Guadalupe Plata – Guadalupe Plata (Everlasting Records)

Un tímido intento de ampliar horizontes, una tenue desviación hacia lugares aún más oscuros, un sonido cada vez más roñoso y peculiar… Con esas señas de identidad y escasas pistas más se presenta el nuevo trabajo, el de 2017 (ya se sabe que los ubetenses no se esfuerzan en buscar títulos absurdos a sus sucesivas entregas), de Guadalupe Plata. En esta ocasión el icono con el que agrupan sus nuevas canciones es un perro ajado y dibujado con rostro adusto, el carpetovetónico “Perro de vieja” con el que se anclan a la tradición que ellos mismos han creado sin saberlo. El blues corto en referencias del que hacen gala ahora de forma más tajante se detiene en el cancionero hispanoamericano mediante una parada en el repertorio de la nunca bien ponderada Violeta Parra, mítica cantautora chilena y culmen del desagravio amoroso cuando cantaba “Qué he sacado con quererte”, aquí embutida flautas incluidas en la piel de toro que delimita las divagaciones guitarrísticas de Pedro de Dios, expandidas a placer en la trama oscura de un “Navajazo” instrumental que se complementa en el sentido psicodélico de “Tan solo”, sendos destellos breves de una propuesta igual de afilada que hasta ahora, aunque bastante más escueta.

Puede parecer absurdo hablar de un disco de Guadalupe Plata sin incluir términos como “mordiente” o “rabia”, pero en esta ocasión es cierto que la fórmula, a fuerza de apretarles en demasía el traje sonoro, deja pocas hechuras para que ambas intervengan como antaño. Curiosamente, es el trabajo para el que han contado con más lujos tanto en la producción como en la logística (lo fabricaron en La Mina, en Sevilla, con más tiempo del habitual) y en el que resultan más directos y profundos, volcándose en los sentimientos y la intención que en la pura expresividad, característica básica hasta ahora. Por eso algún tema como “Preso” podría servir de intro o música incidental para cualquier film de horror -serie B, como mandan los cánones- y otros, la marca obliga, de polvoriento acompañamiento a las andanzas de cualquier cuatrero por el desierto de “Almería”. Los Guadalupe Plata actuales pueden llegar a causar pavor incluso cuando hacen bailar, como sucede en la tenebrosamente rítmica “Miedo”, un tema surf-rock perfectamente disfrazado, y epatar con la rudeza de una pieza mínima como “Demasiado” o la descafeinada “Nido de avispas”, dejando la brillantez para el trote de “Borracho” y las maneras agresivas y concretas, tal vez en demasía, de una sucesión de composiciones con más hechuras de EP que de disco largo y plenamente orientado.

Puede que hayan grabado solo lo que la urgencia y el cuerpo les pedía, de ahí que este sea el disco más corto de su carrera y puede que el más desconcertante. Tras varias escuchas, seguimos sin saber si lo suyo es una especie de enfermedad incurable para la que no quieren encontrar placebo alguno o están intentando llevarnos al huerto una y otra vez utilizando los mismos recursos y cambiándoles únicamente alguna apariencia. Lo malo (o lo bueno) es que seguimos cayendo en su maravillosa tentación. Y lo que nos quede.

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