Entrevista: Xoel López

Yo uso la música o la escritura como una especie de medicina. O una caricia, más bien, porque realmente no sé si hay una enfermedad

Xoel López no se condece ni un minuto de descanso: tras casi dos años presentando Paramales, todo un paseo sonoro por la naturaleza más salvaje donde habitan los animales más exóticos de la Tierra, lleno de melodías para escapar y letras en las que quedarnos, ya se encuentra en el estudio grabando lo que será su nuevo disco y puliendo los últimos detalles de un libro de poemas que prácticamente va camino de la imprenta. Además, en pocos días participa en el festival Cultura Inquieta que tendrá lugar en Getafe (Madrid).

Hemos tenido la oportunidad de charlar un rato con él para repasar su trayectoria y vislumbrar su futuro más próximo.

Entre tus influencias musicales se puede percibir la música gallega, la anglosajona, tu larga estancia en Sudamérica… ¿Qué vamos a poder encontrar en este nuevo disco que te encuentras grabando? ¿Va a ser tan mestizo como Atlántico o Paramales?

Uff… Es que no sé si puedo hablar del disco porque lo estoy haciendo. No me atrevo a definirlo todavía porque está todo en el aire, no hay nada concreto ni asentado, pero te puedo decir de dónde partimos. Partimos de un lugar aperturista, como siempre, de mezcla y de diversidad, que es como yo concibo la música desde siempre, aunque quizás ahora todavía más porque se van juntando un montón de influencias y de estilos, y, si te digo la verdad, ya no sé qué es qué; lo que siento es que se diluye todo y forma un crisol donde todo se mezcla. Cada vez me cuesta más definirlo, además, como todavía no está definido… Sí te puedo decir que las canciones son variadas y creo que el resultado va a ser ecléctico.

¿Cuánto tiempo de vida tienen las canciones que van a formar parte de este nuevo trabajo? ¿Son todas nuevas o hay algún descarte de discos anteriores?

Las canciones son todas nuevas. Estuvimos trabajando sobre doce y ya hemos descartado dos, por lo que, en principio, probablemente el disco sea de diez canciones.

Hay un estribillo que es de hace muchos años y, a modo de Frankenstein, junté una pieza nueva con una antigua e hice la canción, pero el resto es cien por cien nuevo.

Hemos podido saber a través de lo que has ido compartiendo en redes sociales que la grabación se está llevando a cabo en los Estudios Reno de Madrid bajo la producción de Ángel Luján, al igual que tu anterior disco Paramales, ¿por qué te has decantado de nuevo esta opción?

Por el buen resultado, la buena conexión y porque creía que podíamos dar un paso más. En el disco anterior a Ángel lo llamé a mitad de proceso y entró un poco para la etapa final. El disco ya estaba bastante encaminado, y aunque fue pieza fundamental, me apetecía hacer un disco desde cero con él. Y ahí estamos, duramente trabajando los dos codo con codo con la producción y los arreglos.

Además de estar trabajando en el nuevo disco, estás escribiendo un libro de poemas. ¿Cómo surge la necesidad de expresarte en un formato distinto a las canciones?

Es algo que me proponen y que me parece bien. Al principio no supe responder claramente. Escribo canciones y una especie de poemas, también, y me tuve que plantear si eso podía ser un libro. Al final, esta semana, es decir, dos años después, les he entregado el libro. Así que, tras las posibles correcciones, ya estaría listo para editar. Me imagino que para después de verano habrá libro y disco.

¿Qué tiene Xoel López de ese “joven poeta que no puede dormir”? ¿Has pasado muchas noches en vela tratando de dar con el verso perfecto o eres más metódico a la hora de escribir poemas o componer canciones?

(Risas) Yo creo que mi búsqueda es más emocional. Si alguna vez me sentí un poco atascado, tuvo que ver con no encontrar el modo de expresar bien lo que estaba sintiendo. Siempre trato de desanudar las cosas. Pero sí, en algún momento me he quedado hasta altas horas de la noche porque no encontraba la manera o la salida a lo que me estaba pasando. Muchas veces a través de la escritura o la composición de canciones uno se libera un poco y desanuda esos pequeños conflictos o problemas. Yo uso la música o la escritura como una especie de medicina. (Pausa) O una caricia, más bien, porque realmente no sé si hay una enfermedad. Yo creo que es algo positivo que me gusta hacer y que a veces me salva y a veces, me hace bien.

Y bueno, volviendo un poco al libro, de tus influencias literarias, ¿cuáles podrías destacar?

Músicos, algunas canciones, algún poeta por ahí perdido de mi infancia que mi madre me enseñaba, tipo Lorca, Alberti o Machado, mucha Generación Beat… Y luego, mil cosas que leo diariamente que ya no sé ni lo que son. Pero sobre todo muchas canciones. Al final tengo más influencia de los cancionistas, de los letristas, que de los propios poetas. Y también la gente, los países, el castellano de Argentina, el castellano de Galicia, el gallego, el castellano de Madrid, los viajes, las palabras que vas descubriendo, las expresiones nuevas, probablemente, hasta las redes sociales me pueden influir… Todo eso conforma mi imaginario.

En 2009, tras dar por finalizada la etapa de Deluxe, decidiste irte a vivir a Argentina. ¿Cómo fue pasar de tocar en salas y teatros grandes a volver a tener que ganarte poco a poco al público en espacios más pequeños?

