Lee Fields & The Expressions (Teatro Lara) Madrid 06/10/16

A priori podría parecer que el lugar no era el más adecuado para verle. El Teatro Lara, habitual para los cicloa de SON Estrella Galicia es un bonito emplazamiento, aunque un patio de butacas y palcos podía frenar toda la carga soul del gran Lee Fields por el aparente condicionamiento que puede suponer el estar sentados y con cierta distancia al escenario.

El variopinto público comentaba ese detalle mientras se hacía larga la espera de verle salir. Pero, afortunadamente, esto supuso una espera recompensada por un muy buen concierto.

The Expressions, que son la banda eje del sello Truth & Soul, abrieron la cita con un instrumental que dio paso a la figura de un Fields con chaqueta roja y camisa blanca que se erigió como un sobrado soulman que manejaba tiempos y registros con una soltura y facilidad evidentes. Con una voz en la que la experiencia ha sabido marcar surcos y matices, el norteamericano se movió en registros en los que las canciones eran colchones bien modulados para sus maneras.

En doce canciones, este señor que, por maneras e imagen, podía recordarte a James Brown o a Little Anthony, supo hacer que la tranquilidad que supone estar en un teatro se dejase de lado para calentar a un público que estaba en sus bolsillos desde que, al empezar, soltase perlas como “You Just Can’t Win”.

Y claro que hubo momentos absolutamente notables. Con una banda medida y bien resuelta, Lee Fields cantó y se movió con clase en títulos como “Don’t Leave Me This Way”, “Money Is King”, “Special Night” o la rotunda “Faithful Man” con la que se despidió de la gente.

Pero ahí no quedó la cosa. Tras los vítores de los fans, salió tras una intro de The Expressions y, cogiendo el micro y enfilando la mirada a todos, hizo de cómplice en una pedida de mano de un fan que aprovechó el momento para hacérselo saber a su chica.

En ese desparrame, que le venía como anillo al dedo, Fields descargó “Last Ride” y “Honey Dove” con la gente de pie y dejando claro que el del soul es un oficio que, curtiéndose en mil trajines, le ha servido para saber tratar de tú a tú las emociones con una voz que sabe muy bien que le han valido todos estos años de permanencia.

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