas de emoción y admiración con “10 Mile Stereo” y “Take Care”, ahora estas lágrimas son más sinceras aún con “Wishes”, “On the Sea” e “Irene”, el desgarrador trío final de este nuevo álbum.  Para el que siga considerando un empate técnico, la monumental “Troublemaker” queda como testimonio, a mitad de disco, de que Beach House ha conseguido superarse.

Y es que para un servidor aquí está el grupo del momento, el grupo de lo que va década. Para todos aquellos que echen de menos la melancolía de Cocteau Twins o la épica y nostalgia bien entendida de los últimos Chameleons, este es su disco. Para quienes no conozcan a los grupos nombrados… este también es su disco.

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