Libros para arrancar 2013: Te recomendamos cuatro lecturas musicales del año que acaba de terminar

Una vez más aparecemos por aquí para traeros algunas lecturas musicales, todas ellas de 2012, que hemos leído estos últimos meses y teníamos pendientes de reseñar.

 


 

Burning. Madrid. Alfred Crespo.

66 RPM edicions.

burningmadrid

Burning, los chicos malos de La Elipa. Una banda que, personalmente, siempre consideré con más fama que éxito, y con más seguidores que fans. Guardianes de la autenticidad rockera, un concepto discutible y discutido hasta la saciedad, denostado por el posmodernismo musical, pero que si existiera y necesita garantes, no los encontraría mejores.

Desde sus inicios como émulos de los New York Dolls (sí, más que de los Stones), hasta su actual formación, con Johnny al frente, el libro de Alfred Crespo (actual director de la revista Ruta66) repasa la trayectoria artística y vital de la banda madrileña en un formato oral que, aunque dota de agilidad y perspectiva a la narración, se ve fuertemente lastrado por la forzada ausencia de los dos protagonistas principales de toda esta movida: Pepe Risi y Toño. Claro que esto no es achacable al autor ni a nadie, sólo al impulso autodestructivo de aquellos y a la mala suerte. Una mala suerte que el lector puede casi oler físicamente mientras va pasando páginas: una y otra vez los protagonistas parecen estar a punto de dar el definitivo salto hacia delante, y una y otra vez un muro de adversidades (apenas importa si la responsabilidad es propia o ajena) se interpone entre ellos y el triunfo total.

Hay que destacar (además del prólogo de Oriol Llopis, de quitarse el sombrero una vez más…el Hombre ha vuelto con más fuerza si cabe) el papel de Alfred Crespo en el desarrollo de la historia, un tanto novedoso en este tipo de narrativas. Sus comentarios, estratégicamente colocados entre las declaraciones de los protagonistas, ayudan a crear un hilo conductor que evite el caos en el que suelen caer las historias orales, mantienen un cierto orden cronológico y sobre todo ponen dichas declaraciones en el contexto adecuado. Además de que, como seguidor y conocedor de la banda durante muchos años, Alfred acaba implicándose, aclarando malentendidos y matizando lo que considera que debe matizar.

Al cerrar el libro, uno tiene sensaciones encontradas: por un lado, es un poco bochornoso presenciar el distanciamiento interno de la banda y de sus diversas facciones, amargas discusiones, enfrentamientos fratricidas…por un momento la leyenda parece caerse del pedestal y volverse insoportablemente humana; pero, por otro lado, la realidad no es suficiente como para empañar la gran historia de una banda, Burning, que queda en la imaginación como una especie de fósil viviente, un ejemplar de una especie en peligro de extinción inminente. Una de las últimas bandas para las que el rock fue y es una forma de vida más que un trabajo (en el mejor de los casos) o un hobby (en el peor) como desgraciadamente ocurre en la actualidad.


 

Retromanía: la adicción del pop a su propio pasado. Simon Reynolds.

Caja Negra.

tapa retro original cvs

Gracias a la editorial argentina Caja Negra, seguimos disfrutando en castellano de las obras deSimon Reynolds. Retromanía, La Adicción del Pop a Su Propio Pasado, es tanto un libro sobre música como un ensayo sociológico, aunque tiene más de lo segundo que de lo primero. Simon Reynolds, una mente brillante y con una envidiable capacidad para enhebrar hilos y agujas invisibles para casi todos los demás, parte de una premisa en la que todo el mundo estará de acuerdo: la actual es una época obsesionada con su pasado. En todos los sentidos, pero sobre todo en lo artístico en general y en lo musical en particular. ¿Las causas? Bueno, el libro ofrece diversas teorías entre las cuales uno puede escoger la que más le guste. Mi favorita es que los tiempos actuales tienen dos características que desembocan en esa locura por la arqueología musical: la superabundancia de información y las escasas perspectivas de que el futuro resulte tan excitante como nos parecía en décadas no muy lejanas.

