Carlos Ann

La relación que un creador tiene con la composición es sexual, es un puto polvo

Después de una carrera solista que abarca seis discos solistas, a parte de múltiples obras compartidas, Carlos Ann regresa con “Fetiches y recuerdos 1999 – 2012”, un doble recopilatorio que ayuda a poner orden en su trayectoria. Así, sus seguidores podrán disfrutar de sus clásicos puestos al día mediante nuevas mezclas y aquellos que nunca hayan disfrutado de su música tienen un buen punto por el que comenzar.

 
Resumes tu carrera.
Parte de la carrera. Un recopilatorio es eso, al menos en mi caso ha sido como llevar una mochila llena de canciones que estaban ahí y me he desprendido de ellas. ¿Es un resumen? Bueno, es quizá incluso un acto psicomágico, desprenderte de las canciones para focalizarte hacia un futuro que, evidentemente, va a ser diferente.

 
El disco es doble y me da la sensación de que uno de los discos deriva más hacia la electrónica y otro hacia música más orgánica.
Sí, es así. Buena observación. Esa es la idea. Mi primera etapa fue muy electrónica, llegamos a tener siete discotecas consecutivas, siete clubs. Y en Barcelona he mamado mucho lo que es la programación electrónica. Empecé de una manera incluso muy barroca, en la que poner más era mejor y he acabado en lo contrario. El viaje fue largo, pasé por spoken poético y acabé con dos guitarras y voz. Imagina el desnudo integral que ha habido. Con mi último disco, “El tigre del Congres”, confirmé que menos era más. ¿Dónde voy ahora? No lo sé exactamente.

 
En tus tres primeros discos el sexo estaba muy presente y ha ido desapareciendo de tu obra progresivamente.
Soy muy sexual, lo reconozco, pero me di cuenta cuando escribía que la sexualidad puede estar presente de otra manera. Es como cuando ves a una persona y dices que está cargada de sexo pero no ha hecho nada para ello. Yo creo que con las últimas canciones también existe el sexo pero se presenta de otra manera. El sexo es la base de nuestra continuidad como especie. ¿Sin sexo qué íbamos a hacer? De hecho, la relación que un creador tiene con la composición es sexual, es un puto polvo. Muchos compositores no lo ven. ¿Por qué estás intentando hacer una buena canción? Estás intentando echar un buen polvo. Para mí, la relación con la composición es meramente sexual.

 
Después de “Descarado”,  tu tercer disco, comenzaste a destruir tu propio personaje.
Es que no había personaje realmente, había persona.

 
Vale, empezaste a destruir la persona que hacía las canciones de una manera más comercial. Con “La nada” tu forma de crear comenzó a ser muy distinta.
Claro, en cierta manera es la “honestidad” entre comillas. Haces un disco y estás viviendo de una manera muy concreta y en “La nada” como ser humano no podía estar más abajo. Viví en el sinsabor. Lo peor que hay es levantarte por las mañanas y no tener sabor a nada. Además, si añades esto a que te gusta el dolor… Porque el dolor es sabroso, cuando le pillas el rollo es una experiencia sadomasoquista que no te puedes desenganchar de él. No quiero pasar etapas de dolor, pero tiene sabor y a veces no quieres salir del dolor. Eso era “La nada”, estar regocijado entre mantas de agujas.

 
¿Cómo llega uno ahí?
Viviendo al límite de las emociones. No de sustancias, ni mucho menos. Cuando he entrado en un lugar me ha gustado vivirlo al cien por cien y las emociones del ser humano yo creo que las he explorado, todavía me quedan, pero las he explorado.

 
¿Dirías que pagaste un peaje?
Y alto. Pero se sale de ahí. Y en esta etapa de mi vida busco la inocencia perdida sin darme cuenta. La inocencia es lo más bello que tenemos los seres humanos. Estoy tratando de recuperar el quid de la cuestión, el por qué. Por qué empecé a hacer música, por qué me perdía en los discos de Bowie, cuando entraba en ese acto litúrgico sónico y decía “ahhh, yo quiero estar ahí”, sentía la música de una manera especial… Eso es lo que estoy recuperando de una manera increíble.

 
¿En qué momento comenzaste a perderlo y por qué?
Lo empiezas a perder por defecto y a veces por un cierto desgaste, porque los años pasan rápido y no eres consciente del instante. Ser consciente del instante, de cada momento y vivirlo como una experiencia única es lo que te hace volver a recuperar la ingenuidad. Por ejemplo, en mis discos, en según que etapas, estaba en una ruleta rusa y llega un momento que dices “hey, no más ruleta rusa”.

 
¿Por qué para este recopilatorio has recuperado un grafismo similar a “Entre lujos y otras miserias”?
Para dejar una identidad clara. Como son etapas tan diferentes y contradictorias entre ellas, está bien unificarlo todo como un sello de identidad.

 
Creo que hubo problemas con el máster.
Cuando estuvo masterizado no me gustó nada. El sonido me dolía. El problema es que nos hemos acostumbrado a escuchar CDs como si  no pasara nada. Cuando salió el CD me pareció una maravilla y pasados los años escucho dos seguidos y se me agota el oído. En cambio, escucho vinilos y puedo estar las veinticuatro horas del día. O cintas de casete. Pero el rollo digital me cansa y el master me sonaba muy digital, había cosas de las mezclas que dceía “hostia, me está cansando”. Lo mezclé, saqué las cosas que no me gustaban y lo mastericé otra vez con otra persona.

 
¿Has retocado todas las canciones?
Casi todas. Siempre se ha añadido alguna cosa de más, alguna capa de más.

 
¿No es extraño volver a trabajar sobre lo que ya hiciste con la perspectiva que tienes ahora?
Es extrañísimo. Sobretodo descubres pistas que están olvidadas, voces de otras personas… Es un viaje hacer un recopilatorio, porque te remite a lo que sentías en esa época. Pero bueno, después de ese proceso viene la liberación.

 
Has contado con distintos invitados.
¿Qué mejor que ceder en un momento del recopilatorio? Quise que otras personas hicieran suyas las canciones. Y así ha sido, desde Bunbury a Loquillo, Corcobado… Las hecho suyas y me ha servido para tomar perspectiva. También creo que es más interesante, más audible. Mira lo que está pasado, todos los inventos que se han hecho con colaboraciones, que han sido movimientos de multinacional. Esto lo he hecho yo y de forma natural, desde la máxima independencia.

 
Te has prodigado muy poco en directo.
Por un lado no he tenido ningún manager, siempre he oeprado desde la independiencia. Ejercer de empresario, de músico, de bailador y de camello a la vez no me funciona. Y tocar, si no se hacía de la manera que yo quería, pues tampoco me apetecía. Empecé con muchos visuales y hacer conciertos por hacer a mi no me gustaba. Un concierto debe ser algo muy especial.

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