Benjamin Biolay – Palermo Hollywood (Universal)

Benjamin Biolay, una de las grandes figuras de la música europea de este siglo, llevaba demasiado tiempo sin entregar un disco a la altura de su talento. Desde el excesivo y soberbio La Superbe (2009), no había publicado hasta ahora otra obra mayor: la tibia banda sonora de Pourquoi tu pleures? (2011) deja entrever que se centró más en la interpretación que en la partitura; el irregular Vengeance (2012) se quedó en un deslavazado intento de sonar impostadamente moderno; y Trenet (2015), firmado junto a Nicholas Fiszman y Denis Benarrosh, revisa en estricta clave de jazz el repertorio de su compatriota Charles Trenet en un interesante ejercicio de estilo sin mayor trascendencia. Ahora, Palermo Hollywood, nos devuelve por fin la mejor versión del parisino, un Biolay valiente, inspirado y renovado.

Enamorado de Buenos Aires, recurre a la ciudad del tango para recuperar la inspiración perdida. Grabado el año pasado en la capital argentina, a la que ya le había dedicado la esquizofrénica “Buenos Aires”, Palermo Hollywood está recorrido de manera transversal por el espíritu porteño y cool del barrio de Palermo sin perder un ápice de la marcada identidad francesa del autor. Chanson y cumbia de la mano en lo que casi podría ser una versión latina del vibrante Trash Yeyé (2007).

El disco arranca seductor con la canción que titula el álbum, una “Palermo Hollywood” elegante y comedida, cien por cien Benjamin Biolay, a la que sigue “Miss Miss”, quizá el tema que mejor recopila las coordenadas sonoras del álbum, donde ritmo cumbiero y bandoneón flotan sobre una melodía chispeante y vitalista. A partir de aquí todo fluye con brillantez y naturalidad, incluyendo los múltiples puntos de fuga que contiene el álbum. Aparte de la excentricidad casi reggaetón de “La noche ya no existe” –con Alika como coautora-, encontramos la narración de Víctor Hugo Morales del mítico gol de Maradona a Inglaterra en “Borges Futbol Club”, un recitado del propio Borges de su poema “Ajedrez” en la sofisticada “Pas sommeil”, el canto de tenor que cierra (y estropea) “Palermo Spleen” o los fraseos sinuosos de la actriz local Sofía Wilhelmi en la adictiva y bailable “Palermo Queens” –impagables sus coros bum, bum, bum dando réplica al galán que tanto le gusta encarnar al francés-.

Entre los otros muchos momentos a destacar, la sorprendente nueva colaboración con Chiara Mastroianni en una “Ressources humaines” irresistible, “Tendresse année zéro” que arranca suave, se eleva sintética y rompe entre violines y cajas de ritmos, o el cierre con “Ballade Française”, melancólico regreso a casa sobre maravillosos arreglos de cuerda. En total catorce cortes donde no sobra nada. Si no es su mejor disco, está realmente cerca.

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