El libro es ciertamente denso, con un enfoque multidisciplinar que da como resultado bastantes páginas dedicadas a diseccionar fenómenos “retro” no estrictamente musicales, principalmente la moda o la tecnología. Bastante más entretenido resulta cuando se dedica a analizar los principales fenómenos de obsesión por el pasado musical que presenciamos cada día: las giras de reunión, las reediciones, los aniversarios, la fiebre por los documentales de rock, la reinterpretación en vivo de discos míticos, los sellos especializados en rescates de discos y artistas prácticamente desconocidos… Lo que el autor acaba denominando como la “museificación” del pasado. Un fenómeno que no es nuevo, aclaraReynolds, pero que nunca como ahora había afectado al pasado más reciente.

Sin embargo, al contrario de lo que puede parecer, Retromanía no es un libro pesimista. Para empezar, porque el autor no adopta una postura clara al respecto, manteniéndose en la mayoría de ocasiones en su papel de analista objetivo. Pero, además, Reynolds nos hace ver como este fenómeno, la obsesión por el pasado, no es exclusivo de nuestros días (aunque las actuales herramientas tecnológicas le hayan dado alas). Tampoco es nueva la sensación de extrema hibridez, de apropiación de la herencia recibida, de “nada nuevo bajo el sol”: abundan las declaraciones de críticos de principios de los 60, mediados de los 70 o finales de los 90 que ya profetizaban el fin de la originalidad. También ofrece ejemplos de cómo siempre hay artistas innovadores que usan precisamente del pasado como recurso para cimentar la creación de algo nuevo. Sólo hay que recordar cómo surgió el rock`n`roll.

Cuidado con la lectura entre líneas, no nos confundamos: Retromanía no es el típico exabrupto de crítico viejo y resentido, ni siquiera una melancólica ampliación de aquellos socorridos axiomas como “cualquier tiempo pasado fue mejor” o “todo está ya inventado”. En realidad se trata de un libro excelente para quien guste de reflexionar sobre el pasado, el presente y el futuro de la música, sobre todo para aquellos interesados en ella como cultura, como reflejo de la situación social, como producto/crónica/espejo de los tiempos en que fue creada, como un híbrido entre la filosofía y la tradición popular. Por ello, quien busque verdades absolutas saldrá desencantado, todo lo contrario de aquellos que busquen debate y confrontación con sus propias opiniones o puntos de partida para desarrollarlas.


Discos Conceptuales: 150 títulos imprescindibles. Alberto Díaz y Xavi Martínez.

Lenoir Ediciones

discosconceptuales

Escribe May Sunyer (guitarrista, entre otros grupos, de Iceberg) en el prólogo que “este libro no es otra antología más sobre discos famosos o a tener en cuenta”. Una presentación así no sería necesaria, ni tendría sentido, sin la proliferación en los últimos tiempos de libros-lista con número en cubierta, en la estela del ya mítico pero banal 1001 Discos Que Hay Que Escuchar Antes de Morir (y todas sus versiones) o del (este sí, tremendo) Discos Ocultos de Juan Vitoria.

Entonces, si no es otra antología-lista, ¿qué es? Bueno, en realidad sí es una antología-lista. En este caso se trata de repasar 150 discos conceptuales (no hace falta explicar a estas alturas qué es un disco conceptual, ¿verdad?) que van desde aquellos imprescindibles LPs de Sinatra paraCapitol en los 50, hasta trabajos publicados en 2010 como el intrigante Carlomagno deChristopher Lee.

El libro está escrito en un estilo sencillo, divertido y ameno, a veces demasiado: uno no sabe si tomarse en serio ciertas afirmaciones e incluso ciertos discos (incluso suponiendo que lo de incluir un disco ficticio de Spinal Tap sea una broma). Desde luego lo que no se puede negar es que, con sus comentarios, los autores abren la puerta para que el lector imaginativo penetre en un mundo que puede resultar fascinante, un mundo de música-ciencia-ficción pero también de homenajes a personajes de la cultura digamos seria (Poe, Lorca) o menos seria (ejem…El Cordobés). Un caldo de cultivo donde predomina, no podía ser de otro modo, la pretenciosidad y la megalomanía, pero donde se pueden encontrar también excelentes discos e incluso obras maestras.

