Festival Cara B (Fabra i Coats) Barcelona

Más de diez años hace que el último telar dejó de funcionar en la antigua Fabra i Coats. Desde su cierre definitivo en el año 2005, este espacio histórico del barrio de Sant Andreu de Barcelona, se ha convertido en un epicentro cultural donde cuadros, fotografías, audiovisuales y música, ocupan ahora el lugar que durante más de siglo y medio estuvo reservado para máquinas y piezas textiles.

Este fin de semana la música y los audiovisuales fueron los invitados de lujo en la antigua Fabra i Coats en el marco de la segunda edición del festival Cara B. Un festival joven pero valiente, que apuesta por una propuesta cultural sin etiquetas y donde se pudo escuchar a grupos tan diferentes como Los Punsetes, El Coleta, Yung Beef o Guadalupe Plata.

Viernes 19

Los barceloneses Extraperlo se presentaban en el festival pocos días después del lanzamiento de su último trabajo discográfico, Chill Aqui, y con el que completaron gran parte de su concierto con ese toque electro-indi-tropical que se ha convertido en su ovillo de tejer canciones y al que esta vez se le ha sumado una onda más funky en algunos cortes del nuevo disco.

Los Punsetes eran uno de los platos fuertes de esta primera jornada y por méritos propios. Año tras año, disco tras disco la banda madrileña se ha ganado a pulso el ser uno de los referentes de la escena indie nacional cómo así quedó demostrado el pasado viernes, no tan solo por la cantidad de fieles asistentes sino también por la rápida comunión entre la banda y los mismos. Tras un explosivo y valiente arranque con “Maricas”, los madrileños se ganaron a un público rendido a las ya habituales tormentas eléctricas de las guitarras y a la impasible voz y figura de Ariadna.

El momento más controvertido y a la vez esperado de la noche llegó con Yung Beef, uno de los miembros de la banda PXXR GVNG. Polémico por su actitud sexista, canalla y barriobajera, Yung Beef, desplegó todo su descarado arsenal lírico a base de reggaeton, hip hop, o electro y que a medida que la temperatura de la sala aumentaba, sus compañeros de banda se fueron sumando a escena.

Sábado 20

La última jornada del festival, estuvo marcada, aunque no exclusivamente, por el Rock y el Garage.

Destacable la banda madrileña Juventud Juché y su punk terco, obstinado e íntegro. El Garage de los barceloneses The Saurs, entre kilos de efectos y reverbs eclesiásticas no hizo mas que perderse en el limbo de un festival que se encontraba entre los pensamientos más banales de los asistentes.

juventudjuche-carab

 

Una de las sorpresas de la noche llegó de la mano de The Parrots y su Garage descarado, que no descuidado. Y es que el despliegue de actitud, energía y tablas de esta joven banda no les correspondería a priori hasta de aquí a unos cuantos años, pero el azar es caprichoso tal y cómo demostraron en su actuación del sábado, y se ganaron, por méritos propios, ser una de las bandas a tener en cuenta en la agenda musical.

theparrots

Turno para El Coleta y para dar la nota social y reivindicativa de la noche, con su rap cañí, hilado con las bases del folklore musical español de los ochenta, aquél que se podía encontrar en cualquier gasolinera del territorio patrio a la vez que comprabas un paquete de Winston y unos chicles mientras le echaban gasolina al 124…

Caldeado el ambiente después de tantas actuaciones y pasada la medianoche, no había mejor momento para que de la mano de los ubetenses Guadalupe Plata, se llegara al climax y también al final del festival. La banda andaluza ya es todo un clásico de los festivales nacionales y toda una seguridad de que tus pies no van a parar de moverse durante todo el concierto al son del diablo cómo en los antiguos juke joint del mississippi…y sin duda esto fue lo que pasó. A mitad del concierto, llevados por los ritmos hipnóticos y con la ayuda (en algunos casos) de un estado etílico avanzado, surgió un Pogo en las filas delanteras que hizo temer en más de un momento a la seguridad del festival, pero que por suerte todo quedó sin más en una noche de diversión, donde los instintos más primarios pudieron salir a bailar en paz.

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