Entrevista: The Surfin Burritos

Cuando escribo, me resuenan muchas otras voces, hasta algunas que ni siquiera me gustan y que ahí están, dentro de mí. Pero nunca es algo buscado, sino que está en el ADN musical de cada uno

Dicen que todo tiempo pasado fue mejor, y pese a lo cliché y manido de la sentencia (además de a la probada falta de rigor científico tras ella) se hace difícil justificarles lo contrario a tipos como the Surfin Burritos, que ya han amaestrado a la fiera que es traerse no sólo la música del pasado, sino también su energía orgánica e incomparable, hasta nuestros tiempos electrónicos y distópicos. Ese buen rock & roll recién nacido de los años cincuenta y su antecesor directo, el rhythm & blues; el surf, el freak beat o hasta el power pop y la new wave de los ochenta… Los sonidos de mediados del siglo XX poseen una mística especial, pero hay algo que únicamente el aquí y ahora permiten: la satisfacción de tener un repertorio propio.

De eso se dieron cuenta The Surfin Burritos cuando decidieron lanzar su homónimo álbum debut libre de versiones, y nos hemos reunido con Daniel Antebi, vocalista y bajista de la banda, para que nos cuente cómo es que les ha llevado tantos años llegar a dicha conclusión. 

A ver, Daniel, cuéntame; ¿por qué habéis tardado tanto en lanzaros a la composición? ¿Qué os frenaba? ¿Cuál ha sido el punto de inflexión a partir del cual las versiones de las Ronettes ya no eran suficientes?

Es una pregunta muy buena y muy difícil de contestar… Yo soy el que compone las canciones en el grupo, y estuve muchos años desvinculado completamente de la música hasta que, un buen día, me di cuenta de que no podía permitirme el no tocar porque formaba parte de lo que soy. Entonces se me ocurrió que la mejor manera de subsanar esto era montar un grupo de versiones, como quien va al parque a jugar al futbol con sus amigos. Y lo que sucede a partir de ahí es que se van recuperando facultades, hay buen entendimiento entre la gente y empiezan a salir actuaciones porque lo que hacemos gusta. Tocamos en muchos saraos gracias a que cargamos con un repertorio muy festivo, de clásicos del rock & roll, como Elvis, Chuck Berry, Jerry Lee Lewis, Beatles, Ramones, Siniestro Total, las Ronettes… Todo ello con un toque punki. Hasta nos empiezan a llamar de sitios que no suelen interesarse por grupos de covers: festivales en Francia, en País Vasco, en Madrid…

Un amigo nuestro guitarrista, de hecho, nos retrató muy bien, diciendo que éramos un grupo peligroso porque las veces que habíamos tocado en fiestas, ¡siempre había gente que se acababa pegando! [Risas]

Y a partir de ahí, como todo funcionaba y teníamos nuestras actuaciones y ensayos, uno se deja llevar y se encasilla. Sin embargo, yo de jovencillo sí tenía un grupo en el que componía [Los Danieles] y, está mal que lo diga yo, ¡pero se me daba bastante bien! [Risas] Por cosas que pasan y que no tienen otra explicación más que la de que uno es tonto a veces, dejé de componer totalmente durante años.

Mucho tiempo después, de tanto en cuando, escuchaba aquello que había escrito y guardado y pensaba, “oye, ¡esto está bien!”, para, seguidamente volver a guardarlo… Hasta que un día se me ocurrió decirles a los del grupo que quería enseñarles lo que había compuesto para que me ayudaran a darle forma y, para mi grata sorpresa, ¡les encantó! Y no sólo eso, sino que fue relativamente fácil montar los temas; cada uno, intuitivamente, sabía muy bien cómo aportar lo suyo (el tipo de ritmos, de solos, de coros…).

Total, que nos encontramos con 15 temas propios para intercalar con las versiones en los directos hasta que se nos ocurrió que igual podíamos grabarlos. ¡Y aquí me tienes! Después de tantos años sin haber compuesto ni grabado nada, estamos sacando nuestro primer álbum.

¡Vaya una historia! Es decir que, entonces, al menos por tu parte, la intención última era componer y formar parte de una banda con temas propios, y lo del grupo de versiones surgió por supervivencia o inercia, ¿no?

Sí, lo empezamos por cubrir la necesidad de estar en activo, y como nos iban saliendo bolos, nos conformábamos con lo que iba viniendo. Pero llega un punto en el que te dices a ti mismo, “a ver; si tengo un buen material, ¿por qué no darlo a conocer a los demás, a ver qué opinan?” Y, por suerte, opinaron también que era bueno [Risas]. 