Con mucha humildad y mucho empeño. Al final creo que eso es algo que siempre es sano hacer. Te enseña, te resitúa, te coloca y te nutre. Uno crece más en esas circunstancias a nivel artístico. A veces está bien ponértelo un poquito difícil, aunque sin tener que llegar a pasarlo mal tampoco.

Lo que aprendiste musicalmente allí decidiste mostrarlo a través de La Caravana Americana. ¿Qué significó para ti ese proyecto que tendió puentes entre España y América?

Para mí fue el proyecto que visibilizó mi experiencia. Era una forma de ponerle cuerpo, caras, y canciones a la experiencia que había tenido en ese año y medio que llevaba viajando por las Américas. Quería mostrárselo al público de aquí, y por eso traje a toda esa gente de diferentes países a hacer La Caravana Americana. Nos enriqueció mucho. Yo aprendí de un montón de formas de hacer música y de gente con diferentes conceptos de las cosas, pero que tenía un elemento común, que era la canción.

Y en lo personal, ¿qué enseñanzas te trajiste de vuelta cuatro años más tarde?

A nivel personal mi experiencia fue bonita porque me pude dedicar plenamente a la vida y a la música de una forma mucho más distendida. Luego, cuando uno entra en la rueda de gira y promoción parece que todo es un poquito más estructurado. Yo realmente fui allí a vivir un poco la bohemia. Fue una época idílica, en ese sentido. Pero la realidad aprieta y eso fue algo que pude hacer, por suerte, temporalmente. Aunque me quedo con esa sensación de libertad, el haber cambiado de nombre, el haber hecho canciones con unas influencias nuevas y un estilo diferente… Apostar por los sueños de uno y por lo que te pide el cuerpo en cada momento artísticamente creo que también tiene su recompensa. Y digo artísticamente porque en mi caso lo artístico y lo personal está muy ligado, y a veces no sé ni dónde está la frontera.

En la música, como en otros muchos sectores, hay mucha más presencia masculina. De hecho, si echamos un vistazo a los carteles de los festivales observamos los nombres de muy pocas mujeres. En varias ocasiones te has declarado feminista, ¿qué crees que se debería hacer desde las instituciones públicas, las empresas y por parte de los músicos para conseguir la paridad?

Aunque han pasado pocas mujeres por mi banda, yo siempre he intentado que hubiese, pero no hay mucha oferta. Frente a veinte bajistas, tienes una bajista, y frente a cuarenta baterías, hay una baterista, que encima, generalmente tiene ya proyecto y ni siquiera es una opción. En Argentina hay muchas mujeres músicas, cosa que me sorprende, ya que Argentina, al igual que España y que todos, es un país machista. No tengo una teoría al respecto de por qué esto es así, pero sí que hace relativamente lo poco lo pensaba. Porque no es que Argentina sea un país menos machista. Quizás por la vida del músico, por el hecho de tener que estar mucho fuera de casa, es un trabajo que han elegido más los hombres, aunque siempre esto derive de un machismo. En una sociedad igualitaria habría tantas hombres como mujeres. Desde luego, nadie duda de que a nivel de talento y creatividad no haya diferencia, pero parece que la sociedad machista en la que vivimos conduce a que los hombres sean los que se pueden expresar artísticamente y dedicarse plenamente a su trabajo, y a la mujer le toca estar relegada a un segundo plano. Yo, desde luego, que todo lo que se me vaya ocurriendo y vaya pudiendo hacer en este sentido, lo voy a hacer.

A diferencia de muchos artistas, no reniegas de tus proyectos anteriores. Es más, en los siete conciertos que vas a dar este verano vas a repasar tu trayectoria desde 2001 hasta Paramales. ¿Tienes ganas?

Son siete conciertos y es algo puntual. No sé si me instalaría ahora en esto, porque estoy grabando el disco nuevo y pensando en el futuro, pero como parada ocasional sí me apetece. Pero bueno, sí, en algún momento incluso también me gustaría hacer un repaso más profundo de toda mi carrera porque creo que de vez en cuando hay que echar la vista atrás y hacer recuento. Como tú bien dices, en mi caso yo sí que me siento en armonía, aunque el pasado es pasado y lo vea a veces un poco lejano.

Y ya para acabar, vas a estar en festivales como el Cultura Inquieta, el BBK o el Sonorama, ¿qué es lo que más y lo que menos te atrae de tocar en festivales?

Muchos festivales los he visto crecer. En el caso del Sonorama, por ejemplo, yo empecé a tocar muy prontito, en 2001 creo que fue la primera vez, y es un festival que lleva, si no me equivoco, desde el 97. Para mí es como volver a un lugar que es parte de mi historia, de mi vida; tiene algo mágico. Cada festival es distinto, pero es una forma de llegar a gente de cada lugar, de cada zona, en un ambiente más festivo, más veraniego. No es fácil meter en julio a gente en una sala, por eso para verano es un formato fantástico. Un festival es un lugar de encuentro para músicos; es el típico día en que aprovechas para saludar a compañeros y, la verdad es que lo vives con alegría. Por poner algún pero, a veces se hacen cortos los conciertos. A mí me gusta explayarme, hacer un concierto largo donde pueda tocar bastante repertorio, y en los festivales siempre tienes que acotar y limitar, pero bueno, me parece un formato que complementa perfectamente las giras de invierno.

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