Entrevistamos a Nuu

“Nuu siempre ha partido de una pulsión.

Hay algo especial en la gente que se entiende sin tenerse que hablar. No es que debiera de hacerse una ley universal y absoluta al respecto, pero cuando una suerte de comunicación mental o telepática sucede entre dos seres humanos, es casi garantía total de que algo muy bueno destilará de su unión. Aida Oset y Guillem Llotge, desde que se conocieron en una prisión en circusntancias menos subversivas de lo que puede parecer, se hablan tan poco y se entienden tanto que, cuando se juntan para convertirse en Nuu, las fronteras entre sus anatomías artísticas se difuminan hasta el punto de no poderse distinguir qué es qué, cuál es cuál, ni quién es quién. Su música está medio en la penumbra, en algún punto entre la luz y no se sabe dónde, pero por suerte, cuando no están tocando ni componiendo, se prodigan bastante y son más claros que oscurantistas. Tienen mucho sentido del humor del que necesitan, aparte de muy buenas razones para convencer a cualquiera de lo necesario que es su arte, multidisciplinar, detallista y entregado como el de pocos.

Primero de todo, queridos Nuu: llevo persiguiéndoos más o menos desde mayo de éste año. Contadme por qué hemos tardado tanto en encontrarnos. Os habéis pasado medio verano preparando la música para un espectáculo teatral, me comentasteis, ¿verdad?

Aida Oset: ¡Sí! Se llama Històries d’Istanbul, y se estrenó en el Festival Grec en julio. De hecho, ya hacía 2 años que habíamos empezado a componer la música para la primera lectura, pero durante los meses previos estuvimos metidos de lleno con todo el proceso de recomposición, grabación, etc. Y esto nos quitó bastante tiempo, la verdad.

Guillem Llotge: Sí, teníamos un deadline y había que sacarlo para entonces…

Aida: También se nos mezcló con otra serie de proyectos y, en resumen, se creó un momento embudo.

Y, por si fuera poco, los momentos embudo de Nuu los compagináis con otras profesiones, según tengo entendido. ¿Cómo os lo montáis? Tú por ejemplo, Aida, que eres actriz, además de músico.

Aida: Ambas son profesiones bastante inestables y poco ordenadas… Nuu es nuestro proyecto vital, creativamente hablando, y algo que hacemos porque nos sale de dentro, pero también como apuesta para que, poco a poco, pase a ocupar nuestro espacio profesional algún día.

Yo, mientras tanto, hago trabajos de interpretación o me dedico a dar clases de voz, procurando diversificar al máximo entre la música, la interpretación y la creación. Hay veces que todo se decanta más hacia un lado, otras hacia otro, y algunas hacia todo a la vez, ¡que es cuando toca trabajar 16 horas diarias! [Risas]

Y tú igual, ¿no?

Guillem: Sí, yo soy técnico de sonido y me dedico paralelamente a las artes escénicas y al diseño sonoro, que podría decirse que es la capa más técnica de éste arte y también una que carga con unos estreses brutales; no se trata de un trabajo de oficina al que entras a las 8h y sales a las 15h.

Aida: Lo que tienen todos los trabajos creativos: que nunca pueden contarse en horas.

Me siento muy especial al poder robaros un rato de vuestro preciado y escaso tiempo, pues. ¿Soléis hacer las entrevistas los dos juntos?

Aida: Si podemos sí, claro, porque si fueramos 7 en la banda estaría complicado, pero siendo 2… [Risas]

Guillem: Y a parte, Nuu es algo tan nuestro y personal que ir solos nos haría sentir desprotegidos o desnudos, así que sentimos la necesidad de estar los dos, para lo bueno y para lo malo… [Risas] Es lo que tiene ser un dúo, que es muy íntimo pero, a la vez, te hace sentir muy celoso de todo. 

“Me gustan más los grupos que tienen discos que detesto: es señal de que se han arriesgado en algún momento de sus carreras y de que están vivos.”

Se cuenta que, como pareja creativa, os conocisteis en prisión, anécdota que molaría bastante si no fuera porque, de hecho, no estábais allí como convictos, sino dentro del rodaje de una película en la que Aida era actriz y Guillem componía la banda sonora.

Guillem: Era en la prisión de Quatre Camins, y allí se estaban llevando a cabo proyectos de creación estable que relacionaban a artistas de fuera con los presos de dentro, entre los que surgió la película en la que participábamos.

Aida: No fue un rodaje al uso, a parte, sino todo un año de desarrollo, familiarizándonos con el ambiente, con los internos… Fue algo realmente especial.

Durante esa primera toma de contacto: ¿qué es lo primero que os gustó del otro cuando os presentasteis? En cuanto a talento musical y artísitco o, yo qué, el chiste malo que te contó Aida o la camisa rara que llevaba puesta Guillem.

