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ARTÍCULO

Crítica musical en el siglo XXI

Retos del periodismo musical en el nuevo milenio

Crítica musical en el siglo XXI

Enero 2012 - Fidel Oltra

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De un tiempo a esta parte suelo encontrarme con diversos textos, tanto en papel impreso como en Internet, en los que críticos, periodistas y aficionados reflexionan sobre el papel de la crítica musical en los últimos años, y sobre todo sobre su futuro. Un futuro que, según los profesionales del gremio, no parece muy halagüeño. A nadie se le escapa que el momento económico es sumamente complicado, pero la crisis de la industria musical resulta si cabe más grave dado que empezó bastante antes y, además, no tiene pinta de resultar precisamente coyuntural. El periodismo musical, desde cuyo seno se han alzado algunas voces pidiendo la reinvención del negocio de la música, empieza a asumir que también forma parte del mismo y que no puede permanecer impasible ante los nuevos retos que se le plantean a todos los niveles.


NMEPara visualizar hacia dónde podría orientarse la crítica musical en el futuro, tal vez sería conveniente empezar por recordar de dónde viene. Asumiendo que hablamos en todo momento de crítica musical popular, podríamos decir que, como género periodístico más o menos serio, surgió en los 60 como respuesta a un proceso cultural y sociológico que convirtió al rock en algo similar a un arte, un concepto que trascendía lo musical para alcanzar a la literatura (interacción con la generación beat, las letras de Dylan), las artes plásticas (las portadas de los discos, el pop-art), las convenciones sociales (la psicodelia, el hipismo y la contracultura) e incluso la política (la guerra de Vietnam). De repente el rock había dejado de ser un entretenimiento juvenil para convertirse en algo sobre lo que valía la pena escribir y reflexionar, analizar y hacer valoraciones críticas. Algo que tenía implicaciones culturales, sociológicas o incluso filosóficas. Además, a diferencia de lo que ocurría con la crítica sobre jazz o música clásica, el crítico de rock no necesitaba, a priori, realizar sesudas disecciones técnicas sobre el contenido; más bien se trataba de, como dice el gran crítico Simon Reynolds (en palabras tomadas de Nietzsche), “describir el goce”.


MelodyMakerEn algo más de una década se llegó a la época culminante de la crítica y del periodismo musical en general. Desde mediados de los 70 hasta bien entrados los 90 la prensa musical fue el vehículo que ponía en contacto a los jóvenes de todo el mundo con sus artistas favoritos, con la actualidad, con lo que se cocía en el underground. Servía las últimas novedades al tiempo que rebuscaba en los orígenes, analizaba el contexto, dotaba a la breve historia del rock de un timeline y de una cierta coherencia. El crítico musical no sólo tenía la información, además sabía cómo interpretarla y sacar provecho de ella. Se desataban rivalidades (NME vs Melody Maker), se apoyaban y se destruían artistas, se estimulaban escenas, corrientes y géneros (la new wave, el post-punk), o incluso se creaban de la nada (el brit pop o el grunge). Las críticas, las crónicas, los ensayos de cualquier tema relacionado con la música, se convirtieron en productos artísticos en sí mismos, en literatura con todas sus virtudes y también con sus defectos.


Pero entonces llego Internet, y todo cambió. Sería muy fácil decir que la culpa de todo la tiene la piratería, y de hecho ese es el discurso más socorrido para explicar el hundimiento de la industria musical en los últimos años, pero el problema es más profundo y merece una reflexión más prudente. No es posible pasar por alto otros factores que no son objeto de este artículo y que, por ello, resumiré diciendo que si la música (y la cultura en general) es menospreciada y maltratada por los principales poderes mediáticos (incluso dentro de la propia industria), parece una consecuencia lógica que el gran público considere que es algo por lo que no vale la pena pagar si se puede tener gratis sin infringir (de momento) ninguna ley. En cualquier caso, para el tema que nos ocupa, el efecto más importante de la irrupción de Internet como medio masivo de comunicación e interacción entre las personas no fue otro que la democratización del acceso a la información. Pasados los primeros momentos de desconcierto, la entrada en el siglo XXI fue más rápida y menos traumática para los aficionados que para los profesionales que, en buena lógica, deberían sacar más provecho del nuevo invento.


