BIME 2015 – BEC (Bilbao Exhibition Centre) (Barakaldo)

Bilbao tiene el privilegio de poder disfrutar de dos festivales al año. Uno en julio y otro en octubre, aunque, gracias al cambio climático o al microclima del estuario del Nervión/Ibaizábal, nunca se sabe muy bien cuál será el veraniego y cuál el otoñal. Anécdotas atmosféricas aparte, el sol y las temperaturas primaverales en pleno otoño no han sido las únicas buenas noticias que nos ha dejado la tercera edición del BIME.

La vertiente profesional del festival ha vuelto a demostrar que es el evento de referencia de la industria musical de nuestro país. Cada año se organizan más y mejores actividades (encuentros de startups e inversores, feria de empleo o un hackathon), que esta vez han sido aprovechadas por casi 1.800 representantes de unas 1.000 empresas. Con el BEC (Bilbao Exhibition Centre) como testigo, parece que el sector comienza a ver la luz después de años aciagos. Ojalá se confirmen las expectativas.

La parte lúdica del BIME también puede presumir de buena salud, ya que ha vuelto a ampliar su nómina de espectadores.  Además, ha introducido importantes novedades en cuanto a la distribución de los escenarios, confirmando una decidida vocación de crecimiento. En ediciones anteriores, los conciertos se repartían entre dos pabellones del BEC que no se ocupaban de forma completa. Esta vez se ha preferido concentrar dos escenarios simétricos y un auditorio en uno solo de los pabellones, pero aprovechado en toda su extensión; lo que ha  permitido ganar comodidad y espacio. Con esta nueva distribución, hay sitio para mucho más BIME.

También ha habido novedades en cuanto al reparto de las pulseras, con unas aparatosas máquinas que las sellaban mediante calor; y a los medios de pago en las barras, con un sistema exclusivamente electrónico de Paypal que ha funcionado a la perfección. ¿Se acuerdan lo que intentó hacer el Primavera Sound en el 2011 con el desastre como resultado? Pues parece que por fin funciona. Veremos si Last Tour se decide a implantarlo en el BBK Live con 50.000 usuarios concurrentes.

En cuanto a los conciertos, podemos decir que se han celebrado dos BIMEs en paralelo, uno en el Teatro, y otro en los escenarios abiertos. El Teatro ha reunido al público más veterano, que ha disfrutado de lo lindo con exquisiteces como Benjamine Clementine, Iron & Wine, Villagers o Michael Kiwanuka. Muchos de los fieles a este escenario de atmósfera inigualable, no han necesitado pisar otro durante todo el festival.

En los espacios más masivos y juveniles han predominado las propuestas más lúdicas, con Imagine Dragons como grandes triunfadores, seguidos de cerca por Crystal Fighters. Era lo previsible. Quizás la sorpresa la ha protagonizado Richard Ashcroft. Con una simple guitarra, el de Wigan demostró que, sin fuegos artificiales ni confeti, también se puede triunfar en un festival. Pero claro, Ashcroft tiene carisma y canciones, algo de lo que no puede presumir todo el mundo.

Viernes

Everything Everyting
Definir el sonido del grupo de Manchester es complejo. La base de su música es rock, pero mezclado de tal manera con electrónica y R&B, que el resultado se aleja bastante de su origen. Si a esto le añades que Jonathan Higgs canta con falsete y cierta pomposidad, entramos en el terreno de lo inclasificable. Dicho todo esto, sus conciertos, a tenor de lo visto en el BIME, son mucho más sencillos. Pocos artificios, muchas guitarras y suficientes bases electrónicas como para que cualquier escéptico termine bailando

Los Planetas
Ustedes, que seguramente sean más jóvenes que yo, no creo que recuerden los tiempos en los que los grupos españoles tocaban, en general, mal. Actualmente, salvo problema acústico de la sala o mal día del técnico, es difícil asistir a días complicados como los que solían tener La Buena Vida o Los Planetas. Por cierto, lo que daría ahora por volver a ver un mal concierto de La Buena Vida. Con tiempo y dinero bien invertido en equipos, todo mejoró, y ahora, salvo que estén muy desganados, hasta Los Planetas son un valor seguro. Y, por lo visto en el BIME, siguen mejorando, porque ahora son capaces de tocar bien hasta con pocos ánimos. Hablo del apetito de J y compañía, porque se presentaron en Bilbao sin visuales y acortaron sobre la marcha un setlist justo ya de inicio. Por lo demás, fue un concierto impecable ante un público bastante heterogéneo que no dejó de charlar hasta que sonó “Segundo Premio” y terminó la serie de canciones “flamencas” con la que los granadinos abren su directo. “Un buen día”, “Alegrías del incendio” y “Pesadilla en el Parque de Atracciones”, remataron una actuación que nos dejó con ganas de bastante más. Por ejemplo, de haber escuchado “Espíritu Olímpico”, novedad que está sonando en los últimos conciertos y que J tenía intención de tocar.

Matthew E. White
A primera hora de la tarde Benjamin Clementine ya había demostrado las posibilidades que tenía el Teatro del BIME con una actuación mágica. En comparación, el concierto de Matthew E. White podría clasificarse como prosaico. No lo vamos a hacer porque el virginiano ofreció una lección de rock, blues y góspel, tan clásica como emocionante.

