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Junio 2004
Sonar 2004
Uno de los festivales más importantes de Europa en Muzikalia
Redactor: Eloy Pardo
A un festival tan paradógico como el Sónar hay que acudir con todos los canales sensoriales abiertos. Mirar, escuchar, observar, pasear, analizar, en suma. Un programa de mano y una lectura previa de las reseñas de los artistas que actúan en el festival resulta imprescindible para deambular con un norte y un sur, un este y un oeste. Cosa ésta que sólo una minoría ejerce, para desgracia de la excelsa cura organizativa que caracteriza al Sónar. El festival llena, y hace años se dijo que el CCCB se había quedado pequeño. Ahora se insiste en que es un lugar idóneo –por su belleza, lo es-, y que el año que viene se seguirá allí. Pero no hay lógica en que 16 000 personas puedan caber entre la pequeña plaça dels Angels, el CCCB y el MACBA. Colas, suciedad, caos auditivo, confusión sonora... Sonar de día, antaño reservado para los no adictos a su versión de noche, es ya la continuación lógica de un espectáculo que, por desgracia, es el único foco de atención mundial de Barcelona para muchos extranjeros que vienen a la ciudad. Pero lo cierto es que, en el Sonar, es posible disfrutar de las auténticas vanguardias musicales, de la verdadera modernidad, incluso política y social en algunos aspectos artísticos, que no humanos. Paradoja: un público mayoritariamente primario, bien integrado en los valores del sistema, en un festival de interés cultural máximo que ofrece uno de los carteles más arriesgados del mundo, con sólo uno o dos enganches populares. Romper una lanza a favor del público español presente en el Sonar es hacer justicia: de ellos eran los comentarios interesantes, a ellos se debían muchos de los músicos que nunca tocan por aquí y que sentían que para muchos era todo un lujo presenciarles (caso de
Kid Koala,
Madlib o
Pan Sonic). Cultivar al público local más cuerdo, a un público cuerdo en general –minoritario pero en crecimiento-, es la línea a seguir. Además, el apartado videográfico de este año ha contado con excepcionales trabajos (
No Domain, de Venezuela, netamente) que han ayudado a dar empaque a muchas actuaciones. Pura vanguardia visual para educar los sentidos hacia direcciones racionales, de contenido abierto y creativo.
Para disfrutar del festival hay dos opciones. O bien dejarse llevar por el aspecto dionisíaco (o una competición de tres días contra el sueño y la lógica: la opción mayoritaria), o bien armarse de paciencia con tal de poder abstraerse de parte del ambiente reinante y así meterse plenamente en la música. Por fortuna, hay un aliado: lo que le aburre a la mayoría –porque no ofrece un placer auditivo fácil o inmedito- suele ser lo más interesante: y no son pocas las actuaciones interesantes; son demasiadas. Cuando se presencia uno de estos conciertos, es posible disfrutarlo junto con gente normal, que ve el concierto de pie, con el móvil apagado, sin hablar demasiado, por mor de faltar al respeto de la música. Esto hace del Sónar algo que merece mucho la pena, en suma. ¿Festival de música electrónica? Y de cine, informática, conferencias, una notable feria discográfica. Y de música hecha con guitarras –felizmente muy presentes este año, junto a los ordenadores que las potencian-de estilos como el funk, el hip hop, el Dj’ing avanzado y humanizado. Además, por segundo año consecutivo, también hubo música clásica: en el Auditori se interpretaron temas de
Bach,
Prokofiev o
Dvórak con alguna modificación electrónica por parte de
Fennesz,
Ryuichi Sakamoto y
Pan Sonic (éstos incluso fueron interpretados en clave clásica por la
OCB). Y, ciertamente, la electrónica dance vive una época de parón creativo. Pero en este género hay artistas muy interesantes y clásicos que jamás han pisado el Sónar, en beneficio de unos DJ’s y músicos conservadores que año tras año repiten su actuación. Sustituir a los anodinos
Carl Cox,
Miss Kittin o
DJ Hell, o a los repetitivos
Richie Hawtin o
Jeff Mills, por
Model 500,
Blaze,
Two Lone Swordsmen o
Underground Resistance sería todo un progreso. Se ha perdido la playa, pero se puede ganar mucho todavía, en este aspecto.