Lo que nos encontramos hoy, empezando la segunda década del siglo XXI, es una generación que se relaciona con la música de una manera muy diferente a como lo hicieron los jóvenes de la era pre-Internet. Dado que los pertenecientes a esa generación son los principales destinatarios del trabajo realizado por los críticos de pop y rock, es fundamental entender su actitud ante la música, sus pretensiones y sus necesidades, para poder plantear una hoja de ruta flexible, útil y duradera.


IPodPara empezar, se hace necesario acotar lo que podríamos llamar el “nicho de mercado” del crítico. No hace falta mencionar que hay mucha gente para la que la música no tiene la menor importancia. Lógicamente, ellos no son el objetivo. Tampoco lo son, lamentablemente, aquellos que consideran la música como otro producto más de consumo rápido, con una repercusión real en sus vidas cercana al cero absoluto. Unos y otros, por distintas razones, difícilmente gastarán un euro en música, y mucho menos en revistas o libros que hablen de ella. Posiblemente bajarán discos de Internet que amontonarán junto a libros, juegos, software de todo tipo, vídeos graciosos, imágenes chocantes… Basura cibernética que jamás aprovecharán. El crítico musical no trabaja para ese tipo de consumidor cuya relación con la música es insípida, indolora y casual, sino para aquellos - esperemos que queden algunos - cuya existencia todavía puede verse afectada por una canción, un disco, un concierto. Aquellos que pueden apreciar ese goce del que hablaba Reynolds, que pueden sentir una irreprimible curiosidad al leer una reseña, que todavía experimentan reacciones casi fisiológicas frente a la música que les gusta o les repele.


Todo lo dicho en el anterior párrafo resultará obvio, pero es un punto de partida necesario para no equivocar el rumbo. ¿Y cuál es el siguiente paso? Bueno, analicemos el entorno en el que se mueve ese consumidor de música al cual se dirige el crítico. ¿Es el mismo entorno de hace 10, 20 ó 30 años? Evidentemente no. La información es, hoy en día, accesible para todo el mundo que sienta una mínima inquietud por buscarla y tenga los medios para hacerlo. Dicho así, parece algo positivo. Y lo es, de hecho, pero también tiene sus implicaciones conflictivas. Internet, Spotify, las radios a la carta, la multiplicación de páginas, webzines, blogs…las redes sociales… Es tanta la información que se le ofrece a un recién llegado, tanta la velocidad a la que se mueve, tanta la prisa que nos contagia dicha velocidad y tanta la atracción (y el estrés) que supone tenerlo todo al alcance de varios clicks, que 60 años de historia de la música popular se nos aparecen como un puzzle por hacer, un tótum revolútum en el que la relación música-tiempo-espacio (el zeitgeist) se disuelve en una especie de caldo primigenio, con el relativismo y la superficialidad campando a sus anchas. Un mundo atractivo, visual e interactivo, pero brutalmente anárquico.


Parece entonces razonable que la misión del crítico sea poner orden en este caos. ¿Cómo hacerlo? Los tiempos del crítico gurú, en mi opinión, han pasado a mejor vida. La generación 2.0 no quiere gurús ni cree necesitarlos. El crítico ya no es el único que tiene acceso a la información, ni siquiera el único capacitado para entenderla, procesarla y sacar conclusiones. Los lectores actuales ya no son elementos pasivos. Sí, muchos de ellos estarán equivocados, harán razonamientos erróneos y tendrán un punto de vista incompleto. Habrá que hacer, pues, pedagogía sin caer en la condescendencia. Bajar del púlpito y predicar no desde la superioridad intelectual ni moral, sino desde la experiencia, el conocimiento, la capacidad para el análisis y el juicio propio. El crítico del siglo XXI, como cualquier artista, periodista, escritor o agitador cultural en general, necesita del contacto con sus lectores/seguidores. Yo diría aún más: puesto que, como hemos comentado, los lectores actuales ya no son pasivos, no sólo se necesita contacto con ellos sino también interacción. Esto es algo que muchos periodistas y críticos han entendido, y por eso hoy podemos encontrar en las redes sociales a algunos que hasta no hace mucho renegaban de ellas.


