RESEÑA DISCO
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Doves - The Last BroadcastHeavenly |
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20 de Mayo de 2002 - Jesús Marcos
Cuentan que durante el proceso de grabación de The Last Broadcastse organizaba una fiesta en la angosta oficina londinense del sello Heavenly cada vez que Doves finalizaba un tema. Reunión ebria entre amigos y conocidos y miembros de la banda para ir escuchando con cuentagotas cada una de las canciones que, finalmente, se han publicado juntas este mes de abril. Imagino cómo serían esas juergas alrededor de cada canción que llegaba, todavía caliente del estudio, y me divierte pensar que el resultado final de la fiesta –las hay buenas, extraordinarias, aburridas, explosivas, tristes...- dependía de la calidad de la canción.
Imagino un alegre festín con alcohol (cervezas, vodka, algo de whiskey) y amigables conversaciones para escuchar “Words”, que abre el álbum con un potente y cuidado riff de guitarra que despierta al rock después de una siniestra y misteriosa “Intro” de preparación (¿Por qué esa tendencia a hacer intros siniestras y misteriosas?). Si la cosa iba bien, incluso alguno acabaría tarareando el estribillo o acompañando la voz doblada de los párrafos con un “la la la...”. Algo parecido ocurriría con “Pounding” –perfecta en intensidad para abrir un concierto- y, en menor medida, con “N.Y.”, que engaña con un descarado inicio de rock setentero del que nos hemos olvidado cuando reaparece al final de la canción.
Las siguientes presentaciones en el cuartel general de Heavenly serían un poco más tranquilas: más cerveza, un poco de hachís y todos bien sentaditos en sillones, sillas, mesas de oficina o en el suelo. Mientras son capaces de sacarse de la manga con fragilidad y delicadeza una magnífica versión de “M62” (King Crimson), los coros gospel de “Satellites” y la austeridad de “Friday´s dust” acabarían tapados por las conversaciones. Demasiada tensión y sobriedad para tan poca chicha.
A la mañana siguiente se comenta siempre la fiesta del día anterior. Y se empiezan a oír comentarios que emparentan a Doves con My Bloody Valentine o, ¡Atención!, New Order. Quizás la resaca pudo más que el recuerdo vivo de lo que sonaba, porque ni de lejos se acercan ni a unos ni a otros. Los más envidiosos (¿rivales de otras discográficas?) hablan de U2, pero ya está ahí el grupo para reconocer que “su música no se parece en nada a la de los U jodidos 2”. Y aunque a veces a uno le vienen a la cabeza los “delays” de The Edge en ciertas canciones, hay que reconocer que tienen razón, ¿por qué no decirlo?
Y siguen las celebraciones. En una de esas noches, me gusta pensar que en varias noches consecutivas, se fue escuchando lo que en mi opinión es lo mejor de este The Last Broadcast. Empezando por su primer single, “There goes the fear”, un diamante en bruto que empieza recordando a The Smiths (sí, a estos sí) y acaba sonando a gloria. Un perfecto juego de intensidades en el que una guitarra traviesa y luminosa es la base de las estrofas y el estribillo suena tan épico como cercano. Aquí sí, las chicas empezarían a bailar sobre las mesas y los chicos a seducirlas como los amantes de antes.
Y así acabarían descubriendo la canción que titula el disco, “Last broadcast”, otro acierto, otro gol. La voz de súplica y el ambiente desértico, casi tejano, sobre esos coros femeninos que recorren la canción como acariciándola. Perfecta, para llorar.
Y así se completaría un muy buen disco que merece la pena escuchar con detenimiento para rescatar tres o cuatro momentos estelares.
