John Hiatt – Sala BBK (Bilbao)

Comenzó con “Master of Disaster” y nada más lejos de la realidad que el amigo Hiatt sea un maestro del desastre en lo que suponía su segunda visita a Euskadi y su estreno en la villa vizcaína.
Amparado en la coqueta, repleta y estupendamente sonorizada sala BBK fue desgranando las gemas de su discografía sabiamente salpicadas por temas de sus últimos trabajos como “Down Around My Place”, de su reciente Dirty Jeans and Mudslide Hymns que sonó sincero y épico al mismo tiempo.
Se le notaba a gusto, bromeando entre temas, en un excelente estado de forma vocal y sabiéndose respaldado por una banda sobria, pero eficaz, donde sobresale, como ya lo hizo en su anterior gira, su guitarra solista que brilló especialmente en los temas con mandolina como la trotona “Cry Love”.
Por supuesto no faltaron las visitas a dos de sus álbumes cumbre “Bring the Family” y “Slow Turning” de los que salieron algunos de los “momentos” de la noche y que culminó en el primer tema del bis con el “higligth” del concierto, una maravillosa recreación de “Have A Little Faith In Me” que nos puso los pelos de punta y para la que ya nos había preparado con “Feels Like Rain”,
Aparte de erizarnos el vello también nos mostró que sabe rockear de verdad, sonando rocoso y contagioso en “Thing Called Love”,”Menphis In Meantime” o “Show Turning” durante las cuales se nos iban los pies sin remedio encorsetados en nuestras butacas (la única pega del concierto que fuera sentado).
Terminó con “Riding Whit the King” un tema suyo que hicieron famoso B.B.King y Eric Clapton y es lo que tiene ser un artesano de primerísima categoría, que tus canciones se hacen famosas en las versiones (generalmente peores) de otros artistas más famosos.
Es igual, queremos a este John Hiatt que canta “negro”, que canta “blanco”, que lo hace siempre en patrones clásicos pero todo con ese poso de los distintos estilos que ha tocado en su carrera y que esquiva la rigidez de otros cantantes similares.
Uno de esos artistas que nadie calificará de genio, pero el que lo haya visto querrá repetir cada cierto tiempo, como los asistentes a su pase bilbaíno que le despidieron en pie y con una larga, larga y sincera ovación.

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