¿Significa esa interacción una relación de igual a igual entre el crítico y sus lectores? No necesariamente. El crítico aportará siempre un valor añadido al juicio estrictamente musical, una articulación de contenidos y significados que puede abarcar campos adyacentes como la literatura o la sociología, pero también otros más alejados a priori como la filosofía o la psicología. Ofrecerá un criterio contrastado por años de experiencia y, en su caso, estudios. Ya no juzgará o recomendará, al menos no exclusivamente; será también un agitador, un instigador de debates, un provocador. Ahí entrará en juego su propia subjetividad, que deberá enfrentar a la de sus lectores con argumentos razonados y documentados, pero de forma interactiva. Será, pues, un crítico creador de debates más que de tendencias, incorporando a dichos debates un canon razonado que sus lectores, una vez constatada su afinidad con ellos, valorarán en su justa medida.


SpotifyNo es baladí la mención a la afinidad con el lector. Y es algo que deseo explicar, puesto que de lo contrario parecerá que estoy instando a los críticos a que caigan bien, sean simpáticos o le den la razón siempre a todo el mundo. Nada más lejos de la realidad. La afinidad, entendida como una fidelización de lectores, es imprescindible en estos tiempos donde la posible audiencia está tan fragmentada como la propia escena musical. Hoy en día es inútil intentar llegar a audiencias millonarias como lo hacían las revistas más vendidas de los 70 y los 80. La oferta masiva de información lo hace imposible, tal como sucede con las cadenas de televisión. Lo que tenemos en la actualidad es un sinfín de canales musicales de todo tipo, cada uno de los cuales ha de desarrollar una personalidad que lo distinga del resto en la medida de lo posible. La palabra clave seguramente es especialización. El destinatario tiene hoy, por primera vez en la historia, la posibilidad de elegir los canales por los que recibe la información, y es de suponer que escogerá aquellos que estén más en sintonía con sus intereses. Dado que para alguien que empieza es un esfuerzo baldío salir a perseguir lectores, parece más práctico centrarse en labrarse un prestigio a través de la defensa de un criterio personal (y argumentado, como siempre) y esperar. Sí, cierto, es una táctica de blog, y sí, también es cierto que será difícil que con esa falta de pretensiones uno pueda aspirar a vivir de esto a corto plazo, pero es que muy poca gente vive exclusivamente de esto, seamos realistas.


Para finalizar, otra palabra clave: inmediatez. La inmediatez es el caballo de batalla del crítico 2.0. Hoy en día cuando un disco llega a la redacción, aunque sea semanas antes de salir al mercado, centenares o miles de aficionados ya lo han escuchado y se han formado sus propios juicios al respecto. Los cauces habituales se han vuelto lentos y encorsetados. Los discos “envejecen” a un ritmo nunca visto antes, y no tiene ya mucho sentido reseñar un álbum de cierta importancia meses después de su lanzamiento. El crítico ha de entrar en la discusión en tiempo real. Los medios de papel, con sus crónicas de conciertos y festivales celebrados dos meses antes, han tomado buena nota de ello, de manera que hoy ya no existe ningún medio escrito que no tenga presencia (algunos ya de manera exclusiva) en Internet. El campo de batalla donde se ganará el prestigio y la fidelidad es el día a día, y los que resulten vencedores podrán tal vez, en un futuro, permitirse el lujo de proponer el ritmo al que sus lectores deban moverse con ellos.

OPINIONES
MZK_Guest MZK_GUEST - 01/02/2012
muy grande
MZK_Guest MZK_GUEST - 01/02/2012
amén
MZK_Guest MZK_GUEST - 01/02/2012
hay muchas cosas que leo aquí que echo de menos en muzikalia, pero aún así, gracias por este tipo de artículos
MZK_Guest MZK_GUEST - 01/02/2012
Muy buen artículo. Totalmente de acuerdo en que se han acabado los críticos gurús al estilo de radio 3 o rockdelux. Roberto.
MZK_Guest MZK_GUEST - 01/02/2012
Y no entiendo el comentario del que dice echar de menos ciertas de esas cosas en muzikalia. ¿no será que han puesto a parir un disco que te gusta? Argumentos... Roberto.
david claud DAVID CLAUD - 01/02/2012
GRAN REPORTAJE!! ME HA ENCANTADO!

