Dungen – Ta det lugnt (Sinnamon)

Ta det lugnt, tercer álbum de los suecos Dungen y primero en alcanzar cierta difusión internacional, luce en la cubierta una de esas pegatinas con citas textuales procedentes de la prensa especializada y globalizada. Lo presentan como “un clásico de la psicodelia moderna” y “el disco que los Stone Roses buscaban con Second coming. El semanario británico más hiperbólico también dice que a lo mejor estamos ante “la mejor banda del mundo”. Tal colección de alabanzas siempre potencia la difusión del grupo en cuestión y al mismo tiempo redobla los esfuerzos de los cazadores de bluffs. Pero lo primero que llama la atención al escuchar Ta det lugnt son sus cualidades atemporales y universales. A prueba de los caprichos puntuales de la prensa mayorista y de los reparos de los oyentes más escépticos. El segundo aspecto que llama la atención es que esté cantado íntegramente en sueco. De momento, nos conformaremos con saber que “ta det lugnt” significa algo así como “tómatelo con calma”.

De buenas a primeras, el disco que marcará la trayectoria futura de Dungen podría haberse grabado en 2005 o en 1967. En San Francisco o en Estocolmo. Remite por momentos a Cream y a los The Who de Sell Out, con pinceladas de Jimmy Hendrix y de Pink Floyd, presenta reminiscencias vocales de Neutral Milk Hotel y en realidad tiene algo en común con cualquier clásico que haya pisado el terreno del rock psicodélico, precisamente porque Ta det lugnt entra directamente en esa elite. No es una revisión, sino un nuevo eslabón en la cadena. Un eslabón todavía modesto a ojos de la historia, pero no por ello menos sólido.

Hay que alabar la decisión que tomó Gustav Esjtes, la cabeza pensante que hay tras Dungen, al renunciar de entrada a los samples. Aprendió a tocar todos los instrumentos que pudiera necesitar, incluyendo flautas y violines. Unido al destacado trabajo de Reine Fiske como guitarra solista y a media docena de colaboraciones, Ta det lugnt vuela alto y suena único sin necesidad de aspavientos electrónicos. Un parto natural y sin complicaciones. Un viaje fantástico en el que resulta casi imposible destacar alguna canción por encima de otra. No sólo por lo improbable que es recordar títulos en sueco como “Gjort bort sig” o “Sluta Fölka Efter”, sino por la arrolladora fuerza del conjunto. Podrías eliminar dos canciones al azar y el disco apenas se resentiría, pero ¿quién querría hacer algo así? Sus trece temas en 53 minutos están lejos de ser demasiados, a pesar de acercarse en algún tramo instrumental al peligroso ámbito del rock progresivo.

Ta det lugnt, con sus cientos de pequeños grandes momentos y melodías ácidas, es un alegato al rock, a la psicodelia, a las mentes musicales privilegiadas (la de Esjtes, en este caso) y a su capacidad para desbordar el mundo empírico. Eso es mucho más de lo que cabe en una pegatina. O en una crítica. Hay que escucharlo. Y tomárselo con calma.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.