Música Alternativa. Auge y caída (1990-2014). Ramón Oriol (Milenio, 2015)

Seguramente la de los 90 fue la última gran década para ser adolescente y descubrir la música de tu generación. Es más, estoy dispuesto a afirmar que la música de los 90 fue la última que se puede considerar como determinante para toda una generación de aficionados a la música. Y no tiene nada que ver con la calidad, que actualmente la hay y en buena cantidad, sino con la forma en que se consumía entonces la música y cómo se ha venido consumiendo en los últimos 15 años. Ese impacto generacional de la música de los 90 se vio incrementado, además, por el hecho de que, por primera vez, la música alternativa (la de los “raritos”, vaya) era la que molaba, la que se veía en la tele, la que todo el mundo escuchaba, la que vendía discos. Hablo sobre todo del fenómeno Nirvana, que visto desde hoy fue tan efímero como contradictorio en su impacto: en pocos años se pasó de la euforia inicial a la depresión, de plantar cara al “mainstream” a verse absorbido por el mismo y reducido a convertirse en un simple subgénero musical: el hoy tan deteriorado y difuso concepto de “indie”.

Sin embargo, aquellos años 90 fueron de una efervescencia e intensidad musical como difícilmente volveremos a conocer. Ramón Oriol (Barcelona, 1977) ha escrito un libro, Música Alternativa Auge y Caída (1990-2014), publicado por Editorial Milenio, que documenta y describe perfectamente el ambiente que se vivía en aquella década. Además lo hace de forma vehemente, inconexa, anárquica y deliciosamente fanzinera, tal como corresponde al tema tratado. Se trata de un libro escrito por un fan para otros fans. No espere nadie encontrar aquí sesudos análisis sobre este estilo o aquella discografía: lo que el lector encontrará es un caos de nombres vomitados muchas veces con escasa relación entre sí, una enorme cantidad de referencias, saltos temporales y estilísticos inesperados, frases sin acabar, párrafos que acaban con puntos suspensivos… Sigue una estructura que podría considerarse equivalente a la de las típicas historias orales tan de moda en los últimos años, pero convertida en un inmenso monólogo donde todas las voces son las del autor. Así pues, Música Alternativa se parece menos a un libro al uso que a la transcripción literal de una conversación captada al azar en cualquier garito alternativo entre dos veteranos melómanos que recuerdan sus andanzas. Y posiblemente ese es su mayor atractivo. En ese sentido no puedo evitar que me recuerde al mítico Awopbopaloobop Alopbamboom de Nik Cohn, otro retrato de una época escrito con pasión del fan que la ha vivido en primera persona y con intensidad, sin disimular filias (Nirvana, Fugazi) y fobias (los pobres U2 no salen muy bien parados) a veces totalmente irracionales, y en el caso de Ramón sin caer del todo en la nostalgia ni en el revisionismo, tan fáciles de perpetrar cuando ponemos distancia entre nuestro yo adolescente y el adulto en el que irremediablemente todos nos acabamos convirtiendo. Ramón Oriol escribe con la misma libertad que se respiraba en aquellos años. Una libertad que, tiempo después, parece si no perdida al menos demasiado anquilosada en su propia normalidad.

De esa libertad, de la anarquía con que Ramón ataca todos los temas que quiere comentar a lo largo de las casi 400 páginas del libro, dan fe los títulos de algunos de los capítulos: “Singer-songwriters masculinos. Britpop”, “Trip-hop. Post-rock. Jungle. Shoegaze de guitarras”, “Rock. Garage. Arte surrealista pop californiano” o “Punk. Gainesville, Berkeley, New Jersey”. Hay también entradas dedicadas, aunque menos, al cine o a los cómics, así como referencias a las publicaciones especializadas que se han encargado de documentar el fenómeno del pop/rock y la música alternativa en las últimas décadas, unos momentos en los que el autor vuelve a mostrar sus opiniones y preferencias (su revista es, sin duda alguna, el Popu) sin tapujos ni necesidad alguna de quedar bien con nadie.

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El autor también parece notar que el sesgo generacional del siglo XXI, en cuanto a música se refiere, es casi inexistente. Al menos eso es lo que yo interpreto cuando leo que titula la tercera parte del libro, la que abarca desde el año 2000 hasta la actualidad (2014), con el epígrafe “Horror vacui”. El capítulo titulado “Análisis sociológico de principios de la década 00” empieza con una breve referencia a su canción favorita, o al menos más representativa, de la década (“Conqueror” de Jesu) para inmediatamente volver a perderse en reflexiones sobre Nirvana durante seis o siete páginas. Es como si, en realidad, todo lo importante hubiese pasado ya antes de 1999 y no fuera posible reflexionar profundamente sobre la música posterior sin estar continuamente echando la vista atrás, volviendo sobre los propios (y ajenos) pasos y retroalimentando la pasión musical con el mejor combustible que existe: la emoción y las vivencias que asociamos con la música que nos marcó en nuestra juventud. A pesar de todo, Ramón sigue siendo capaz de apasionarse con grupos actuales como Antony and the Johnsons o Deer Tick.

De mis palabras podría deducirse que el libro estuviera destinado a quedarse en una especie de recordatorio de una década, pasto de “indies” padres de familia que se niegan a crecer. Nada más lejos de la realidad. Música Alternativa funciona también perfectamente como texto introductorio a una época irrepetible que, quizás, muchos fans de la música alternativa actual querrán descubrir a través de quienes la vivieron en sus propias carnes. No ya cada capítulo, casi cada párrafo da pie a investigar, a cerrar el libro y ponerse a buscar en Spotify o en YouTube, a tomar notas, a ojear viejos ejemplares de revistas de la época… Además la pasión con la que escribe Ramón se contagia, y ese es el verdadero motor de un libro como este: la pasión. Esa pasión que muchas veces se echa en falta en textos excesivamente académicos y que aquí, como en el Popu que tanto estima el autor o en los trabajos de gente como Kiko Amat, Nick Hornby, Oriol Llopis o Lester Bangs, mana a borbotones. Y una pasión que no resulta dogmática ni intenta vender nada, tan solo mostrarse en su más sincera, explícita y acalorada desnudez. Como el autor repite insistentemente en sus entrevistas, lo que busca es “transmitir”.

Un documento de primera mano de una época en la que, como dice el poema, todo estaba por hacer y todo era posible.

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