Los Deltonos (Ambigú Axerquía) Córdoba 03/03/18

Está comprobado que esto del rock and roll no es más que una actitud. A veces cuesta mantenerla y puede que se desvíe la atención hacia otros gestos que la complementan pero nunca acaba muriendo. Más bien al contrario, siempre anda ahí latente, al acecho, esperando el momento justo para volver a la vida exterior y poner en marcha la maquinaria. De eso saben mucho, demasiado, estos cántabros incombustibles que llevan más de treinta años trabajándose el nombre y la reputación por los escenarios de medio planeta, porque la geografía española se la saben mejor que el propio mapa. En su vuelta a la sala Ambigú Axerquía –su cobijo habitual en las visitas a la capital cordobesa- para presentar las canciones de su último disco homónimo se comprobó eso que dicen de que las nuevas vidas son por lo general mucho mejores que las anteriores, que el diablo sabe más por viejo que por eso mismo y otros tópicos al caso. Estos Deltonos son igual de certeros en directo que lo fueron siempre, pero ahora, con el apoyo inestimable del productor Fernando Macaya a la segunda guitarra y la demoledora base rítmica de Pablo “Z” Bordas y Javi Arias al bajo y la batería respectivamente, la máquina mejor engrasada del blues rock nacional suena atemporal, con los punteos de un Hendrik Röver sobrado y líder discreto de un proyecto intermitente, resucitado hace más de veinte años tras las intermitencias pertinentes y los consiguientes períodos de recreo, en su caso con los grandes GT’s y varios discos en solitario, de los que prefiere no dejar constancia cada vez que toca con sus compañeros, los que mejor le entienden.

A las canciones más recientes (“No saber”, “Colisión” o “Sanmartín”) les suceden intercaladas otras sin desperdicio, como “Taquicardia”, “Sur”, que dedican al público que desde la otra punta de España le es fiel como buenos practicantes de una religión en aparente desuso, “No por nada” o “Muy bien”. Encajan todas ellas en un discurso rotundo, con el blues siempre al acecho y el ojo puesto en que no falle ni una sola nota. Lo mejor es que parece que la cosa no va con ellos, las guitarras se suben y bajan de tono con una suavidad pasmosa y todo funciona con precisión, con la cadencia que heredaron de los clásicos y una humildad que resulta paradójica en una banda de sus demoledoras prestaciones. Sin despeinarse continúan a lo suyo, “Repartiendo” electricidad a diestro y siniestro, exhortando a la “Escucha” bajo el lema de “Mirar atrás” solo para tomar el impulso “Merecido”, el que les da la inyección de “Gasolina” que un motor bien engrasado necesita para continuar la ruta y levantar las copas al grito de “Salud!” al final del camino. Así pues, “Brindemos” con la esperanza de que la próxima vez será aún mejor (“Bien, mejor”, como reza uno de los títulos que no faltan en la última curva de su viaje, so pena de ser sancionados por menosprecio a las reglas de comportamiento) y que estos cuatro sujetos nunca abandonarán el camino correcto. Y si lo hacen, que sea para recordar que uno a uno, todos los allí presentes podríamos entonar el estribillo de “Soy un hombre enfermo” sin el menor ánimo de acudir al doctor y para cerrar la puerta del último bis con “Hard luck blues”, dejando claras muchas cosas. El rock nos corre por las venas a todos y por eso estamos aquí, no olvidemos nuestros principios fundamentales.

A los Deltonos aún les queda mucha vida, y en cada uno de sus conciertos va implícita la constatación de que en la raíz reside la plena vigencia. Puede que a veces nos olvidemos por un momento de dónde venimos e incluso de hacia dónde queremos ir en realidad, pero hagamos lo que hagamos siempre tendremos parte de nuestra brújula orientada al norte, a unos parajes fríos y verdes bañados por el agua del Mississippi… Vale, de geografía no entendemos mucho, pero sabemos perfectamente lo que queremos decir.

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