Alex Chilton: In MemoriamRendimos nuestro particular homenaje al artista norteamericano recientemente desaparecido |
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Marzo 2010 - Fidel Oltra
Alex Chilton
El de Alex Chilton es uno de esos nombres con los que, invariablemente, acaba tropezando todo aquel que sienta una mínima curiosidad por el pasado de la música. No importa si abrazaste el pop en los 80 o en los 90, si lo hiciste de la mano de Robyn Hitchcock o de las Bangles, de Replacements o de Teenage Fanclub, de los Posies o de Oasis, de REM o de Matthew Sweet; lo habitual es que al final del hilo, cuando la madeja empieza a acabarse, uno se encuentre con los nombres de Chilton y de su banda por excelencia: Big Star.

En mi caso no fue una excepción. Mi punto de partida fueron los Teenage Fanclub; el destino, por suerte o por desgracia, el Third / Sister lovers. Por supuesto ya conocía las inmortales canciones “September gurls” y “The letter”, sí, pero mi primer contacto con un disco completo de Chilton y sus Big Star fue con su álbum maldito de 1978. El mismo disco que, ninguneado por la industria y maltratado por el propio Alex Chilton, estuvo discurriendo de mano en mano y de boca en boca entre los años que transcurrieron entre su grabación y su lanzamiento definitivo, cuando la banda ya no existía. En su versión pirata, claro está: viejas y gastadas cintas de cassette, con diversos títulos y con las canciones en secuencias totalmente distintas, que contribuyeron a crear el mito de un grupo que llegó a alcanzar tal status sin apenas grabar discos ni dar demasiados conciertos.
Enamorado de “September gurls”, y con la carta de recomendación de Teenage Fanclub bajo el brazo, Sister lovers me supuso un jarro de agua fría la primera vez que lo escuché. ¿Dónde estaban las melodías, la felicidad, el pop, la frescura juvenil? Ciertamente algo de todo aquello se podía encontrar en las guitarras jangle de “Jesus Christ”, en la melodía de “Kizza me”, en el arranque de “Thank you friends”…pero… ¿Por qué sonaba todo tan melancólico, tan amargo, tan desganado? Desde luego canciones tan oscuras como “Big black car” o la versión de “Femme fatale” no eran lo que yo esperaba del grupo que, según me había hartado de leer y escuchar, mantuvieron viva la llama del pop durante los primeros 70, salvándola de la indiferencia y el fracaso hippie, de los embates del hard rock, de los excesos instrumentales del rock progresivo y de los no menos excesivos colorines del glam. Es más, buena parte de los críticos musicales aseguraban que Big Star prácticamente habían inventado un género nuevo: el powerpop. ¡Genial! Por entonces era mi género favorito (puede que todavía lo sea), pero…una vez más… ¿Qué tenía que ver con todo aquello el espeluznante horror de “Holocaust”?

Poco a poco me fui enterando de la historia de Big Star, y sobre todo de la de Alex Chilton, y a medida que lo hacía las piezas empezaban a encajar mejor.
| Alex Chilton | Los Box Tops | Big Star 1972-1974 | Big Star 1975-1976, El final | El Reconocimiento |
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