Stereophonics
Brip pop de estadio, o como pervertir un estilo con ticks de baladista en busca de un disco de oro. Indudablemente solventes, o incluso brillantes cuando recuperaron “Dakota”, sin embargo, Stereophonics transmiten una sensación agridulce. Quisieron parecese a Oasis y ahora prefieren a los peores Coldplay. En cualquier caso, se han quedado a medio camino de todo y nada.

The Go! Team
En su momento era uno de los grupos más divertidos del mundo. Mezcla de rock y funk con vocación lúdica y puesta en escena explosiva gracias a que Nkechi Ka Egenamba, (Aka “Ninja”) se toma cada concierto como una clase de crossfit. Hasta aquí, y durante cuatro o cinco canciones todo correcto, pero a partir de ahí, la gracia decae a tanta velocidad como se agota un modelo que necesita urgente renovación.

Crystal Fighters
Llevan tiempo instalados en la verbena perpetua, lo que les hace pecar de reiterativos, pero les asegura legiones de fans. Con veinte años, ¿Quién no querría bailar a tope “I love London”, entre fuegos artificiales y balones de playa gigantes? Conocedores de sus puntos fuertes, y tras una introducción de 10 minutos de txalaparta/batucada, los londinenses sueltan a la primera de cambio “Cave Rave”, y el BIME se convierte en fiesta hasta que se apaga el último cohete. Mención especial para Sebastian Pringle, el primer hare krishna que ondea una ikurriña.

Sábado

Nudozurdo
Siempre que escucho “El Hijo de Dios” me acuerdo de “La Caja del Diablo” de Los Planetas. Son dos canciones de estilos diferentes, pero que tienen como elementos en común la oscuridad y el dominio del ruido. Por extensión esas son las dos principales características de Nudozurdo, que en el BIME ofrecieron una actuación impecable. “Mil Espejos” o “No Siento el Amor y tu Amor es Falso”, sonaron como auténticas tormentas de intensidad creciente y pegajosa.

Savages
Silence Yourself (Matador Records, 2013), el debut de Savages, ya era un ejercicio de post punk tan áspero como adictivo. Al parecer, han seguido acumulando rabia, y la han plasmado en nuevas canciones que ahondan en su vertiente más oscura. Marcial cisne negro del BIME, Jehnny Beth condujo hasta el éxito una atormentada apisonadora llena de ritmo y ruido.

Villagers
Tras Savages, escuchar a Villagers sirvió de reconciliación con la melodía, la luz y la felicidad. Folk preciosista y lleno de buenas intenciones plenamente disfrutable.

Supersubmarina
Ejercicios de vacuidad y nadería como los de Supersubmarina, solo están justificados si entusiasman al público. No fue el caso del BIME, que, celebró lo justo a los baezanos a la espera de las estrellas de la noche, Imagine Dragons. 
Richard Ashcroft
La noche del sábado del BIME estaba preparada para la consagración de Imagine Dragons. Pero hete aquí que en la fiesta de los de Las Vegas, se coló un tío de Wigan bastante alejado de sus mejores tiempos. Richard Ashcroft tiene nombre suficiente para justificar su presencia en cualquier festival. Sin embargo, en solitario y acústico, la apuesta era arriesgada. Sorprendiendo a muchos, Ashcroft no necesitó más que de una guitarra, un par de ticks gallagherianos y sus viejas canciones, para mantener al público encandilado durante casi 45 minutos. “Bittersweet Symphony “ sirvió de final feliz de un concierto, del que dudó hasta su protagonista, que en un momento recurrió a una explícita reafirmación “What is music?”, I am music!

Imagine Dragons
Te puede gustar más o menos la música de Imagine Dragons, pero su directo es de los que se dirigiere solo gracias al espectáculo que organizan. Sin necesidad de una puesta en escena demasiado recargada, los de Las Vegas reventaron el BIME a base de hits. Para cerrar el círculo que asegura el éxito, Dan Reynolds ejerce de guapo con bastante solvencia, desatando pasiones por donde mira, baila o salta.
Ante un público predominantemente juvenil y femenino, no tuvieron rival. Por cierto, muy a favor de la versión a capela del “Forever Young” de Alphaville.

Sallie Ford
Es imposible no haber visto la Portlandia de Fred Armisen y Carrie Brownstein, y no imaginarse a Sallie Ford como perfecto personaje de la ciudad más indie de América. Una chica con vozarrón de R&B, y que salta sin despeinarse del rockabilly al garaje haciéndolo todo bien, no puede ser real. Pues lo es, y por enésima vez durante el fin de semana, se volvió a caer el Teatro del BIME.
Kakkmaddafakka
Si los Imagine Dragons habían reventado el BIME, los noruegos impronunciables decidieron hacer lo mismo. Lástima que aún les falten canciones y les sobren ticks impostados. Si a Dan Reynolds las cosas le salen solas, los hermanos Vindenes las fuerzan demasiado. No obstante, fueron amenos y rozaron el delirio con “Restless”.
Más fotos: aquí.

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