Veremos a ver en que acaba todo esto... Nosotros seguiremos jugando mientras nos dejen!

Abrazos
MZK_Guest MZK_GUEST - 01/02/2012
Me ha interesado tu artículo, pero me gustaría hacerte algunas precisiones:
Walter Benjamin publicó sus Trece tesis sobre la crítica (de literatura) en 1928. Creo que entonces no existía Internet y la función de la crítica era la misma que la que debería ser hoy. Exactamente la misma. Otra cosa es que muchos críticos no hayan sido capaces de convertirse en "estrategas en el combate musical".
No puedo estar de acuerdo con esa importancia que concedes a la "inmediatez". No es posible abrir un verdadero debate crítico apegado a la inmediatez. Si algo necesita un buen aficionado a la música es que le ayuden a rescatar del lodazal comercial aquello que merece la pena. Si hay algo más que necesita de un crítico es ese "debate" que mencionas. La inmediatez es una necesidad creada por la industria cultural y por los nuevos medios, pero el arte camina a su antojo, a su ritmo.
Por último, me gustaría precisar que el lector, el oyente, siempre ha sido activo. Indefectiblemente. Tenga o no tenga blog, se descargue o no la música antes que el crítico. Uno recrea la obra valiéndose de las referencias de las que se ha alimentado, las que conforman el gusto.
Las trece tesis de Walter Benjamin:
1. El crítico es un estratega en el combate literario.
2. Quien no pueda tomar partido, debe callar.
3. El crítico nada tiene que ver con el exégeta de épocas artísticas pasadas.
4. La crítica debe hablar el lenguaje de los artistas. Pues los conceptos del cénacle son consignas. Y sólo en las consignas resuena el grito de combate.
5. La ‘objetividad’ deberá sacrificarse siempre al espíritu de partido cuando la causa de combate merezca realmente la pena.
6. La crítica es una cuestión moral. Si Goethe no comprendió a Hölderlin ni a Kleistm ni a Beethoven y Jean Paul, esto no atañe a su comprensión del arte, sino a su moral.
7. Para el crítico, sus colegas son la instancia suprema. No el público. Y mucho menos la posteridad.
8. La posteridad olvida o enaltece. Sólo el crítico juzga en presencia del autor.
9. Polémica significa destruir un libro citando unas cuantas de sus frases. Cuanto menos se lo haya estudiado, mejor. Sólo quien pueda destruir podrá criticar.
10. La verdadera polémica aborda un libro con la misma ternura con que un caníbal se guisa un lactante.
11. El entusiasmo artístico le es ajeno al crítico. En sus manos, la obra de arte es el arma blanca en el combate de los espíritus.
12. El arte del crítico in nuce: acuñar consignas sin traicionar las ideas. Las consignas de una crítica insuficiente malbaratan el pensamiento en aras de la moda.
13. El público deberá padecer siempre injusticias y, no obstante, sentirse siempre representado por el crítico.
fidelon FIDELON - 01/02/2012
Las tesis de Benjamin son muy interesantes, y el tema daría para un debate que aquí no hay espacio para desarrollar, pero de momento diría que encuentro sustanciales diferencias entre la crítica literaria y la musical, y que no creo que una reflexión hecha en 1928 sirva al 100% (aunque hay bastantes conceptos aplicables) para la época actual.
Blackdecker BLACKDECKER - 01/02/2012
Interesantes las normas de Benjamin.