Aida: Me acuerdo mucho de una conversación que tuvimos en el parque del Guinardó, cuando le llamé para tomar un café. Sabía que Guillem había hecho muchas cosas de electrónica, y en aquel momento yo venía de algo muy diferente, y me hallaba creativamente buscando algo pero sin encontrar exactamente la forma. Personalmente nos habíamos entendido tan bien y tenía una intuición tan clara hacia su mundo que le dije, “oye, ¿probamos?”.

Guillem: Nuu siempre ha partido de una pulsión que los dos vivimos de formas ligeramente diferentes; Aida es muy intuitiva, yo quizás no lo soy tanto, pero siempre partimos juntos de algo que nos motiva, que nos gusta y que despierta una necesidad de experimentar. Fue muy guay encontrar a alguien con quien conectar con esa naturalidad, sin ponerse etiquetas y simplemente con la motivación de explorar y ser libres.

Aida: Exacto. Es una suerte toparse con otra persona con la que compartes ideas artísticas y junto a la que puedes ir creciendo y prosiguiendo, ¡por el simple hecho de que os va bien! Donde una no llega, la otra persona llega, y las fuerzas se multiplican para alcanzar sitios que nunca pensé que alcanzaría.

¿O sea que un proceso más de aprendizaje para ti que para Guillem, teniendo en cuenta de que tú procedías de un mundo más analógico?

Aida: Bueno, creo que fue un proceso de aprendijaze para ambos, pero sí, es cierto que yo venía de un mundo totalemente analógico; jazz, pop, sonidos de los 1970s… Me flipaban muchos estilos distintos, aunque tuve mi estadio de odiar los 1980s, de hecho, y es por eso que la gente que ve lo que hago ahora se pregunta qué debe de haber pasado por el camino…

Guillem: Es eso, lo mejor de la aventura de Nuu; que no te enclaustra. Y mi parte de aprendizaje fue el desarrollar la capacidad de plasmar la experimentación en forma de canciones y discos, porque antes de Nuu, todo lo que había hecho era bastante etéreo, y ni siquiera había grabado nada. Yo procedía del pop, y toqué la guitarra en una banda durante cerca de 10 años hasta que nos disolvimos, y me pareció que más allá sólo estaba el abismo, que ya no había nada nuevo que descubrir. Entonces aparecieron las máquinas, que te permitían hacer tantísimas cosas… Pero aun así, seguíamos siendo sólo una máquina y yo, experimentando por experimentar.

Por fortuna, Nuu apareció justo a tiempo y le dio un propósito y una dirección a esa experimentación.

Unos 3 años después de aquella primera impresión y del primer EP homónimo, Nuu, que lanzasteis en 2015, me imagino que os conocéis algo mejor…

Aida: Nos tenemos demasiado vistos, sí. [Risas]

¿Qué es lo que ha cambiado desde aquel día, y lo que más admiráis hoy el uno del otro?

Aida: Han cambiado muchas cosas, ¡claro! Pero lo que más me gusta de nuestra relación es que, a pesar de que hablamos bastante, no nos hace falta para comunicarnos; únicamente necesitamos hacer música. Personalmente, además, Guillem para mí ya es de la familia.

Guillem: De nuevo, eso es lo que tiene ser un dúo; que hemos compartido mil cosas. ¡Hasta hay amigas de Aida que me recriminan que la vea yo más que ellas! [Risas] Y es verdad, porque pasamos juntos muchas horas, ya sea grabando, escuchando música, viajando cuando tenemos bolos… Es una mutua dependencia que pasa a trascender lo musical, porque también es muy interesante ver cómo Nuu ha mutado y nos ha hecho mutar igualmente en nuestras vidas. 

Se notan mucho todas las horas dedicadas de las que habláis, ni que sea en una escucha superficial de éste Gloom, vuestro primer largo, que publicasteis a principios de año. Queda claro que sois unos auténticos sibaritas del sonido, de la artesanía sónica y, en definitiva, de la producción bien hecha. Pero sin embargo, nos os conformáis con fabricar un buen producto, sino que lo envolvéis con mucho cariño, y dais mucha importancia a la dimensión visual de los directos, por ejemplo. ¿Es ésta una manía personal vuestra o una necesidad del género que practicáis, que quizás necesita de otras fuentes de entretenimiento para tener sentido cuando se escucha en vivo? ¿Y es trabajo consensuado, el de los visuales, o hay uno de los dos que tira más de esa parte?

Aida: Los visuales para los directos nos los hace Anna Oset, que es mi herman pequeña, pero más allá del estilo que practiquemos, necesitamos englobar ambas cosas. No se trata simplemente de hacer una canción, sino de lo que habla la canción, de su universo, de cómo hacer que ésta experiencia sonora sea también vivencial. Somos personas eclécticas, y todos los mundos de los que participamos se fusionan como una osmosis en Nuu.

