Javier Corcobado

Es importantísimo atrapar la atención del público con la música y las letras de las canciones, transmitirles belleza y, a veces, incomodidad

Uno de los autores musicales más interesantes del panorama patrio prepara nuevo disco mientras rueda las canciones por los escenarios. Javier Corcobado puede presumir de una carrera consecuente coronada por el soberbio A nadie (2009). Sin duda, sus próximos pasos continuarán esa línea ascendiente a través de la creación y expresión como objetivo.

Javier, últimamente estás haciendo conciertos esporádicos pero muy intensos. ¿Es el escenario un lugar dónde continuar creando?
Supongo que para otros sí. En mi caso es el lugar donde muestro mis creaciones e intento mejorarlas en cada actuación.

Cuéntame qué se van a encontrar los seguidores que acudan a tus próximos conciertos.
El repertorio es muy hermoso. Hay incluidas canciones antiguas mías y algunas de las versiones en las que estamos enredados, canciones de Astrud Gilberto, Spacemen 3, Manuel Alejandro, Serge Gainsbourg o José Alfredo Jiménez… Estaré muy bien acompañado por mi orquesta: Juan Pérez Marina a la guitarra, Jesús Alonso a la batería, Fino Oyonarte al bajo, Susana Cáncer al piano y un servidor a la guitarra Tormenta, saxo alto y voz. Y tenemos el placer de compartir cartel con Sr. Chinarro, quien actuará en primer lugar y compartirá escenario con nosotros para tocar una de mis canciones al final.

Como has dicho, entre los miembros de tu actual banda se encuentra Fino Oyonarte.
Fino y yo nos conocemos desde hace muchísimos años y siempre hemos conectado muy bien. Hay una admiración mutua. Es un gran músico y productor y, ante todo, un buen amigo. Habíamos colaborado juntos en 1989 en mi primer álbum, “Agrio beso”, y en la grabación de unos poemas musicados en aquella misma época. En 2006 produjo mi disco Editor de sueños, y está en la banda desde finales de 2008.

Antes has citado a Sr. Chinarro, con el que como bien dices compartís escenario en el concierto de Madrid. ¿Cuál es tu opinión sobre su música?
Conocí a Sr. Chinarro allá por el año 94 ó 95. Me compré su primer disco y me pareció una delicia. Antonio es un personaje al que respeto. Sus canciones poseen una elegancia personal nada habitual en el ámbito de la música pop y además sus letras están impregnadas de poesía.

En ese mismo concierto estrenarás canciones inéditas, supongo que hay disco nuevo a la vista.
Sí, estamos trabajando en un nuevo álbum o colección de canciones, cuyo título es “Luna que se quiebra”, extraído de “Noche de ronda” de Agustín Lara.

¿Por que derroteros se moverá?
Son versiones de autores e intérpretes muy importantes, grandes canciones que tienen la virtud de no gastarse con el paso del tiempo. Homenajeamos a figuras como Agustín Lara, Frank Sinatra, Manuel Alejandro, Fred Astaire, José Alfredo Jiménez, Gainsbourg, Spacemen 3 o Caetano Veloso, entre otros.

“A nadie” ha supuesto un punto de inflexión en tu carrera. ¿Cómo valoras la repercusión de ese disco?
Ha sido un disco que nos ha tocado defender en tiempos de crisis; estos tiempos en que es complicado hacer conciertos y casi imposible que una discográfica u otro ente público o privado inviertan en las grabaciones. Es una cuestión de resistencia… No hay dinero. Esto dificulta mucho la continuidad de la creación. No obstante, ahí seguimos.

Precisamente, en “A nadie” te acercabas más que nunca a la deconstrucción (o utilización si lo prefieres) de géneros musicales populares. ¿De dónde viene ese interés?
“A nadie” es un disco formidable, con grandes canciones. Hago lecturas personales de la copla, la canción melódica y la música pop, incluyendo disonancias que son habituales en mí. No creo que haya una deconstrucción, sino una interpretación a mi manera de algunas actitudes musicales que siempre me han fascinado.

De hecho, cada vez logras una mayor unión entre el componente tradicional y el más vanguardista. ¿La experimentación va siempre unida a tu filosofía musical?
Eso era al principio de mi carrera. Tengo una serie de recursos, limitados eso sí, que utilizo a menudo en la composición y en las grabaciones. Cada vez tiendo más a separar la estridencia de la melodía. El ruido y la experimentación, como tú la llamas, forman parte de mí y actualmente, paralelamente al disco de versiones, estoy trabajando en una obra musical en la que esto abundará; sin embargo, en el escenario cada vez soy más crooner, más cantante romántico…

En 2001 te fuiste a México para comenzar una reconstrucción personal. Creo que el Corcobado actual es el producto final de lo que comenzó ahí. ¿Cómo lo ves tú?
Espero no ser el producto final de nada… Ojalá el fin esté muy lejos. Todo esto empezó cuando nací. He ido pasando por diferentes etapas de mi vida, como todo el mundo, que me han hecho mejorar como artista y como persona, mas aún me queda mucho por aprender y por expresar.