Uno de los problemas principales que encuentro en esta historia son mis cinco años estudiando periodismo... para que luego todo el mundo pueda practicarlo a sus anchas, regodeándose el personal que para practicar no hacen falta títulos. Entenderéis que ese, para mi, es uno de los errores principales de toda esta historia. Se le llama intromisión o intrusismo.
La crítica es una disciplina/modalidad o género que se estudia, en las asignaturas de redacción periodística.
A mi no se me ocurrirá nunca operar, pilotar un avión o levantar una casa, dar clases, analizar el agua, lo que sea...
El problema de la crítica es que la gente que la practica no lo hace con la ciencia debida.
Pasa lo mismo con la prensa. Antes se salia a la calle a buscar la información. Ahora uno espera a que la información vaya a la redacción por la vía del disco solicitado. La llamada del cliente. Como queráis llamarle.
Así antes la crítica era una herramienta y el crítico, siguiendo unos baremos y unos pasos, no se casaba con nadie. Daba duro a quién fuera. Y se casaba poco.
Lo mismo ocurría con el periodismo. Ahora todo el mundo está a la que salta, con el cazo en ristre para ver que pilla.
Y así hemos ido matando esto.
Evidentemente, el público se lava las manos. Y deserta.

Pues eso...
fidelon FIDELON - 01/02/2012
Tienes parte de razón, Black, y ese sería otro debate interesante si tuviéramos espacio y tiempo. Y por si acaso por la parte que me toca puntualizo que el artículo representa simplemente mi opinión particular como profesional de la informática con 40 años de afición a la música y 5 de colaborador en Muzikalia, no como profesional del periodismo ni de la crítica, que ni lo soy ni intento pasar por ello.
Blackdecker BLACKDECKER - 01/02/2012
En absoluto se trata de una crítica a tu labor..
Vamos, faltaría.
Tienes todo mi respeto.
La reflexión iba dedicado a un mundo que se va hundiendo por una falta total de perspectiva.
Un abrazo
MZK_Guest MZK_GUEST - 01/02/2012
Fidelon:
no encuentro ninguna diferencia a la hora de ejercer la crítica cultural (sea el lenguaje que sea). Gusto estético + dominio de la escritura + sólida formación especializada + sólida formación multidisciplinar (artes plásticas, literatura, cine, música, ciencias sociales, filosofía...) + valentía + independencia= excelente crítico/a.
Blackdecker:
entiendo tu rabia por el estado de la cuestión en lo que concierne al periodismo (yo también lo he sufrido). Sin embargo, no estoy de acuerdo contigo en que el ejercicio de la crítica deba corresponder de manera preferente a los profesionales del periodismo. De hecho, la mayoría de buenos críticos que conocemos no son periodistas y el haber cursado una asignatura de crítica no te pone en situación, ni de lejos, para ejercerla. Hay buenos críticos periodistas, pero los hay también magníficos que son profesores o músicos. No hay ningún área de conocimiento que te pueda enseñar a hacer buena crítica. Lo único que puede ayudarte a educar el gusto estético son miles de horas de lectura/escuchas/conciertos, etc.
Un abrazo
Blackdecker BLACKDECKER - 02/02/2012
Discrepo totalmente. El uso de las palabras las carga el diablo. Tu hablas de "rabia", primer error. Hay que saber utilizar las palabras. No es rabia lo que siento. Decepción, si acaso. A partir de aquí puedes discrepar lo que quieras...
Dos, lo más importante... el periodismo NO (solo) es OPINIÓN. es INFORMACIÓN. Ese es el principal problema. Todo el mundo se cree con derecho a opinar, sin importarle su formación (no te lo tomes personalmente, Fidel, porque no te incluye, por favor), todo el mundo tiene que hablar., vivimos una auténtica dictadura de la opinión. Da igual que lo que digas. En la facultad nos enseñaban a medir el impacto de una noticia por bits de información. La mayoría de artículos de opinión no tienen ninguna carga de información. Zero. A partir de ahí...

El artículo de opinión se monta al reportaje. Me ha hecho gracia que alguien hablara de reportaje.
El reportaje (y de ahí mi decepción) implica que el periodista va a la calle y busca sus fuentes. Eso es periodismo e información. Yo es lo que quiero saber de una noticia, lo que ha pasado y que me lo expliquen sus protagonistas.
Y no me extiendo más.
Las palabras del último comentario siguen extendiendo la leyenda urbana del periodismo. Si tienes formación, ya puedes ejercer. He trabajado muchos años en una farmacia. Podría ponerme de farmacéutico, pero no lo hago.
Pues eso

fidelon FIDELON - 02/02/2012
MZK_Guest: de acuerdo en lo de la formación necesaria para ejercer correctamente la crítica, con independencia del objeto de esta, pero entenderás que no puede tener el mismo discurso la crítica literaria de finales del XIX que la crítica de rock de finales de los 60, por ejemplo. En cualquier caso mi opinión no iba dirigida a las formas del crítico, ni a su formación ni a su bagaje, sino a sus canales de comunicación y su función en unos tiempos que me concederás que no tienen nada que ver con los inicios del siglo pasado.

