Pauline en la Playa – Neu! Club (Madrid)

De vuelta a la gran ciudad, y como si se tratase del salón de su casa, e intentando transmitir la misma sensación a cada uno de los asistentes que llenaban la sala Galileo Galilei (más conocida como Neu! Club, en las veladas de sábado) se presentaron en torno a las diez menos cuarto, las asturianas Mar y Alicia, o lo que es lo mismo Pauline en la Playa.

Y tal cual se esperaba, con la tranquilidad que dan los años sobre los escenarios, el placer por lo bien hecho, el gusto por la música (por qué si no dar conciertos como el del sábado) y la felicidad por hacer lo que a uno más le gusta, aparecieron cada uno de los distintos músicos que para la ocasión requirieron las hermanas Álvarez. Violín, chelo, acordeón, trombón, saxo, bajo… una auténtica orquesta dirigida con maestría por dos dulces directoras, que a duras penas entraba sobre el amplio escenario de la sala, y que cuando se apagaron las luces, y comenzó a sonar su más que reconocido”el gato de Cheshire”, consiguieron un escalofrío generalizado en la sala, y la sensación de estar presenciando algo así como un concierto de cámara contemporáneo, en clave de pop.

Así que de este modo, tan tranquilo, familiar y orquestado, continuaron el concierto con “cabezas locas” también de su segundo disco  Tormenta de Ranas (Subterfuge ´01) para dar paso sin demora al motivo principal por el que se acercaban de nuevo a la capital: presentar las nuevas canciones de su quinto disco Física del equipaje (Siesta ´10). “Tendencias de sastre”, “Primavera, Verano, Otoño, Invierno”, “reparto de bienes” temas que sonaron sensacionalmente bien, que  agradaron tanto a conocedores como a desconocedores de su nuevo trabajo, y que sirvieron para ambientar aún más a toda la sala y dar la bienvenida a la parte central del concierto,  esa en la que la banda (quiero decir orquesta) aprovecha para demostrar todo su potencial, todos sus matices y recursos a través de un repaso por sus más de diez años de historia, y que comenzó con un versión muy jazz de “nada como el hogar”, y gozó de joyas exquisitas que a todos pusieron la piel de gallina  como “pasos de ratón”, “un monstruo”, “esos besos” (y su espectacular sólo folk de acordeón y saxo) o los nuevos éxitos (que sin duda pronto serán  clásicos de la banda) “un muelle” y “quién lo iba a decir”.

Canciones todas ellas, que sonaron si cabe incluso más dulces y acogedoras  que en los discos, y que si hay que poner algún pero, quizá solo fuese la falta de algo de picante,  o mordiente, en alguna que otra canción, para alterar algo el continuo hilo conductor de la noche, que sí que se animó en parte en la recta final del concierto, cuando consiguieron derretir al público, con algunas de sus temas tan clásicos y favoritos para el público  como “mi bañera” o el siempre tan agradable, dulce, y romántico (por más que escuchado y re-escuchado) tititi “titubeas”.

Sin apenas darse uno cuenta, daban las once, acababa la primera parte, y sin demora, aparecían de nuevo las hermanas a solas, para susurrar “mis zapatos cojos”, y de nuevo con la banda “acabáramos” y por fin un mucho más animado, y potente “rueda corazón”, que finalmente volcó al público, que aplaudió sin cesar, hasta que por segunda vez aparecieron a solas Alicia y Mar, para cuando nadie lo esperaba, y de manera casi improvisada, hacer dos auténticos regalos. El primero y más habitual, el que en su día compusieron junto a Nosoträsh, y que lleva por título “Mis muñecas”, y el segundo, “y para contentar a los que nos comparan siempre con Vainica Doble, el siempre original, irónico e histriónico “Coplas del iconoclasta enamorado’ (original de las mencionadas Vainica Doble), que hizo que todo el mundo se fuese con una enorme sonrisa en la boca, relejado, y conscientes de que aunque sigan pasando los años, estas dos hermanas, nos seguirán deleitando con buenas canciones, y sensacionales conciertos, fieles siempre a un estilo, el estilo Pauline en la Playa.

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