¿O sea que vais flechados en la dirección de ser un grupo de temas propios, ya no os veis como cover band? ¿Es un no retorno ésto? ¿O le seguís viendo algún tipo de encanto a versionar a otros artistas?

¡Por supuesto! Versionar tiene muchísimo encanto; es muy bonito tocar para la gente esas canciones que conocen de toda la vida, y que, además, aciertes más o menos en la manera de hacerlo para que les guste. Pero claro, tocar temas propios tiene otro tipo de encanto que el versionar no tiene, y que es esa especie de satisfacción que sientes al saber que algo que has hecho tú agrada a otros y te diferencia de los demás, te otorga una personalidad especial.

Por otra parte, también hemos tenido mucha suerte al dar el paso de combinar temas nuestros con versiones y que el público lo reciba bien. Obviamente, no causa la misma reacción tocar una de nuestras canciones que una de los Beatles que cualquiera conoce desde siempre, pero poco a poco las van recibiendo cada vez mejor.Por lo cual, asumo que, después de éste disco debut, ¿va a haber un siguiente? ¿Vais sin freno de aquí en adelante?

¡Sí, claro! ¡Ya lo estamos preparando!

Pues estupendo, oye, ¡adelante y sin parar! Pero volviendo a centrarnos en éste homónimo The Surfin Burritos, y de cara al proceso de composición y grabación del mismo; a parte de los géneros y referencias que pueden parecer obvios, dado que procedéis del mundo de la versión y se sobreentiende que versionáis a los grupos que más os molan, ¿en qué otra música os habéis inspirado para componer estos nuevos temas vuestros? ¿Hay algún grupo o músico que parezca imposible, o que no tenga nada que ver con vuestro rollo, pero que os fascine y hasta os haya dado la chispa adecuada para escribir algo?

Es muy difícil de decir porque la inspiración, cuando es “inspiración” verdadera, es una suerte de aparición en la cabeza de una melodía, por ejemplo. Así que señalar en quién te has inspirado para que suceda eso… Seguramente, en todos y en ninguno. Uno va escuchando música que le gusta durante años y años, y toda esa memoria va asentando un poso. Hasta que una noche, te despiertas a las 4 de la madrugada con algo sonándote en la cabeza y lo primero que haces es intentar averiguar si no es de otro [Risas]. Una vez te aseguras de que no, de que eso lo ha montado tu mente a saber cómo, comienzas a estirar del hilo para ver cómo continuaría; qué letra pide, qué palabras… Lo más curioso es que vas añadiendo elementos a voleo, pero cuando te escuchas más tarde tras haberte grabado (estas cosas, cuando se te aparecen así, hay que grabarlas, porque si no, se olvidan rápidamente), entiendes cómo unas palabras escogidas al azar dan pistas de hacia dónde debe mirar una letra.

Por lo tanto, la inspiración, al final, debe de ser eso. Si no, la alternativa es sentarse con el propósito consciente de escribir una canción igual o parecida a como las hace Fulano de tal. Y yo no funciono así. Hasta los del grupo a veces me dicen, “¿por qué no compones una más como ésta última que me mola un montón?”, y yo les digo, “¡Porque lo que toca, toca!” [Risas]. Es todo un misterio.

Tú lo compones absolutamente todo: letras, melodía…

Básicamente sí, aunque en algunas canciones me ayudan los compañeros a ordenar y agregar partes, o contribuyen aportando algún elemento.

Y me decías que no te inspiras en ningún artista en concreto…

¡Ojo! Me inspiro en todos y en nadie, como te respondía antes. Evidentemente, cuando escribo, me resuenan muchas otras voces, hasta algunas que ni siquiera me gustan pero que ahí están, dentro de mí, porque las escuchaba de pequeño o algo parecido… Un trozo de suena a Johnny Cash, otro a Roy Orbison, otro a según qué grupo de garage, a los Rolling, los Ramones… Pero que nunca es algo que se busca, sino que está en el ADN musical de cada uno.

¿Y no se te ha pegado nunca algún álbum que estuvieras, por casualidad, escuchando muy a menudo durante la época en la que componías?

Eso también funciona, sí. Cuando te dan consejos acerca de cómo empezar a componer, se dice que es bueno escuchar algo que te esté gustando mucho y luego ponerte a tocar. Es muy posible que, como resultado, lo que te salga se parezca en algo a aquello que oías. Pero realmente no es un método que yo utilice.

 Aun así, tiene que existir esa banda en particular o ese momento de catarsis que te hizo decidir que tú también querías dedicarte a esto de la música y del rock & roll. ¿Te acuerdas de cuál fue, en tu caso?

