Entrevista: Maria Arnal i Marcel Bagés

“En el disco hay un hilo común que es la memoria y cómo cada canción se relaciona con ella”

Tres años después de su primer concierto juntos, en el Carrer dels Pescadors, de la Barceloneta, Maria Arnal i Marcel Bagés publican su primer álbum de larga duración. Un disco, 45 Cerebros y 1 Corazón (Fina Estampa, 2017), con el que apuntalan su incipiente pero exitosa trayectoria. Unos inicios en el mundo de la música, llenos de premios y reconocimiento popular, en los que su obra se ha caracterizado por el compromiso con la transmisión de la música popular y la tradición oral de la península. Cançons de batre y canciones de duelo; jotas, y autores como Ovidi Montllor, Joan Brossa o Vicent Andrés Estellés, protagonistas del álbum.

Proyecto de guitarra y voz, entre su música también encontramos canciones de letra propia, como “Tú qué vienes a rondarme”, el primer sencillo del álbum. Un tema grabado junto a Grey Filastine, un músico norteamericano especializado en combinar sonidos tradicionales de todo el mundo y música electrónica, con quien comparten muchas amistades y redes del mundo del activismo barcelonés.

Conformado por siete inéditos y nuevas tomas de piezas como “Ball del Vetlatori”, rescatada de su autoeditado primer EP (Remescles, Acoples i Melismes), 45 cerebros y 1 corazón —cuyo título proviene de una letra que Maria escribió al leer la noticia del levantamiento de una fosa de la Guerra Civil en La Pedraja (Burgos)— es fruto de la química entre el dúo y su productor, David Soler. Un repertorio, mezcla perfecta de contenido y emoción, que bascula sobre un concepto fundamental: la memoria.

Hemos hablado con ellos acerca de este primer disco, de lo que recordamos y de lo que nos quieren hacer olvidar.

Tras dos EPs, publicáis vuestro primer álbum de larga duración. ¿Qué significa este paso en vuestra carrera?

Hasta ahora, lo que habíamos publicado eran fotografías del momento. En este disco, hemos hecho un trabajo previo porque queríamos que las canciones tuviesen mucho peso, pues sentíamos que igual que ha crecido el proyecto lo ha hecho la exigencia. Es la culminación de un proceso de dos años en los que nos han ido realmente muy bien las cosas.

El proyecto tiene solo dos años. Poco tiempo, pero suficiente para llegar incluso a confesar dificultades a la hora de identificaros con vuestros primeros trabajos.

Identificados sí que nos vemos, pero más ‘bebés’. Sentimos la distancia y, claro, no tiene ningún sentido enfocar las canciones que hacemos ahora desde la misma perspectiva. Hay una dedicación, una cotidianidad y una intención mucho más definida para fortalecer el proyecto y las canciones. Y eso se nota en el nuevo disco, aunque la recepción que han tenido los dos trabajos anteriores —sobre todo Verbena— ha superado absolutamente cualquier expectativa.

¿Qué novedades ha habido en el proceso de grabación?

Hemos trabajado con un grupo más grande y con David Soler como productor, que nos ha ayudado muchísimo. Él es experto en pedales y ambientes; por tanto, en esta línea, nos acercamos un poco hacia la electrónica.

En general, ¿cómo definiríais el sentido narrativo del disco?

Hay un hilo común que es la memoria y cómo cada canción se relaciona con ella, y hay un arco muy diferente que de alguna manera traza el camino que hemos recorrido en nuestros dos años de trayectoria. Hay canciones que tienen dos años y otras que tienen pocos meses.

El tema de la memoria está presente también en el primer sencillo, “Tú que vienes a rondarme”?

Es un tema en el que la memoria es la cosa más mágica. Gira sobre la idea de que todo es memoria, incluso la luz que nos llega y el cielo que vemos, y cómo la idea que tenemos del mundo fuera de la Tierra es también falsa, pues esa luz ya no existe en el lugar del que procede. A la vez, la canción habla de un enamoramiento y el hecho de llevarlo hasta ese rincón más galáctico.

En el tema aparece la electrónica de Grey Filastine. ¿Qué buscabais en esta colaboración?

