Entrevista: Robert Forster

“Es importante el ego, pero no del estrellato. Ego en el sentido de conciencia, de saber que estás haciendo canciones, que subes a un escenario y que hay gente que te puede estar escuchando”

El transcurso de una entrevista puede servir para acabar derivando en una auténtica conversación en la que las preguntas no supongan un anzuelo para hallar respuestas.

Quizás lo mejor de poder charlar con gente como Robert Forster sea el hecho de su evidente conocimiento de las reglas de comunicación con la prensa y de lo aburrido que puede suponer estar frente a las mismas preguntas y al mismo halo que parece encorsetar algunas de las maneras que envuelven estas faenas.

Por eso esta fue una conversación en la que pudimos hablar de su reciente y emocionante álbum Songs To Play, de muchas otras cosas, dejando que todo llegase por su propio hilo conductor. Un disco que estará presentando en nuestro país los próximos 13 y 14 de enero (Madrid y Barcelona)

Obviamente esto fue posible gracias a que él tiene mucho qué contar, sabe cómo y cuándo hacerlo. Así, cada minuto fue interesante e ilustrativo para conocer y comprender en la cercanía a un músico que, tanto en los inolvidables y notables The Go-Betweens, como en solitario se presenta con el talento como espejo. Un talento en el que la sencillez, que no simpleza, es crucial para sacar a la luz lo importante.

“Yo no soy como Brian Wilson, él se sienta y compone en el piano. Yo vengo de otra raíz, del punk rock de los setenta y empecé a componer con la guitarra. No es que yo hiciese punk rock, pero es de donde vengo”.

Pero mucha gente cree que hacer punk rock es algo muy sencillo. Tocar unos pocos acordes y ya.

Y no es así. No es tan sencillo. Los acordes pueden ser sencillos pues no son complicados, no son jazz. Pero lo que requiere cierta destreza es saber manejarlos. En mi caso, creo que gran parte de la música que me gusta y que hago tiene un punto minimalista. No soy alguien a quien le guste tener a quince músicos en el escenario. Prefiero trabajar con unos cuantos elementos. Un poco como los discos de Buddy Holly que suenan genial. O los de Chuck Berry o los primeros de The Beatles. Algo directo.

Has hablado de Buddy Holly y Chuck Berry, ambos con una línea melódica muy potente, sabían cómo repartir muchos detalles en unos pocos acordes. También me viene a la cabeza alguien como Ricky Nelson. Da la sensación de que algo similar ocurre contigo.

Por supuesto, adoro a Ricky Nelson. Creo que ellos sabían dar espacio a las partes melódicas cuando hacía falta. Por eso no requerían más. Eso es algo admirable. Yo puedo tocar algo de piano, pero no se tocar violín ni trompeta. Hay algunos músicos que han colaborado en mi disco que pueden tocar varios instrumentos pero no se trataba de eso. No en mi música. Para mi las letras son importantes, y para que puedan crecer dentro de la canción necesitan espacio.

Es que, además, una letra en una canción es también sonido y requiere su espacio.

Sí, sí. Si tu das información en una canción debes procurar saber dar esa información. No puedes inundar la canción, ni con letra ni con sonido.

Y, cuando estás componiendo, ¿cómo te puedes asegurar de que ese sonido está diciendo lo que tus ideas quieren expresar?

Primero escribo la música. Y es el sentimiento que me proporciona esa música el que me hace escribir la letra. Cuando escribí, por ejemplo, He Lives My Life, sabía que en esa cadencia tan suave tenía que contar una historia determinada. En una canción tienes que tener tiempo para contar una historia y transmitir un sentimiento.

¿Y te reconoces como compositor cuando escuchas tus canciones o te sorprende escuchar lo sale?

Es interesante escribir canciones porque, en mi caso, para esta ocasión he estado como cinco años en silencio, entonces muchas de las canciones que compuse sólo las he escuchado yo. Durante un buen tiempo ha sido así. Nadie más, excepto yo. Bueno, además de mi esposa y mis hijos. Entonces puedo verme en todo ese proceso. Y es algo muy bonito el poder tener canciones que te pertenecen. Cuando las grabas ya pasan a ser parte de las personas.

Entonces, ¿cabe la posibilidad de que, al hacerlo, una canción pueda hacerte sentir desnudo?

Bueno, depende de cómo mires mis canciones. Mis canciones son autobiográficas pues son reales para mi, pero no necesariamente son cosas que salen mi corazón como parte de experiencias vividas. De algún modo pueden estar cerca de la poesía, de la creación de personajes a los que les ocurren cosas. Aunque también, a veces, es una mezcla de cosas mías dentro de una historia. Hay muchos compositores que cantan sus problemas, escuchas sus canciones y te enteras de todo lo que les pasa. Yo no quiero escuchar un disco en el que cada canción hable de lo mismo y de los mismos problemas.

Pero en el pop parece haber una tendencia a caer en algunos lugares comunes que se supone que son sentimentales o trascendentales.

Es que es parte de un condicionamiento. Mira, si tocas en un grupo de hard rock se supone que es fácil asociarlo a llevar tatuajes y cosas así. Y puede que acabes cantando cosas determinadas porque es parte de lo que se supone que abunda en ese estilo y porque es parte de lo que su público espera. Yo no soy así. Soy un tipo amable…

Hablando de cómo eres, ¿cómo te ves a ti mismo en videos o en fotos? Lo digo porque tienes una manera muy distintiva de salir en ellos en la que, parece haber bastante sentido del humor.

