La Habitación Roja (Sala Hangar) Córdoba 17/11/16

Fotos Raisa McCartney

Al directo de una banda tan solvente como La Habitación Roja se le pueden poner las pegas que el no converso prefiera: Que si no afinan ni aun queriendo, que si suenan monótonos y planos en algunos tramos del concierto, que si la voz de Jorge Martí no llega al mínimo exigible, que si… Que sí, que si nos ponemos tiquismiquis, cualquier argumento en contra sería admisible y hasta respetable, pero la evidencia, aún con estas y otras objeciones, suele ser otra bien diferente. Al menos en esta ocasión, que tampoco difirió mucho de otras en las que las sensaciones fueron similares, con los matices incluidos de los nuevos temas que ahora vienen a tocar. La excusa de la gira de los veinte años de vicisitudes musicales y personales ya se les agotó; la de ahora se llama Sagrado Corazón y, pese a no ser la que más peso puede aducir musicalmente si la comparamos con otras bastante más coherentes, sí es lo suficientemente sólida para disfrutarla en su justa medida. No es poca, añadiríamos.

A los valencianos los trajo a Córdoba por segunda vez en menos de dos años una conocida marca de cerveza, y en la entrevista previa al bolo el propio Jorge nos hablaba de amistad y motivación, las claves de una trayectoria ya longeva en el frágil contenedor de la música independiente hispana, y efectivamente esos parecen ser los puntales de una relación grupal que culminó hace algunos años con la definitiva incorporación del versátil Jordi Sopena a las guitarras y teclados y del histriónico Marc Greenwood a las cuatro cuerdas de un bajo sobresaliente. La base ya estaba formada desde el principio por Pau Roca, Jose Marco y el propio Jorge, el verdadero alma mater de la banda y aglutinador de un sonido últimamente menos identificable, por el giro que han intentado dar a su más reciente entrega, de la que no es el momento ni contexto adecuado para hablar con calma. A lo ya evidenciado en la grabación se suma la vehemencia con la que interpretan el supuesto himno “You gotta be cool”, con toda probabilidad uno de los temas más flojos de los últimamente publicados, la algo más acertada “Sombras en la oscuridad” y la sentimental “Volverás a brillar”. Queda dicho para evitar malas interpretaciones o segundas lecturas: Superan con nota en directo la medianía apuntada en el estudio, mejorando ampliamente los resquicios de pop bailable que se adivinan en “Ahora todo es posible” y en la reivindicación geográfica de “L’Albufera”, solo que esta vez con el micrófono del cantante bajo mínimos en cuanto a sonido, un problema menor cuando la mitad de la sala puede cantar tu propio repertorio con el doble de potencia. Pero tampoco estábamos ahí para poner pegas, que quede claro.

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Sin recurrir a sus primeros hits sino a los más interesantes, “Un día perfecto” y “Posidonia”, por ejemplo, suenan hoy tan frescas como antes, y la potencia de una melodía perfecta como la de “Voy a hacerte recordar” no hay mal sonido que lo arruine. En el tramo central del concierto es cuando los posibles detractores andan más escasos de argumentos, y ahí está la efectividad de “El eje del mal” o incluso “Taxi a Venus”, uno de los que se podría decir clásico reciente precisamente por su calidad de tema “menor” sin vocación de ser nada de eso. “Indestructibles” forma una buena dupla por temática y hechuras con “La moneda en el aire” (esta última de lo más rescatable del anterior disco homónimo), pero antes ya ha sonado “La segunda oportunidad”, espléndida en su amplificación en vivo, y después cierran la primera parte del concierto con “Nuestro momento”, otra de las nuevas, y “De cine”, menos nueva y ya explotada durante la gira de aniversario. No es que falte intensidad en esta, es solo que el material seleccionado no resulta tan explosivo como los anteriores. “24 de marzo” (menos emocionante que la interpretada junto a Zahara) y “Si tú te vas” (innecesariamente empalagosa) cumplen el cupo de baladas antes de culminar en subida con el tono ascendente de, esta vez sí, “La noche se vuelve a encender” y el power pop sobrado de vitaminas de “Febrero”. Pasa lo mismo con “Annapurna” y “Siberia”, que te dan ganas de que la cosa no termine demasiado pronto ahora que definitivamente han vuelto a demostrar que manejan una materia prima de extraordinarias prestaciones. Por eso se van con ese “Ayer” que rememora un álbum casi redondo como Fue Eléctrico, tal vez el que terminó, al menos de momento, con el sello de infalibilidad exhibido hasta entonces por los valencianos.

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La carrera de La Habitación Roja ha quedado engrandecida por una discografía extraordinaria en su mayoría, y cada directo con el que la refrendan es justamente eso, la conmemoración de más de veinte años de canciones grandes hechas por un grupo de amigos de toda la vida, que seguramente nunca imaginaron que un día recorrerían España y parte del extranjero tocando la música que les gusta. Eso, al final, es lo que hará que la historia les haga justicia.

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