Como siempre ocurre en este tipo de libros, es imposible sustraerse al debate sobre si son todos los que están o están todos los que son. Evidentemente lo segundo es imposible, incluso si añadimos el epílogo final que repasa brevemente 50 discos que se quedaron fuera de la lista definitiva. Lo primero es incluso más complicado, por subjetivo. Habrá quien no entienda que puedan considerarse conceptuales discos como Dark Side of The Moon (Pink Floyd), Queen II (Queen), Setting Sons (The Jam) o Zen Arcade (Hüsker Dü), por ejemplo. O quien se rasgue las vestiduras al ver La Huerta Atómica de Miguel Ríos, Muñeca Hinchable de la Orquesta Mondragón, o Music from The Elder de KISS, para a continuación constatar ausencias flagrantes como las de Misplaced Childhood de Marillion, o The Man-Machine de Kraftwerk, por mencionar sólo dos álbumes. En estos casos nunca llueve a gusto de todos.

Siendo todo lo objetivo que puedo ser, echo en falta algo más de presencia de géneros que no sean estrictamente pop-rock. Es cierto que el rock progresivo, por su propia naturaleza intelectual y desmesurada, ha proporcionado los ejemplos más conocidos de álbumes conceptuales, pero llama la atención que el jazz, el blues, la electrónica o la música negra en general tengan una presencia tan escasa en la lista. Y que grupos como Kraftwerk o Alan Parsons Project, que prácticamente han basado su carrera en la publicación de álbumes conceptuales, sólo aparezcan con sus respectivos álbumes de debut.


Esto es Jazz: los 101 + 101 Mejores Discos de la Historia. Chema García Martínez.

Alianza Editorial

estoesjazz

Otro libro cuyo título cae en los mismos vicios de moda (¿Imprescindibles? ¿Mejores? ¿Para quién? ¿Y por qué 101 ó 150, y no 50, 100 ó 1000?). Sin embargo, el enfoque es distinto. Para empezar, el aficionado al jazz suele ser bastante serio y muy exigente, y no creo que admitiera una obra como esta que no fuera como mínimo igual de seria y exigente. Esto es Jazz lo es, a pesar de que funciona principalmente como guía de iniciación para el lector curioso que quiere acercarse al género sin peligro de resultar apabullado por datos, fechas y nombres, o como obra de consulta para quién ya ha dado sus primeros pasos en este vasto mundo.

Leyendo el prólogo queda claro que el autor, Chema García Martínez, ha realizado un trabajo exhaustivo no sólo a la hora de recopilar y escoger los discos comentados, sino también para seleccionar los textos que los acompañan. Sabiamente, compagina sus opiniones con declaraciones de los propios autores, de otros músicos, de expertos o simplemente de grandes aficionados, entresacadas de libros, entrevistas, biografías y otros medios. En cuanto a la estructura, cada uno de los 101 discos aparece con sus datos básicos: portada, sello, año de publicación, autor principal e intérpretes, estilo/momento histórico y también con una puntuación en forma de estrellitas (por cierto, es curioso que, siendo los 101 mejores discos de jazz, algunos tengan sólo 2 estrellas). El autor, en otra sabia decisión, prefiere no asfixiar con información que, por otra parte, es muy sencilla de obtener por otros métodos. En ese sentido resulta impagable y muy en consonancia con los tiempos la inclusión, en la ficha de cada disco, de enlaces a webs recomendadas. Además de los ya mencionados comentarios (repletos de opiniones más que de datos), la información de cada disco se complementa con una pequeña bibliografía, una lista de músicos relacionados (en realidad son dos listas, se supone que de influencias e influenciados), y un disco extra (de ahí el subtítulo, 101 + 101) que, de alguna manera que no siempre queda clara, guarda relación con el disco principal y que también va acompañado de un texto algo más corto.

No siendo un experto en jazz, me resulta difícil valorar el criterio de selección de los discos, así como la exactitud de los datos técnicos que se aportan. En cambio, pienso que para un aficionado medio (el gran connoisseur del jazz posiblemente lo vea como una especie de “Jazz para torpes” Forgesiano) el libro no sólo resulta muy útil sino que además, precisamente por no resultar engorroso ni abrumador con la información, se lee de forma instructiva y amena a la vez. Aquello que se decía de “entretener informando”, o “informar entreteniendo”, no recuerdo bien cómo era. De todos modos, si el objetivo de este tipo de libros es hacer que el lector sienta ganas de escuchar los discos comentados, Esto Es Jazz lo consigue.

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