Es verdad. Es algo que va conmigo desde hace treinta o treinta y cinco años. Está en lo que soy y en canciones como Lee Remick o Karen. Es mi forma de ser. Pero no siento que sea irónico. No me siento cómico. Un ejemplo puede ser Woody Allen, puede hacer comedias pero en ellas mete más cosas que se mezclan. Eso es algo que también me pasa.

Y en el otro extremo está confundir la melancolía con la tristeza.

Sí, para mi alguien que sabía muy bien manejar ese elemento de melancolía era Grant McLennan, mi amigo en The Go-Betweens. Era más melancólico que yo y sabía cómo sacar esa parte de su personalidad y convertirla en canción, en arte.

¿Te es raro ver a los músicos de tu banda tocando canciones que has compuesto en tu casa?

No, para mi es un placer. Cuando trabajas con otros músicos buscas pasar un buen momento y comprender lo que se hace. Nuestro primer ensayo fue en mi casa, eso hizo que todo fuese más sencillo, más cotidiano.

Pero, imagino, que en el proceso de grabación es difícil llegar al estudio con la canción avanzada y tener que tener cierto control frente a la creatividad de los músicos que quieren aportar algo.

Esta es una cuestión muy interesante. Creo que debes dejar que los músicos se sientan cómodos y que sientan la canción para encontrar posibilidades. Entonces, con la confianza del trabajo, pude decir cual era una buena idea y cual no. Qué cosa funcionaba y que no. Tienes que tomar decisiones. Esto pasaba con Scott Bromley y Luke McDonald, que tienen una banda llamada The John Steel Singers. Aportaban muchísimas ideas y tenía que saber decir sí o no. Tienes que encontrar un buen sentimiento en lo que haces y saber transmitirlo. Estoy contento de haber trabajado con gente buena.

Trabajar con gente con la que sintonizas ayuda mucho para que las canciones tengan su propio pulso.

Definitivamente. Mira, son mis canciones, se cómo quiero que suenen, pero me gusta que haya más ideas y me gusta que esas ideas me hagan pensar y sentir. No me gustan los artistas de una única idea.

¿Y crees que es importante tener algo de ego para crear?

Sí, sí, sí. Pero no en el ego del estrellato. Ego en el sentido de conciencia, de saber que estás haciendo canciones, que subes a un escenario, que hay gente que te puede estar escuchando y a la que le puede importar lo que haces. Pero esto tiene va más allá de cualquier cosa. Se aplica a cualquier parte de la vida. Como si estuvieses en una oficina donde debes tomar decisiones para los demás. Cuando la vida se muestra ante los demás el ego destaca más, pero repito, no como una cuestión de apariencia.

¿Y la imagen?

Es muy importante para el rock’n’roll. Mira a Elvis, Chuck Berry o Little Richard. Había imagen y música. Cuando Little Richard canta Tutti Frutti todo va más allá de cómo viste y de lo que parece. Pero esa imagen contribuye y depende de cómo seas que sea algo que te levante hasta el cielo. Si ves a Miley Cyrus o Nicki Minaj puedes ver esa importancia de la imagen, aunque cada quien la lleve a un terreno que conoce o que le preparan. Tienes que ser especial para que haya esa luz.

Claro, es así, pero también ese punto especial al que te refieres, cuando los detalles parecen condimentos de algo mayor, de un lenguaje implícito, como en el soul, con gente como Marvin Gaye o Gene McDaniels, con esos bailes y sus trajes…

¡Eran sorprendentes! Todo eso daba más poder a las canciones y lo hacía más mágico. Es la parte bonita del negocio del espectáculo. Frank Sinatra lo hacía con su estilo.

Todo esto es lo que hace soñar a un fan. Como tal, ¿cómo eras cuando eras adolescente?

Yo quería ser como John Fogerty de la Credence Clearwater Revival. Con diez u once años no paraba de escuchar canciones como Bad Moon Rising, Have You Ever Seen The Rain, Proud Mary o Who’ll Stop The Rain. Escucharle cantando por la radio era sorprendente. Tenía una voz muy potente.

Con toda tu trayectoria, ¿cómo sientes tu relación con la música?

Según me voy haciendo más viejo voy leyendo más. Leo poesía, no mucha ficción. Sigo amando la música, pero ahora encuentro más cosas que me complementan.

Esto me trae a la mente algunas fotos de The Go-Betweens en las que salíais en actitud como despreocupada leyendo y con algunos libros por ahí.

Sí, es que empezamos como estudiantes en la universidad y todo lo que leíamos y estudiamos estaba ahí. Como nuestra amistad. Por eso fue fácil pasar de la palabra a la música. Eso es lo que hicimos.

¿Crees en el éxito?

Sí, creo que sí. Esto es muy interesante. Voy a hablarte de dos tipos de éxito, del artístico y del financiero. Estoy tratando de combinarlo y se que no se me ha dado muy bien en algunas ocasiones. Pero ¿sabes? Hago lo que quiero hacer. Hay gente que tiene dinero para vivir, yo hago lo que quiero y puedo disponer de dinero que gano por lo que hago.

¿Has tenido que pagar un precio para poder vivir de lo que te gusta?

Sí, desde muy joven supe que no podía trabajar de 9 a 5. Ha sido un proceso muy lento. En mi caso, al conocer a Grant todo tuvo más fuerza pues ya éramos dos los que no queríamos eso, un trabajo así. Porque queríamos hacer esto. Ser nosotros apoyándonos en nuestra amistad.

¿Te imaginas a ti mismo algún día como un crooner?

No, es divertido pero no. Se a qué te refieres. Quizás me convierta en alguien más romántico. No tengo la voz de un crooner. Pero… pensándolo bien… ¿por qué no?

 

 

 

 

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