Holy Fuck – Latin (Young Turks)

Un extraño y buen descubrimiento para un melómano de la última década (2000-2010) sería el surgimiento de un grupo que, jugando en la liguilla de la electrónica combinada con el rock, no saturase sus grabaciones, producciones o puestas en escena (sin malabarismos tecnológicos) y que además llegasen a levantar al público como lo hacen Holy Fuck en directo. Y si aún así cabe añadir la falta de acercamiento al colectivo animal o al imperante dubstep, ya tenemos algo que descubrir. Prueba de todo ello lo pudimos comprobar una noche en el Primavera Sound de 2008 (entre otros escenarios), provocando un auténtico aluvión de gente en el escenario con el final de “Lovely allen”, motivo de sobra para que ese disco LP (XL, 2008) estuviese en el podium de las descargas de todos los que estuvieron allí o de sus envidiosos amigos.

En la mayoría de locales de ensayo podréis encontrar pedales Boss o una batería y un bajo, pero si le quitamos las guitarras, la voz, y añadimos un electro-noise expulsado a la brava o de forma hipnótica utilizando cualquier tipo de sonido no instrumental, la chispa puede convertirse en llama o quedarse olvidada en el tiempo. Esa chispa, ese sonido de directo es la clave de Holy Fuck, tanto en disco como en directo. Con Latin (Young Turks, 2010) han conseguido una mejor producción que aporta más dimensión a los temas, aunque también pueda pensarse que dicho carácter lo-fi les beneficia en su música.

Además, el cambio en la sección rítmica con Matt McQuaid al bajo y Matt Schulz a la batería le da un aire funky por momentos (claro ejemplo el tema que da al álbum, “Latin America” o “Red light”) y quizá mayor robustez rítmica.

El elemento noise pierde un relativo protagonismo comparado con el anterior LP (XL, 2008), optando por otras vías como el surgimiento de una fragilidad desconocida en los canadienses con “Stay light”, donde coquetean como nunca con la indietrónica pop; o con el ambient en el primer tema del álbum, “MD”, el cual se convierte en un mantra progresivo que consigue introducir al oyente de manera mucho más oscura a ese pegadizo funky de “Red Light”, con el que ya se empiezan a reconocer las premisas del vitamínico sonido de Holy Fuck.

Y para la traca final, los de Ontario (Toronto) reservan su arsenal de noise, feedback y dispositivos varios con el ritmo más potente y fresco para el beneplácito de los fans pre-Latin, apretando el acelerador hasta hacernos girar en un torbellino melódico altamente adictivo en “Stilettos”, o de forma demoledora con los graves robotizados de “P.I.G.S.”, los cuales garantizan una intensa velada de directo en futuras actuaciones de la banda.

Latin se grabó en un granero de su ciudad Ontario, y de un sitio tan atípico para una banda extrañamente electrónica, esperamos llegue a la retina de nuestros iluminados ojos en próximas fechas venideras.

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