¿Qué hay entre México y tú?
Una relación de profunda amistad y fascinación mutua.

Allí eres una figura de culto muy respetada, algo que también ocurre en España pero tus seguidores mexicanos son aún más entregados que los españoles. ¿Cómo contemplas tú ese hecho?
En México son más apasionados y menos pudorosos. Cantan las canciones a gritos hasta que se quedan afónicos, lo cual me dificulta a veces la afinación en escena. Son encantadores y salvajes. Tengo muchísimo respeto a mi público, por su sensibilidad y lealtad, y no me importa de qué nacionalidad sea. Tengo mucho que agradecerle.

Al margen de nacionalidades, en tus conciertos se da una conexión muy fuerte entre tu persona y tu público, una especie de llamada y atención muy natural. ¿Cómo vives eso desde el escenario?
Cada vez hay más serenidad en nuestra ejecución de las canciones en el escenario. Es importantísimo atrapar la atención del público con la música y las letras de las canciones, transmitirles belleza y, a veces, incomodidad. Es algo que se da siempre en mis conciertos. La gente que acude sabe que va a experimentar intensas emociones de todo tipo, y que va a escuchar buenas canciones interpretadas por excelentes y peculiares músicos.

Me gustaría que abrieras un poco las puertas de tu taller creativo. ¿Cómo comienza el procedimiento creativo?
He contestado a esta pregunta en multitud de ocasiones y creo que me he inventado las respuestas, porque realmente no lo sé. Lo que sí sé es que hay que iniciar una rutina de trabajo, tanto en la composición de la música como en la escritura. En ese proceso, primero se generan cosas desechables, y un día, no sé muy bien por qué, surge algo muy bueno… Es ahí cuando hay que aplicarse y trabajar en ello… Es un misterio…

Religión, sexo, muerte y amor. Los cuatro temas fundamentales en la historia de la humanidad, todos ellos recogidos en tus canciones. Supongo que son puntos cardinales a la hora de escribir.
Son los temas principales en que se basa la poesía…

De hecho, poesía y música van ligadas en tu obra discográfica. Tus letras se pueden leer independientemente de estar escuchando o no tus discos. ¿Qué peso tiene la música y que peso tiene la letra?
Ambas han de ser igual de importantes para conseguir el objetivo deseado: una buena canción, según mi punto de vista; que no es el punto de vista general, ya que en este país, y en concreto en el ámbito pop o rock, las letras se incrustan en las canciones como un añadido que suele decir bien poco.

Una vez has definido la canción. ¿Cómo se la presentas a la banda?
Suelo grabar las canciones en estado embrionario en una grabadora de 8 pistas, el único equipo de grabación de que dispongo ahora mismo, tocando yo mismo todos los instrumentos. Soy un mal instrumentista, así que esto sólo sirve para mostrárselo a mis músicos y luego ellos lo tocan de una manera decente e incluso mejoran y aportan arreglos.

¿Y cuál es la idiosincrasia de la banda de Corcobado en estudio o en el local de ensayo a la hora de capturar y revestir esas canciones?
Eso es un secreto muy bien guardado… Lo que sí te puedo decir es que soy muy afortunado al contar con músicos de tanta calidad e intuición. Nos conocemos muy bien y de esta manera los ensayos nunca son tediosos, no hay que repetir las canciones mil veces. Todos sabemos qué es lo que hay que transmitir.

Ya son 22 años de carrera en solitario, ¿qué valoración haces ahora que te encuentras en tan buen momento artístico?
En realidad son 28 años, desde que di mi primer concierto en Rockola en 1983. No soy nada nostálgico. Me gusta el viaje, el proceso creativo y llevarlo finalmente al escenario, siempre mirando hacia delante. Una vez conseguido el resultado hay que pensar en otro nuevo. Espero que en breve las dificultades por las que estamos pasando los verdaderos artistas se disuelvan y podamos difundir nuestras obras dignamente. Los años me han enseñado, como ya he dicho antes, a ser mejor persona y mejor artista, y a tener mucha paciencia, de la cual antes carecía.

Hablando de tu carrera, muchos de tus discos son muy difíciles de encontrar, estando algunos de ellos descatalogados. ¿Hay planes de reedición?
Sí, tenemos planes para rescatar todas esas canciones. Pero tendréis que tener paciencia… Estamos en ello.

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