Guillem: También tenemos una visión particular de lo que es un espectáculo porque venimos de las artes escénicas. Para nosotros, un concierto debe ser una experiencia total, así que nos gusta ser ambiciosos con lo que proponemos a nivel escénico. Se trata de una cuestión puramente de recursos, porque si tuviéramos más medios, la liaríamos parda siempre, en todos los bolos. [Risas]

O sea que sí, aunque ya no esté tan de moda, el disco es una vivencia que debería escucharse de principio a fin. Y se se hace yendo en coche, ¡mola incluso más!

Esto de la puesta en escena de Nuu es 50/50, entonces, pero ¿cómo se reparten dentro de Nuu el resto de las tareas de composición, de producción y grabación, de interpretación…? ¿Delegáis mucho el uno en el otro?

Guillem: Nos gusta muchísimo colaborar con todo Cristo, que nos hagan propuestas y hacérselas a otros. El primer espectáculo que hicimos fue conjuntamente con un montaje de danza, sin ir más lejos, en el MACBA. O en el Sónar, donde también tocamos con los Erre que Erre, la obra de teatro de la que hablábamos al principio con Joan Arqué

Y al contrario funcionamos igual; si nos sabemos hacer algo, encontramos a gente que sepa y nos enseñe a llegar a nuevos límites.

Citáis como referencias a Björk, a Mogwai o a Apparat, que son nombres que casan mucho con la música que hacéis, pero me pregunto si hay en Nuu alguna influencia menos obvia, en plan que os encante tal grupo aunque no se note, e incluso que os avergüence ser muy fans de aquel disco o de éste…

Guillem: Yo no me avergüenzo de nada. [Risas] A parte de estas referencias que citas, y de otras muchas más, que sí que se ve que son de nuestro rollo, he escuchado tanta música a la que tengo tanto cariño… Empezando por la cantidad ingente de discos que tenía en casa de mis padres hasta hace unos meses, cuando vi éste vídeo de Sinéad O’Connor (antes de volverse un poco chalada) rompiendo la foto del Papa en los 1980s, que me volvió a retrotraer a cuando la escuché alguna vez a las 16 años. Para mí no es una influencia, pese a que sí que tiene una base electrónica potente, pero supongo que de alguna manera indirecta, está ahí.

Aida: No sé si deberías haber citado a Sinéad O’Connor como referencia en una entrevista… [Risas]

Es que yo he escuchado tantísima música… El primer disco que compré fue el HIStory de Michael Jackson

¡Pero eso no da tanta vergüenza!

Aida: Eso no, pero sí que de adolescente era bastante seguidora de toda la música melódica tipo Whitney Houston, Mariah Carey… ¡Esto sí que da más vergüenza! [Risas] Después llego No Doubt, que quizás fue mi primer momento auténticamente fan.

Guillem: ¡Yo esto no lo sabía, eh! [Risas]

Aida: No, pero ya cuando empecé a estudiar música seriamente, me prendé de Jeff Buckley, Nick Drake, Van Morrison, Joni Mitchell mucha música de los 1970s, jazz de los 1950s… Puede que pasara 6 años de mi vida escuchando los 10 mismos álbumes, tranquilamente, y uno de ellos era el Vespertine de Björk, por cierto. Ahora me ha dado por recuperar los discos de rock psicodélico que tenía mi padre, tipo King Crimson. ¡Va por épocas!

Sí que sorprende los dispares que son todas esas influencias… Pero volviendo a lo que me comentabais antes de que, quizás si tuvierais más recursos, las montaríais más gordas: ¿sentís que vuestro potencial se limita por el lugar del que procedéis? Porque parece obvio que el género en el que os inscribís vive muy buenos tiempos y es increíblemente respetado en Centroeuropa y en países escandinavos, por ejemplo. ¿Percibís el retraso de la industria musical española?

Aida: A juzgar por el número de conciertos que nos salen, supongo que sí, hay cierta frustración. [Risas] Aunque no sé exactamente cuál es la razón. Claro que, indudablemente, cuando haces algo con tanta dedicación y de corazón, esperarías que se te reconociera creativamente, pero es muy difícil.

Quizás si diéramos con las personas que nos ayudaran a mover nuestra música en otros países… Muchas veces, encontrar con los intermediarios adecuados es absolutamente crucial.

Guillem: Es un poco triste cómo se trata a la cultura en éste país… Parece que si no haces folklore o estás dentro del mainstream, no existes. Y paradójicamente, hay tanta gente haciendo tantas cosas que nada tienen que ver con eso… El Primavera Sound se peta cada año de un público que consume sonidos experimental y underground, y aún así, esto no se refleja en la constitución de una escena musical que abarque el tipo de música que hacemos.

