Madrid entra en escena. Una nueva generación de bandas pide paso a gritos. ¿La nueva movida?

Eran otros tiempos, Almodóvar y MacNamara se subían a los escenarios a cantar a las felaciones, Kaka de Luxe y el Gran Wyomingganaban el primer festival de Rock Villa de Madrid y el ahora monigote de la industria, Ramoncín, sacaba su primer LP. La juventud que había visto morir la dictadura en su infancia, subía con fuerza y ganas de cambiar la represión con la que habían vivido sus padres. Eran tiempos de cambios culturales y la música, en la capital, respondió en lo que acabó llamándose La Movida.

Ahora la historia se repite, la capital ha despertado de nuevo. Los tiempos cambian y las formas de expresión también, pero ¿tan diferentes son las propuestas de los que subían maquillados y con el pelo encrespado a cantar “Quiero ser mamá” de lo que hacen Grabba Grabba Tape con sus disfraces de pollo galáctico, sus vocoders y sus canciones de treinta segundos? Probablemente no, la provocación y la intención de mostrar nuevas maneras de entender la música siguen más vigentes que nunca.

Sin embargo, ahora la represión no es política, la ejercen los medios. Ahí está la lucha. Las grandes corporaciones que invaden las emisoras de radio y televisión con artistas prefabricados que explotan estilos musicales mil veces exprimidos, los medios supuestamente independientes que manipulan de la misma manera machacando hasta la saciedad con la última propuesta de post-punk super-alternativo de la muerte con un 100% de pose y un 0% de actitud. Todo perfectamente estudiado, hasta la última chapa del uniforme y el último pelo del despeinado. Todo marketing. Queda demasiada música honesta por descubrir.

La capital y sus alrededores arden, lo hacen en forma de indie-rock y hablan en inglés. Si en los tiempos de Alaska y Los Pegamoides la influencia del punk británico era más que obvia, ahora la influencia de las islas también ejerce su peso. Nacen nuevas formaciones como The Joe K-Plan que con solo dos componentes (guitarra y batería) arriesgan con nuevas y angulosas maneras de entender la música, Margarita que sorprenden con una fuerza y originalidad fuera de lo común o Peluze que, con un EP ya en el mercado, son capaces de fascinar a una Sala El Sol llena hasta la bandera en las fiestas de esta publicación. Tenemos sangre nueva.

Bandas como HealthControl, Nothink, Doss (qué grandes eran Psilicon Flesh), Murdo, Numero, Cain & Abel, Adrift, Sapiens y puesto que no solo de indie-rock vive el hombre el electro-punk de Grabba Grabba Tape, Ginferno y Humbert Humbert o el exquisito folk de Ainara LeGardon conviven con el resto conformando una escena variada y de calidad.

Hay muchas y buenas ideas, pero si en la época de Mecano los locales que daban salida a aquellas propuestas aparecían como setas, ahora se organiza un evento tan interesante como Drazen Petrovich Festival en la Sala Orient Express y el responsable de la sala decide parar el evento por que el volumen está muy alto. Ignorancia. ¿os imagináis a los dueños del Rock Ola pidiendo a los Auserón que paren el bolo porque no les gusta su peinado? Yo creo que no. De la misma manera, en emisoras como Radio 3 que daban voz a la independencia real, la calidad de la mayoría de los programas ha bajado de manera preocupante, cayendo en el vicio de la comodidad y borrando la palabra riesgo de sus emisiones. Televisión Española, la de todos, en lugar de hacer reportajes sobre los nuevos movimientos musicales para que quede constancia de su existencia, se dedica a reponer “La Edad de Oro” y a recordarnos que cualquier tiempo pasado fue mejor. El panorama no es demasiado halagüeño.

Por suerte quedan sellos como Bcore con su recién estrenado recopilatorio “Cómete Madrid” que recoge la esencia de esta nueva movida, Subterfuge (a pesar de los infumables Cycle) con “Madrid Terminal” en la misma línea aunque explotando el lado menos rockero de la escena o Aloud Music, editando el debut de Nothink y Peluze, o Gssh Gssh que se han fijado en la capital y dan salida a esas nuevas apuestas. De la misma manera también existen webzines y pequeñas emisoras locales de radio y TV que dan a conocer estas nuevas tendencias musicales y gente dispuesta a organizar festivales como el Pegatina Fest. o el Up and Coming Fest.que reúnen lo mejorcito de la nueva escena y a algunas bandas de fuera de la capital. Así que, mientras sigan existiendo descerebrados con ganas de ir contracorriente y arriesgarlo todo, hay esperanza.

Madrid hierve de nuevo y si bien es cierto que La Movida de los ochenta no se dio a conocer al gran público hasta que no se consideró rentable, la de nuestros días morirá si no hacemos algo porque vea la luz. Es el momento de arriesgar un poco, de gastar 5 € en el concierto de una banda que no conocéis en lugar de 20 € para ver como Jota se supera bolo tras bolo cantando tema tras tema sin vocalizar ni una sola palabra, de buscar nuevas bandas y de no contentarse con lo que os hacen tragar los grandes medios. Si queremos tener una verdadera escena independiente, un circuito de salas dignas y bandas de calidad que nutran la cantera nacional hay que luchar por ello a todos los niveles. El movimiento se demuestra arriesgando, no os conforméis.

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