Su música es muy percutiva y tiene mucha pegada, y el disco incorpora más elementos rítmicos. Además es muy cuidadoso con el sonido y la edición; muy exigente, y nos hemos entendido muy bien.

Por cierto, ¿dónde queréis situar la memoria?

En un lugar útil y comprometido con el presente. No en una vitrina. No en un museo. No en un lugar donde no se pueda tocar o un sitio conservador, sino en un lugar que ayude a abordar la vida; que ayude a abordar la muerte; que ayude a abordar el tabú; que ayude a abordar el dolor y el silencio…

Sin embargo, muchas veces tenemos la historia ante nosotros y no reparamos en ella.

Sí, totalmente. En el disco, trabajamos en la idea de las capas; en la idea de no elegir una época, una memoria o una historia, sino tener el espacio para poder ver todo, pues esta abertura después nos da una conciencia mucho más amplia de lo que ha de venir.

¿Qué sentís cuando el gobierno no destina un euro a la Memoria Histórica?

Ninguna sorpresa porque hay un silencio y un tabú muy fuerte. Más si mezclas la historia reciente con temas tan espinosos como la muerte en sí misma y la dictadura.

¿Qué pensáis que se tendría que hacer con símbolos como el Valle de los Caídos?

Creemos que debe haber una voluntad política de afrontar ese silencio, ese dolor y esa historia reciente que está enterrada metafóricamente ahí. Si no hay voluntad política, qué hay. Está claro que hay mucho debate, pues hay quien piensa que debería seguir allí como una muestra física y real de lo que fue, incluso para que no se olvide. Pero no es un debate fácil. Es un asunto muy complejo, que está cruzado por mil historias, y después se trata de un tema local.

En el disco, musicáis “La gent”, de Joan Brossa. ¿Pensáis como dice el poema que la gente no se da cuenta del poder que tiene?

Sin duda. Bueno, hay momentos de fuerza colectiva en la historia reciente. Por ejemplo, quién se iba a imaginar hace unos años que íbamos a tener una alcaldesa en Barcelona como la actual. No se lo hubiera imaginado ni ella misma. Así que estas cosas pueden pasar; es la esencia del movimiento Sí se puede. Talento hay por todos los sitios, es la cosa más común, y al final se trata de cómo canalizar el descontento y hacer el vínculo. Encontrar ese momento en el que eres capaz de hacer cosas imposibles porque tienes mucha gente detrás tuyo luchando por lo mismo que tú.

¿No creéis, sin embargo, que el poder cambia a la gente?

Está claro que no existe la pureza, ni en lo tradicional ni en la realidad. La idea es limpia, pero la realidad es siempre sucia. La realidad siempre ensucia la idea; por tanto, es un diálogo constante entre lo que quieres conseguir y las fichas que la realidad te da.

Hablemos un poco de los directos. El disco anterior lo presentasteis como una celebración colectiva. ¿La presentación del nuevo álbum seguirá el mismo camino?

Sí, no de la misma manera, pero también haremos cantar a la gente y ciertas cosas con el propósito de generar ese espacio en común. Ellos nos vienen a escuchar, pero nosotros estamos a su servicio para viajar todos juntos.

Esta semana, presentáis el disco en  Barcelona y Madrid. Debido a vuestro espíritu libre, ¿puede ser que una persona que vaya a veros a ambas ciudades se encuentre con dos conciertos completamente distintos?

Completamente, no. El repertorio será el mismo, pero la puesta en escena sí que será distinta. En Barcelona contaremos con la colaboración de David Soler, nuestro productor.

¿Qué podéis avanzarnos de los conciertos?

Cantaremos canciones de los dos EPs; pero también los temas nuevos, que no hemos tocado nunca. En cuanto al sonido, contaremos con algunos elementos más que en los anteriores conciertos. Más efectos, más guitarras, más pedales, más trabajo vocal…

¿Qué os parece que, en aspectos generales, haya quien encuentre un cierto paralelismo entre vuestro proyecto y el de Silvia Pérez Cruz con Refree?

Lo entendemos perfectamente, pero nuestra trayectoria vital y nuestra estética son tan absolutamente diferentes que no tenemos nada que ver con ellos. Silvia y Refree llevan a Javier Colina de artista invitado. Nosotros a Grey Filastine.

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