Para mí hay dos pilares fundamentales, entre mis referencias: primero fueron los Beatles, desde muy pequeño, y el otro fueron los Ramones, ya de adolescente (quienes, de hecho, tienen muchísimas raíces beatlianas). Y a partir de ambos, todo lo que se pueda poner alrededor. Porque a mí me atraen muchos estilos distintos, pero ni se tiene la capacidad de tocarlos todos, ni sería coherente intercalar de repente una bossa nova, ¡por ejemplo! [Risas]

Luego también caes en etapas en las que escuchas mucho a una banda en concreto. A mí me dio por los Beach Boys y por Rockpile, que fueron un supergrupo relativamente desconocido de finales de los setenta, integrado por Nick Lowe y Dave Edmunds, y con muchas influencias de los sesenta. En el fondo, y por mucho que a algunos les cueste admitirlo, todos acabamos influenciándonos de las mismas grandes bandas del siglo XX.

Efectivamente, es muy difícil escapar del radar de muchos de estos músicos icónicos procedentes de los 1950s y 1960s en los que mayormente os movéis tan a gusto, como el garage, el surf, el freak beat, o incluso el power pop.

Nos movemos sobre todo alrededor de los 1950s, 1960s, algo de los 1970s e incluso de principios de los 1980s, ¿por qué no? La new wave, con Blondie, Pretenders, y muchas agrupaciones que recuperaban la brevedad y los estribillos resultones, con toques sesenteros. Y, de hecho, escuchamos mucho material actual; ¡lo que pasa es que también se basan en las mismas raíces! Richard Hawley es uno que recomiendo muchísimo; hace cosa de 5 años, puso de moda las baladas de tipo Cash y Orbison. Kurt Baker es otro, un americano que vive en Madrid y que parece un Elvis Costello jovencito.

¿Qué crees tú que tiene esta época y los géneros de rock que pertenecen a ella que tiende a mitificarse y ensalzarse tanto, y que sigue captando adeptos como pocos estilos contemporáneos?

No sabría exactamente qué contestarte, pero sí está claro que tiene algo y que hay una escena que sigue muy fielmente estos estilos y ésta estética. Pero en esencia, es simplemente el rollo que nos gusta y que queremos practicar; no nos vamos a esforzar en sonar modernos ni actuales. La única preocupación importante que nos ocupa es hacer buenas canciones, y que se refleja que hay honestidad en ese trabajo que hagamos.

Obviamente, y por mucho que os guste lo que tocáis, sigue sin ser el género imperante o el más popular, en los tiempos que corren, que talvez sería el hip hop, o la electrónica…

 ¡O el reggaeton!

O el reggaeton, efectivamente. Quiero decir, que el máximo apogeo del rock de los cincuenta y sesenta quedó ya muy atrás.

Por supuesto, ¡no se discute que lo que hacemos los Surfin Burritos no tiene nada que ver con el reggaeton! [Risas

¿Y por qué os sigue pareciendo necesario u os apetece tanto seguir reivindicando una serie de géneros cuyo momentum pasó?

¡No, es que no es necesario! Es sólo que nosotros tenemos la necesidad de tocar estos géneros. Muchos otros antes han dejada clara la belleza de éste tipo de estilos, ¡no hace falta que vengamos a reivindicarlos, en absoluto! La necesidad es completamente nuestra, ¡lo hacemos por nosotros! Me gusta crear, componer y sonar así.

Es muy noble tu postura, porque hay músicos que opinan que deben enfocarse en géneros del pasado porque desprecian lo que se hace ahora.

¡Ah, no no, nada que ver! Entiendo que hay estilos y gente haciendo cosas buenísimas hoy en día. Pero, por una cuestión puramente estética, tiendes hacia un lado más que hacia otro, o te tiran más un tipo de armonías, de melodías, de maneras de cantar… Y ya está, ¡así de simple! Por suerte, la música es amplísima, casi inabarcable, y cada uno puede decantarse por lo que más le llame. A nosotros, nos ha llamado esto por encima de todo lo demás; es lo que nos dicta el alma (por mucho que luego difícilmente dé para ganarse la vida, por desgracia).

Insisto es que es muy humilde que pienses así, porque sí que puede existir gente que piense que una banda como la vuestra es, de hecho, necesaria; sin ir más lejos, algún fan vuestro.

Sí que hay seguidores que te agradecen mucho lo que haces porque les llega y les hace sentir cosas, les entretiene o hace pasar un buen rato… Y eso es lo que al final del día también nos llevamos; ver caras sonrientes mientras tocamos nuestros temas, que es algo que no tiene precio.

