Little Wings – La Lata de Bombillas (Zaragoza)

Es curioso como, en ocasiones, circunstancias atípicas provocan consecuencias excepcionales. El estadounidense Kyle Field, reputado artista visual y gráfico, puntual diseñador y desde finales de los 90 autor de discos enormemente respetados por colegas y medios bajo el pseudónimo de Little Wings, visitaba nuevamente la península tras los conciertos ofrecidos el pasado mes de junio. De menor popularidad que reputados songwriters como Will Oldham, Bill Callahan, Damien Jurado o Micah P. Hinson (quizás, como él mismo me reconocía en una entrevista, porque nunca ha querido que la música se convierta en un trabajo a tiempo completo), el californiano comparte sin embargo privilegios en cuanto a talento se refiere.

El barbudo artista presentaba las canciones de su última entrega hasta la fecha, el espléndido Black Grass (2011) publicado el pasado año, y Zaragoza ejercía una vez más como parada obligada entre Barcelona y Madrid, en una cita afortunada por la enorme calidad de la propuesta y la inhabitual cercanía de su disfrute. El escenario fue sustituido para la ocasión por moqueta y cojines, desdibujando así las fronteras entre músico y un público cómodamente repartido por el suelo de sala. Por su parte, el intérprete resultó acompañado únicamente de guitarra eléctrica enchufada a un pequeño amplificador Orange y, ante la flacura de los aliados, tiró de valentía para ofrecer un considerable repaso a lo largo de toda su carrera, en el que la minimalista crudeza de su instrumento contrastó con una extremadamente emotiva delicadeza vocal.

Field resultó además enemistado con una guitarra a la que una y otra vez trataba de afinar en largos espacios entre cada tema, en otra muestra representativa de concierto vivido a pie de pista, humano y melancólico, con algunos errores de factura íntima y aspecto hogareño pleno en emociones.

Una velada que retrató a un tipo sencillo, intenso, sensible y agradecido, el mismo que anoche decidió compartir su obra con medio centenar de afortunados que respondieron primero con respetuoso silencio y después con una sincera y generosa ovación.

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