Black: de acuerdo totalmente en que el periodismo no es solo opinión sino también información. Pero en la actualidad, en mi opinión, tampoco puede ser solo información sin opinión. Parte de mi reflexión iba en ese sentido: si la información hoy está al alcance de todo el mundo, el valor añadido que el crítico (o el periodista, si quieres) ofrece es su opinión autorizada. Y en ese punto creo que coincidimos absolutamente: AUTORIZADA.
MZK_Guest MZK_GUEST - 02/02/2012
muy majo todo
MZK_Guest MZK_GUEST - 02/02/2012
no se si os puede aportar algo, fidelon y blacknoseque, pero en una crítica musical - como en una crítica literaria o de cine o de futbol - lo que debería valorarse no es tanto la información (que, a menos que sea algo muy de "insider", suele estar en wikipedia) ni mucho menos la opinión. Opiniones ya hay demasiadas! Lo que se aprecia en una crítica es tener la visión de alguien con sensibilidad e inteligencia, que vea las cosas de una manera menos superficial que la media del personal. Y que sea capaz de escribir correctamente, claro (ojalá pudiera yo, leñe).

Y todo eso no es patrimonio de periodistas, ni de nadie en particular, y por seo puede hacerlo y lo hace el primero que pasa por ahí y sabe hacerlo bien.
Blackdecker BLACKDECKER - 03/02/2012
Información y opinión deben separarse. Eso es lo que nos enseñaron el clase. Por una cuestión de objetividad. Parece ser que sólo es posible según nos dé el aire. En otros casos, parece que es imposible imponerla. Siempre, según nos de el aire.
En el campo musical resulta una tarea difícil. Pero, para eso está la investigación, el trabajo de campo, las entrevistas. Las cinco W famosas que pueden aplicarse a cualquier trabajo.
Qué diferente hubiera quedado si en lugar de artículo de opinión hubieras probado con el reportaje. Por ejemplo, descubrir que mecanismos utiliza el crítico para redactar un comentario. En que se basa, como lo enfoca, etc...
fidelon FIDELON - 03/02/2012
Información y opinión no pueden separarse siempre en el periodismo musical, en mi modesta y poco académica opinión. Informar de que Estopa y Damien Jurado sacan disco lo puede hacer cualquiera que sepa leer y reciba los boletines de las discográficas; poner en valor los respectivos lanzamientos necesita echar mano de la opinión. Dejando claro que para opinar con seriedad primero hay que investigar y trabajar, por supuesto.

Respecto al reportaje que comentas...bueno, te puedo adelantar que voy detrás de algo que no es exactamente lo mismo que tú propones, pero se le parece.

Abrazos
MZK_Guest MZK_GUEST - 03/02/2012
Comparto la visión de Blackdecker. Información y opinión van siempre separados; para eso están los géneros. Si hablamos de medios de comunicación es imposible que bien sean 100% información o bien 100% opinión (esto sería un panfleto). Llevar un medio de comunicación consiste precisamente en conjugar y alternar los espacios de información con los de opinión. Y hacer información no es "clavar" una nota de prensa, ni mucho menos (aunque se haga a menudo). Es buscar fuentes alternativas, autorizadas, o contrastantes para completar esa información.
En muchos medios musicales he visto demasiadas veces "calcar" literalmente la hoja promocional de los discos que envían a redacción (lo se porque yo también recibo esas hojas promocionales). Eso NO es información, ni periodismo, por eso no tiene ningún valor. Ahora, opinión tienen toda la que quieras; la de las promotora / discográfica / manager que las redacta... pero firmada por un/a "crítica musical".
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