Y si pudieras meterte en una máquina del tiempo y viajar hasta los Estados Unidos del “American Graffiti” para llevar tu música, que tendría mucha más aceptación y con la que seguramente tendrías muchas más posibilidades de ganarte la vida, ¿lo harías?

Hombre… Tampoco es que me haga falta porque, por suerte, me gano la vida con otras cosas que, aunque no son tan emocionantes, me gustan mucho. Supongo que sí, otro gallo cantaría en aquella época, aunque tampoco sería seguro; ¡no todo el mundo triunfaba en esos tiempos! Intuyo que alguna de nuestras canciones podría haber tenido algún tipo de repercusión entonces, ¿por qué no?

Aunque también es verdad que, para llegar a poder escribir las canciones que escribo hoy, he tenido que estudiar mucho a todos esos grupos de los cincuenta y sesenta a los que admiro, cosa que no hubiera tenido la oportunidad de hacer si hubiera pertenecido aquellas décadas… ¡Quién sabe!

Oye, y como comentábamos superficialmente hace un rato, los cuatro formáis un supergrupo que amalgama a músicos procedentes de otras bandas catalanas de cierta reputación, como son los ya míticos Tiki Phantoms, Los Danieles o Uncle Williams.

Así es, sí. Los Danieles fueron una banda muy oscura de principios de los ochenta en la que yo empecé a componer y que dejé por cosas de ser tonto y joven, como comentaba antes. Pero mira, ¡se dice que nunca es tarde y parece que en éste caso es cierto!

¿Y qué te traes tú de los Danieles a los Surfin Burritos?

De los Danieles me traigo la capacidad de hacer canciones con cara y ojos, digamos, que tengan una melodía, un buen estribillo… También me traigo las guitarras con nervio que ya cultivábamos en esos años, y las ganas de hacer temas pegadizos con un punto entre el rock y el power pop, o sesenteras pero con un punto más guerrero y contundente.

Luego tenemos un guitarra de los Tiki Phantoms [Kike], así que, obviamente, arrastramos un sonido algo surfero y un sentido del espectáculo innato porque, aunque Kike ya no lleve máscara, sigue siendo todo un showman, además de un profesional que aporta las nociones acerca de cómo estructurar un tema y hacer que suene como es debido.

Y por el otro lado está Gabriel, que al venir de una formación de rockabilly clásico [Uncle Williams], tiene una técnica espectacular que ha contribuido a que logremos un sonido bastante sólido y unos juegos vocales muy conseguidos. Yo suelo ser la voz principal de los temas, pero Gabriel se marca unos coros muy bien hechos.

También Miguel, el batería, procede de una banda sesentera que le infunde un desparpajo y una energía muy oportunas para el estilo que hacemos. Es una buena combinación de músicos, en resumen.

Me imagino por vuestros orígenes que os consideráis una banda más de directo que de estudio, ¿no?

Creo que en directo nos desenvolvemos bien y tocamos cada vez mejor; se aprecia si se compara con algunos vídeos que corren por YouTube de hace años y que dan un poco de vergüenza… [Risas] Pero hemos aprendido a disfrutar del estudio, también; la verdad es que nos ha encantado la experiencia. Además, grabamos con el consejo y la producción de José Luís Pérez, que es una figura algo mítica dentro del pop español porque formó parte de El Último de la Fila, así como de los Rápidos y los Burros, que fueron los grupos anteriores a El Último de la Fila, con Manolo García. Es un guitarrista de talento inmenso que nos ayudó mucho a ordenar el material, grabarlo de forma inteligible, ¡e incluso tocó en algún tema!

¿Habemus ya algún tema favorito en el The Surfin Burritos?

 Es complicado decidirse… Como los tengo tan oídos últimamente, ¡me gustan todos! 

Bueno, ¡pues uno que te guste un poco más!

Va cambiando, pero ahora mismo te diría uno que se llama “The Letter”, que es una canción aparentemente muy inocentona, sesentera, con coros muy bonitos a dos voces… Y que amaga una letra con cierta ironía y humor negro.

Y, ya por último, aunque no por ello menos importante, y como Nardwuar the Human Serviette (grandísimo periodista musical canadiense) siempre pregunta al final de sus entrevistas; ¿por qué debería a la gente importarle the Surfin Burritos? 

Pues quizás porque somos un grupo que trae sonidos del pasado al presente, cosa que no muchos por ahí están haciendo o consiguen hacer, y que permite experimentar y disfrutar (sobre todo en directo) con una manera de hacer música que cada vez se practica menos. Es algo que se agradece mucho; que se recuperen y revivan ciertos géneros.

¡Se me ocurren pocas razones mejores para que a la gente le importe un grupo, sí señor!

 

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