Nikki Lane – All or Nothin` (New West Records)

A primera vista, Nikki Lane podría pasar por la encarnación moderna de Lurleen Lumpkin, ese personaje de Los Simpsons que, al final, sólo es una caricatura del estereotipo antiguo de los cantantes de country norteamericanos. Por si acaso, los mentideros oficiales ya se han encargado de recalcar que Lane empezó a componer canciones después de una enorme brecha sentimental que la obligó a cambiar Nueva York por Nashville; sus letras, desprovistas de metáforas, y su easy-listening country han hecho el resto.

Después de su primer disco, Dan Auerbach acudió a Nikki Lane como las abejas a la miel; la voz de los Black Keys sabe perfectamente lo que necesita para seguir consolidando su carrera como productor. La realidad es que, a día de hoy, sus productos como ingeniero y arquitecto musical gozan de muchísima más coherencia y entidad que los que fabrica bajo la alianza con Patrick Carney. All or Nothin´ es una nueva muestra de la facilidad de Auerbach para mejorar a (casi) todos los artistas que pasan por sus manos, algo que no parece ocurrirle con sus propias canciones.

La tendencia al barroquismo del cantante de Ohio en su faceta como productor entronca a la perfección con propuestas nudistas como las de Nikki Lane; las canciones de la fan de Lucinda Williams, austeras como en Walk of Shame, entran ligeras de equipaje en el taller de Auerbach y salen con todas esas capas de elegancia que consiguen un caminar más contundente y embriagador. La disyuntiva que plantea Lane en el título del disco se soluciona rápidamente echando un vistazo a los créditos del mismo: all. Más de una docena de músicos y cantantes se ponen a disposición del equipo Auerbach-Lane; por si fuera poco, incluso Auerbach presta su voz en alguna canción.

El resultado es un disco que salía a dar una vuelta con lo puesto y que ha acabado en la fiesta del embajador vestido con teclados, violines, guitarras y coros de terciopelo y brillantes. Decir que el equipo Lane-Auerbach redefine el sonido country sería ir demasiado lejos, pero sí resulta evidente que All or Nothin´ es una versión mejorada de cualquiera de esos sonidos que en su momento definieron la americana y el mal llamado alt-country. Auerbach está muy por la labor de difuminar los límites entre géneros, con experimentos en sus carnes y en las ajenas (que le pregunten al pobre Ray LaMontagne), y la colección de Nikki Lane es un ejemplo más. A pesar de que en este caso todo está bañado por una capa de elegante americana, entre las doce canciones de All or Nothin´ también hay puras referencias pop (“Right time”, “I don’t care”), así como algunos que otros arreglos soul que encajarían en los últimos Black Keys (“All or nothin´”, “Want my heart back”).

Auerbach pone su destreza a los mandos y una gruesa alineación de músicos en el estudio para hacer de cada canción un océano. Lane figura como autora única de dos canciones; en todas las demás comparte créditos, lo que da una idea del carácter coral de este disco; la pedal steel de Spencer Cullun Jr., el Hammond dylaniano de Bobby Emmet o los coros de las McCrary Sisters, habituales en los discos de Black Keys, son piezas fundamentales en el rompecabezas infinito que es desmenuzar cada una de las canciones de este disco. Especialmente profundas y apasionantes son las inmersiones en las composiciones de americana más calmada: “Love´s on fire” (a dúo con Auerbach, a lo Parton y Wagoner), “Out of my mind”, “Wild one” y “You can´t talk to me like that”, con el permiso de “Right time”, “All or nothin´” y “Man up”, presentan la versión más irresistible de Lane y el mantel de posibilidades de Auerbach.

Una de las noticias más agradables del año.

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