Janelle Monáe – Dirty Computer (Atlantic)

Podríamos decir que Janelle Monáe es una diva del todo singular. Mientras otras reinonas del R&B como Rihanna, Beyoncé, y promesas como SZA en menor medida han ido jalonando una carrera triunfante en los charts y copando portadas en tabloides, la de Kansas parece que quiere controlar con aplomo su carrera, y en casi dos décadas sólo ha entregado tres discos, todos ellos de notable pulso narrativo. Janelle se quiere reivindicar como autora más allá del oropel que se cierne sobre un género muy dado al desparrame de testosterona.

En su ultimo disco Dirty computer (Atlantic, 2018) ha tirado la casa por la ventana y se presenta como un video-film de 45’ con la intención de hacer un repaso a todo el disco, en un principio, y al inicio presenta un futuro aséptico y distópico con infliuencias al futurismo a Kubrick, y a las personas sin rostro de Georges Franjú, en el que en un laboratorio se intenta manipular el cerebro de nuestra díscola Monáe que no deja de ser una temible “dirty computer”, o lo que es lo mismo, una persona con instintos hedonistas que reclama su derecho a reivindicar su pansexualidad, sin caer en los malditos mecanismos de control de la sociedad. Un gesto de autorefencialidad sin atisbo de exhibicionismo y sí mucho de soflama feminista, un poco a la manera de aquel maravilloso “Lemonade” de Beyoncé.

Estamos, a mi parecer, ante el cancionero más excelso de Janelle. Prince tenía razón cuando decía que era la nueva diosa del soul, y lo demuestra con creces hilvanando un pentagrama de ensueño, de aquellos que se enganchan a la memoria al segundo estribillo. “Dirty computer” abre el disco acompañada a los coros de lo que queda de Brian Wilson, y le sigue la apabullante “Crazy, classic. life” en la que sin rubor, en la parte final, rapea y proclama que jamás será una “black puppet”. Pussy riot.

Los ecos house sedoso de Madonna se dejan entrever en “Take a byte”, mientras la festiva “Screwed” (junto a Zoë Kravitz) invita a ser dueño de tu propio cuerpo y tu sexualidad, y ese fraseo de guitarra funky es muy Prince.

Uno de mis temas favoritos es “Django Jane” en el que imprime el flow enganchoso, y en él insta a acabar con el falocentrismo, y enlaza, acto seguido, con “Pynk” (junto a Grimes, y unas de las mejores canciones del año) que es una desaforada oda al coño.

“Make me feel” y “Americans ( ¡igualita al “Let’s go crazy”!) son otros temas que evocan el legado eterno del genio de Minneapolis. Uno de los grandes discos de lo que va de año.

Escucha Janelle Monáe – Dirty Computer 

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