La grabación ha terminado, las fiestas se han acabado. Nadie duda de que el nuevo disco de Doves va a pegar fuerte (yo sí). Me equivoco. Sale a la venta en abril y entra directamente al número uno en las listas británicas. New Musical Express les da la portada, les alaba, les adora y les compara con (Oh, Dios, no) Radiohead: “Los nuevos Radiohead”. Inglaterra ha encontrado a su nueva gran banda y, pese a que parecen aportar algo más que sus colegas Travis, Stereophonics o Coldplay, nosotros tendremos que conformarnos con esto. Los días de Definetely Maybe, “Dog Man Star o Parklife se acabaron. Tendremos que seguir mirando a Escocia...
Imagino un alegre festín con alcohol (cervezas, vodka, algo de whiskey) y amigables conversaciones para escuchar “Words”, que abre el álbum con un potente y cuidado riff de guitarra que despierta al rock después de una siniestra y misteriosa “Intro” de preparación (¿Por qué esa tendencia a hacer intros siniestras y misteriosas?). Si la cosa iba bien, incluso alguno acabaría tarareando el estribillo o acompañando la voz doblada de los párrafos con un “la la la...”. Algo parecido ocurriría con “Pounding” –perfecta en intensidad para abrir un concierto- y, en menor medida, con “N.Y.”, que engaña con un descarado inicio de rock setentero del que nos hemos olvidado cuando reaparece al final de la canción.
Las siguientes presentaciones en el cuartel general de Heavenly serían un poco más tranquilas: más cerveza, un poco de hachís y todos bien sentaditos en sillones, sillas, mesas de oficina o en el suelo. Mientras son capaces de sacarse de la manga con fragilidad y delicadeza una magnífica versión de “M62” (King Crimson), los coros gospel de “Satellites” y la austeridad de “Friday´s dust” acabarían tapados por las conversaciones. Demasiada tensión y sobriedad para tan poca chicha.
A la mañana siguiente se comenta siempre la fiesta del día anterior. Y se empiezan a oír comentarios que emparentan a Doves con My Bloody Valentine o, ¡Atención!, New Order. Quizás la resaca pudo más que el recuerdo vivo de lo que sonaba, porque ni de lejos se acercan ni a unos ni a otros. Los más envidiosos (¿rivales de otras discográficas?) hablan de U2, pero ya está ahí el grupo para reconocer que “su música no se parece en nada a la de los U jodidos 2”. Y aunque a veces a uno le vienen a la cabeza los “delays” de The Edge en ciertas canciones, hay que reconocer que tienen razón, ¿por qué no decirlo?
Y siguen las celebraciones. En una de esas noches, me gusta pensar que en varias noches consecutivas, se fue escuchando lo que en mi opinión es lo mejor de este The Last Broadcast. Empezando por su primer single, “There goes the fear”, un diamante en bruto que empieza recordando a The Smiths (sí, a estos sí) y acaba sonando a gloria. Un perfecto juego de intensidades en el que una guitarra traviesa y luminosa es la base de las estrofas y el estribillo suena tan épico como cercano. Aquí sí, las chicas empezarían a bailar sobre las mesas y los chicos a seducirlas como los amantes de antes.
Y así acabarían descubriendo la canción que titula el disco, “Last broadcast”, otro acierto, otro gol. La voz de súplica y el ambiente desértico, casi tejano, sobre esos coros femeninos que recorren la canción como acariciándola. Perfecta, para llorar.
Y así se completaría un muy buen disco que merece la pena escuchar con detenimiento para rescatar tres o cuatro momentos estelares.
La grabación ha terminado, las fiestas se han acabado. Nadie duda de que el nuevo disco de Doves va a pegar fuerte (yo sí). Me equivoco. Sale a la venta en abril y entra directamente al número uno en las listas británicas. New Musical Express les da la portada, les alaba, les adora y les compara con (Oh, Dios, no) Radiohead: “Los nuevos Radiohead”. Inglaterra ha encontrado a su nueva gran banda y, pese a que parecen aportar algo más que sus colegas Travis, Stereophonics o Coldplay, nosotros tendremos que conformarnos con esto. Los días de Definetely Maybe, “Dog Man Star o Parklife se acabaron. Tendremos que seguir mirando a Escocia...
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