


![]() |
Chad Van Gaalen
Casi tan doloroso como perderme a Damien Jurado me resultó no llegar a tiempo para The New Year (esas no son horas!) y Alela Diane, los cuales, además, parece ser que clavaron sus actuaciones. Llegué a tiempo, eso sí, para sorprenderme con la propuesta de Chad Van Gaalen con una banda de guitarras, bajo y batería al uso, al que hacía un tipo íntimo y cándido sobre el escenario pero al que el sábado le dio por la vena más roquera. Aunque la verdad es que no sé por qué me sorprendió: muestra tantos registros en sus discos el canadiense, que lo mismo le podría haber dado por ahí, que por el folk puro o por los sintetizadores. Para muestra, su último disco, Soft airplane (Sub Pop, 2009), una amalgama de estilos que a veces peca de eso mismo: de tener demasiados.

No creo que el escenario Rockdelux a las seis de la tarde fuera el lugar para Van Gaalen, al que probablemente las distancias cortas le sienten mucho mejor. No se dejó amilanar, pero se le notó sin demasiadas ganas, aunque, aún con el sol tostándole la cara durante todo el concierto y ante un público un tanto pasota con su propuesta, demostró que tiene una voz prodigiosa, que el rock no le sienta mal del todo, que "Willow tree" (con ukulele incluido) suena deliciosa también en directo y que es un tío solvente (aunque bastante serio) al que le faltó demostrar que es capaz de algo más que lo que vimos en directo. Raquel García
Kitty, Daisy & Lewis
El glamour y el estilazo de esta edición del Primavera Sound lo pusieron, sin lugar a dudas, los hermanos Durham que, aterrizados en el dos mil nueve desde los lejanos años cincuenta, se presentaban para llevar su mensaje de rock’n’roll al mundo. Más concretamente al escenario Ray-Ban Vice. Con su arsenal de instrumentos vintage (todos analógicos, todos de la época) y acompañados sobre el escenario por papá Durham (a la guitarra) y mamá Durham (al contrabajo), los jovencísimos Kitty, Daisy & Lewis demostraron que han bebido rock’n’roll desde la cuna y saltaron de un instrumento a otro para llevarnos con ellos a ritmo de doo-wap, rockabilly y rocknroll a un viaje por esos coloristas institutos americanos de los años cincuenta que en tantas películas hemos visto representados. Armónica, guitarras, batería, acordeón, teclado... ningún instrumento escapa a estos chavalines londinenses, que amenizaron la tarde y sorprendieron a muchos empezando el concierto, impecablemente ataviados como corresponde, para presentar su disco homónimo, una mezcla de canciones propias y versiones. A veces se les veía un poco forzados, es cierto, pero de cualquier forma desenvueltos y eficientes. Lástima que el sonido fuera mas bien malo y que todo se escuchara embrollado y opaco, porque ver a Daisy tocar la batería, a mamá contonearse al contrabajo y al figurín Lewis aporrear los teclados es una imagen de un surrealismo tal entre tanta distorsión y tanto decibelio, que te daban ganas de llevarte a toda la familia a casa como si de un souvenir estrambótico se tratase.Raquel García
Herman Dune
Herman Dune son un bálsamo para los oídos sangrantes y los cerebros reblandecidos por el volumen. Una dosis extra de proximidad, de simpatía y de buenas vibraciones. Siempre son una garantía de buen concierto (unas veces más inspirado que otras, es cierto) y en el escenario Rockdelux, el sábado, lo volvió a ser. Apareció David-Ivar para interpretar sólo a la guitarra “When the sun rose up this morning”. Y entonces dio paso a su hermanoNéman a la batería y percusiones (con nuevo y elegante look bigotudo) para completar un set que hizo las delicias de los fans y resultó vagamente entretenido al resto (algunos parece que se aburrieron, a juzgar por las charlas que se desarrollaban a escasos metros del escenario). Repasaron el Next year in zion (Everloving, 2009) y recuperaron algunos temas de sus trabajos anteriores.

Y aunque se echaron de menos algunos temas como “Not on top”, la voz de David-Ivar siempre es una delicia y ver tocar la batería a Néman siempre es divertido. Y así, hasta el crío de dos años hacía air guitar con Herman Dune y se lo pasaba tan bien como nosotros. Como siempre, bien. Raquel García
Neil Young
No quiero extenderme en tópicos grandilocuentes porque en la crítica de este concierto, cabe cualquier epíteto grandioso en ensalce la figura mítica y merecidamente intocable de Neil Young. Puente entre la tradición rockera de los 60 y 70 y la escena actual, padre espiritual del grunge, origen del ruidismo, el canadiense es imprescindible y el en Primavera, un festival rendido a sus pies desde la organización y los grupos hasta el público, lo demostró. Menudo arsenal de canciones, de guitarras, de coros, de melodías, de riffs, de experiencia, de fuerza… inigualable.

Comenzó con “Mansion On The Hill” y “Hey Hey, My My (Into the Black)”, fue aumentado el voltaje y la rabiacon “Pocahontas” y “Cinnamon Girl”, sacó su lado sensible y nos emocionó con unas perfectas “Heart Of Gold” y “Down By The River” y cerró apoteósico con “Rockin’ In The Free World” y “A Day in the Life”. Por cierto, de agradecer el detalle de la organización de no hacer coincidir a Neil Young con nadie, no era para menos. Iñaki Espejo-Saavedra
Liars
Poco queda de aquellos Liars que maravillaban extendido los límites del rock y rozando la experimentación en cada disco. El tiempo les ha serenado, por lo menos en cuanto a álbumes se refiere, porque en concierto, siguen siendo pura dinamita. Angus salió al escenario desatado y firmó una de las actuaciones más pasionales de un festival que muy al estilo BCN, se ha caracterizado por conciertos comedidos y actitudes contenidas (no estoy hablando de los Wavves).

Liars usaron las canciones más potentes de su repertorio y fueron basculando hacia la psicodelia fue conectando a la perfección con un público que bailó hasta enloquecer, sobre todo cuando Angus se quedó prácticamente desnudo. Iñaki Espejo-Saavedra
Sonic Youth
Sonic Youth no desentonaron ni un ápice en un escenario que acababa de ver Neil Young. Rejuvenecidos con su nueva formación de quintento (han incorporado Mark Ibold, ex bajista de Pavement) y plenos de fuerza, los neoyorquinos presentaron su próximo disco, The Eternal, intercalándolo con varios temas clásicos, sobre todo del Daydream Nation (“Cross the Breeze”, “Bull in the Heather”). El nuevo trabajo de Sonic Youth tiene una pinta increíble, canciones cortas, contagiosas y alejadas de experimentaciones que como “What We Know”, en concierto se convirten en descargas sencillas y directas. Quizás se echó de menos escuchar otro repertorio (el Daydream ya lo han tocado en el Primavera), pero en cualquier caso, una gran actuación. Iñaki Espejo-Saavedra
Simian Mobile Disco
Hay que reconocer al FIB y a los Chemical Brothers la creación de una tradición dentro del universo festivalero, la del grupo techno programado a última hora del día grande y llamado a reventar el festival. Los propios Chemical fueron los precursores, 2 Many Djs les sustituyeron una efímera temporada, Daft Punk lo intentaron en su resurrección en el Summercase y Justice se licenciaron con nota en el FIB del año pasado. En el Primavera Sound 2009, Simian Mobile Disco estaban llamados a desempeñar ese papel pero fracasaron estrepitosamente con una apuesta durísima y bailable en proporción a la química que portara tu sangre. Una pena porque podría haber sido un fin de fiesta estupendo. Iñaki Espejo-Saavedra