Hans Laguna – Manual De Fotografía (El Genio Equivocado)

Cómo evolucionar –mejor diremos “pasar”, para no recurrir mucho a verbos manidos en este campo- del pop de base sesentera a un sonido globalizador y experimental sin límite de espacio ni tiempo. De eso podría tratar una hipotética ponencia a cargo de Hans Laguna, creador más que intérprete y músico total, por encima de cualquier otra consideración. De Oteiza (2013) a Deletrea (2014) apenas pasó un año en el que su nombre acabó aún más desubicado por medios y público, pues pasar de la expansión instrumental al folk introspectivo casi sin previo aviso no es algo que ayude a seguir una trayectoria musical más o menos estándar. Y menos si inmediatamente después apareces con otra pequeña colección de canciones poco convencionales, de sonido neutro y alejado de cualquier sitio identificable, y la conviertes en un grupo de temas bastardos, donde bucear en la psicodelia es igual de válido que bracear entre los acordes de la música de cámara o aproximarse a las aguas revueltas de una frontera en continua ebullición. En este radiante Manual De Fotografía la ambigüedad convive con la sencillez, en un ejemplarizante trabajo de exotismo musical bien entendido y grabado con los mínimos medios para sacarle el máximo partido.

A las puntuales colaboraciones de Blanca y Tuixén (ambos de Les Sueques) se suman los ilustres nombres de Julio Bustamante y Nacho Vegas, este último haciendo de “El bosque” un folclórico mantra que bien pudiera ir firmado de su puño y letra, sin ir más lejos en una futurible entrega de Lucas 15. Al exotismo de los instrumentos utilizados en la grabación, algunos más propios de la cumbia y la música caribeña se unen excursiones sonoras nada amables y, como en su reciente producción, ciertamente alejadas de la ortodoxia. En su intento por captar la luz para conseguir la soñada fotografía perfecta, Hans Laguna ha grabado un álbum optimista en el que deja que las sombras campen a sus anchas por cualquier rincón, pergeñando organismos perfectos como “Año de luz” o “Cantar y pasear”, como si eso fuera a todo lo que debe aspirar alguien que solo ansía ser feliz, la panacea y la utopía de todo hijo de vecino. En la economía de arreglos suenan vibráfonos, sitars, flautas y otros vientos, percusiones latinas, guitarras slowcore y coros celestiales, con un sentimiento de improvisación y un sentido globalizador que da forma y color a todo el disco.

Grandes composiciones son “Mejor” y “Cosas que antes”, recreándose en la “Contradicción” (explícito título) que parece guiar, a fuerza de repetirse y aumentarse a cada nueva reto, la trayectoria vital y profesional de un músico único, que crece un poco más a medida que va siendo consciente de que hoy, en este país y con las tormentas que se deben sortear a diario para seguir saliendo a flote, que te dejen hacer lo que quieres y de la forma que quieres es un bien que no tiene precio. Aprecio, todo el que queramos.

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