Inheaven + Green Class (Moby Dick) Madrid 11/11/17

En un espacio relativamente breve de tiempo, el cuarteto londinense Inheaven están logrando hacerse un hueco entre la siempre dura competencia de su país, ayudados al principio por el sello discográfico de Julian Casablancas, que les editó el single debut. Ahora están girando con su primer L.P, de título homónimo en el que, si bien no inventan nada, ejercen de hacedores de canciones imperecederas e himnos de los que se echan en falta en el rock británico. Acaban de pasar por España, en un tour propiciado por Last Tour, en dos únicas fechas.

Para el concierto de Moby Dick en Madrid, estaban acompañados de Green Class, una banda madrileña que ya lleva tiempo trabajando en su sonido y que ya han sido capaces de asomarse a algún que otro gran festival, como el BBK LIVE. Deudores de un sonido muy Manchester y con una nada disimulada predilección, tanto estética como musical, por el Brit Pop reinante de los noventa, salieron dispuestos a poner patas arriba la sala, apoyándose en el frontman – cantante; Berto.

 

Arropados por una nutrida legión de, amigos, familiares y fans, el combo madrileño disparó gran parte de su, hasta ahora escasa discografía, con temas como: “Less by Less”, “Sit Down”, o “Keep Fighting”, en uno de esos extraños casos en los que la banda telonera logra congregar más público que las supuestas estrellas de la noche.

Sobrados de actitud y técnica, sacaron adelante un concierto a base de riffs en los que irremediablemente nos acordamos de The Who, o de un Liam Gallagher encarnado en la figura del cantante. Para el final: “Can´t be Back” y lo que promete ser uno de sus hits; “I Wanna be Seduced”. Por poner alguna pega, siempre desde el humilde punto de vista del que esto suscribe, los temas de ascendencia más “rockera” quedan algo “cojos” sin bajo, aun así; grupo a tener muy en cuenta.

El cuarteto británico salía inmediatamente después a colocar sus pedaleras y a chequear sus amplificadores, para comenzar lo que parecía iba a ser un concierto intenso y aguerrido. Nada mejor para ello que desplegar un tema incontestable, como ese homenaje a The Who (segunda vez que los menciono en esta crónica y no de manera gratuita) que es su “Bitter Town”, escuchen esos riffs y no digan que no son los de la guitarra de Pete Townshend en “Baba O´Riley”. Siguieron con: “Stupid Things” y uno de los temas que bien podría convertirlos en el próximo “hype”, “Baby´s Alright”, en el que se atreven a abordar cuestiones político-sociales sin renunciar al hit inmediato.

A partir de entonces, a los pobres Inheaven las cosas les fueron de mal en peor, como si un demonio burlón hubiera tomado el escenario por ellos; el problema técnico con uno de los pedales paró la actuación el suficiente tiempo para que, tanto la banda como público, se enfriaran. Cuando parecía que todo iba a arrancar, el cable de otro de los pedales dejó de funcionar. Lograron continuar, no sin problemas; la guitarra del cantante James Taylor dejaría de sonar en algún momento clave.

Trataron de salvar la situación con parte de su cancionero incontestable, alimentado por temas como: “Drift”, en el que las voces principales recayeron sobre la bajista Chloe Little, esa suerte de pieza de dream pop que es “Velvet” y que cierra el disco, u otro de sus hits; “Meat Somebody”. Esquivaron el desastre total con otros dos cortes inapelables de su álbum, “Treats” y “Regeneration”, la más celebrada por los presentes.

Sin duda, Inheaven son un caramelo para los nostálgicos de los noventa y para los que pensamos que al Rock & Roll todavía se le pueden pedir himnos, pero esta no fue su noche.

 

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