Aida: ¡Ahí está! Los festivales grandes fagocitan toda la oferta que podría estar extendida durante todo un año en una ciudad. ¿Dónde quedan las redes de salas con público y que permiten cobrar dignamente a los artistas? Es como si la industria musical se tornara hacia ese capitalismo totalmente salvaje, en éste sentido: Barcelona se peta durante 3 días y el resto del año, nada.

 Y el caso de Barcelona también es particularmente duro, ¿no?

Aida: Sí, en parte sí. En Barcelona sabes que puedes tocar una vez al año, pero si lo haces 2 o 3, has de contemplar la posibilidad de que no vayas a llenar, cosa que dice mucho de la fortaleza o debilidad del músculo artístico de una ciudad.

Guillem: La sensación es ésta: que falta circuito y una base de gente que vaya asiduamente a ver conciertos en directo. Y yo soy el primero en hacer autocrítica, aquí, porque es verdad que voy a más conciertos míos que de otros…

Aida: Ya sería gracioso que no fueras a tus propios conciertos, ¿no? [Risas]

Guillem: Podríamos porbarlo, un día.

Aida: ¡No, por favor! [Risas]

¿Y esto pasa por cuestión de tiempo, de precios de las entradas…?

Guillem: Es más una cuestión de hábitos, diría yo, tanto del público como de las salas y de la administración, sobretodo, y de no convertir el acto del concierto en una mera fuente de ingresos para todas las partes. Cuando se funciona con es mentalidad, está claro que a cualquier sala le sale más a cuenta montar una discoteca que una sala de conciertos…

Aida: Estaba pensando también en lo genial que sería que en Barcelona pasara como en Nueva York, donde siempre hay sitios en los que sabes que, si vas, te encontrarás buena música en directo. ¡Ojalá estuviéramos a ese nivel!

Y ante éste panorama un poco de mierda, ¿hacia dónde va Nuu ahora mismo? ¿Os mantendréis unidos o barajáis la posibilidad de tomar caminos distintos?

Aida: No no, ¡seguimos juntos! Supongo que, como siempre, haremos nuestro balance anual y veremos hacia dónde tiramos…

Guillem: Todavía estamos bastante centrados en el estado mental Gloom; fue un disco que llevó más de un año sacar a la luz, y sí que hay ganas de llevarlo hasta el final y de cerrar una etapa para poder abrir otras.

Todas las nuevas ideas están, de momento, en un estado demasiado embrionario para hablar de ellas, pero sí pensamos que Nuu sigue teniendo mucho recorrido. ¡Quietos no estamos, eso seguro!

¡Os noto optimistas, entonces! [Risas]

Aida: ¡Es que es la única manera de estar! Hacemos esto porque nos gusta, y en cuanto nos deje de gustar, dejaremos de hacerlo. Respetamos nuestra propia autenticidad al máximo, ¡ni de broma vamos a tocar en pisos turísticos a cambio de unas cervezas y “promoción”, como algunas empresas con mucha cara dura nos han llegado a proponer! Una vez hasta le hicimos la contrapropuesta de que nos regalaran uno de sus pisos a cambio de “promoción”, también, pero triste y sorprendentemente, nunca volvieron a ponerse en contacto con nosotros… [Risas]

Pues con semejante nota de positivismo y dignidad artística, vamos a cerrar con una pregunta de esas filosóficas y trascendentales que le robo siempre a Nardwuar the Human Serviette (quien es, posiblemente, el mejor periodista musical de todos los tiempos); ¿por qué debería a la gente importarle Nuu?

Aida: Seguramente, por lo mismo que veníamos diciendo: por la autenticidad de la propuesta, que me parece un argumento de mucho peso. Cada uno debería de encontrar su propia autenticidad en cada momento y mientras proceda de un lugar real y honesto. Creo que la creación debe siempre salir de un sitio así, y puede que sea esto lo más valorable de Nuu.

Guillem: Coincido y añadiría otro razón; porque creamos. Nuu no parte de la replica, ni la imitación, ni de lo que está bien o es considerado como adecuado. Partimos de lo que nos parece guay y lo que no, de nuestra necesidad personal. Para mí esto es importante y es, por lo tanto, lo que debería de importarle a la gente. No tanto si les gustamo o no; de hecho, a mí hasta me gusta que haya gente a la que no le mole Nuu porque refleja una implicación. A mí también me gustan más los grupos que tienen discos que detesto: es señal de que se han arriesgado en algún momento de sus carreras y de que están vivos.

Aida: Lo que gusta a todo el mundo siempre es sospechoso…

Muy cierto…

Fotografías: Carla Oset 

 

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