Randy Newman – The Randy Newman Songbook Vol. 3 (Nonesuch Records)

Randy Newman es más majo que las pesetas, de verdad. Piensa en todas las veces que has querido introducirte en el cerebro de un capullo, la curiosidad por descubrir cómo funcionan las cosas ahí arriba a partir del momento en el que la gilipollez extrema sobrevive a la adolescencia y deja de ser, por consiguiente, disculpable; racistas, misóginos, paletos, hooligans, ultraortodoxos, políticos, Vladímir Putin… Tanta estulticia con brazos y piernas corriendo suelta por el mundo y tan poco tiempo para reírse de ella, pero hay buenas noticias; Randy lleva más de 50 años metiéndose en la piel de todo tipo de seres despreciables para que tú te lleves toda la diversión ahorrándote las cartas bomba. Cuando puso banda sonora a Toy Story y a muchas infancias con aquello de “Hay un amigo en mí”, el viejo lo decía en serio. Más majo imposible, os lo estoy diciendo.

En la tercera entrega de esta serie que comenzó en 2003 con un primer volumen, The Randy Newman Songbook, Vol. 3 revisa al estilo espartano sus éxitos de ayer y de anteayer que todo el mundo ama y conoce sin ser consciente. Nacido en Los Angeles pero criado en Nueva Orleans por una larga estirpe de exitosos compositores cinematográficos, la formidable incongruencia entre su fraseología para frikis sensibles y el eco boogie woogie presentido de lejos en su piano hacen de las rendiciones aquí incluidas de clásicos como “Rollin'” o “I Love to See You Smile” manuales para multidimensionar la sátira y adaptarla a la necesidad moderna de explicitud exagerada.

Cada vez que Randy Newman se hace pasar por un fascista o gruñón pueblerino cualquiera como en “Short People” o “I Love L.A.”, respectivamente, se está ridiculizando a sí mismo en última instancia, y nada enternece más a la crítica que un hombre que sabe reírse de los pocos episodios de hipocresía de los que adolece. Newman hace décadas que dejó de esperar el gran hit, sospechando que su ineptitud para seducir al público no especializado se deba a esa manera educada e ingeniosa con la que rehúsa integrarse completamente en la cultura pop. The Randy Newman Songbook Vol. 3 quizás sea, paradójicamente, lo más cercano a un ejercicio de complacencia si se compara con los dos anteriores volúmenes (tanto por repertorio como por humor interpretativo) aunque, bien pensado, ¿quién quiere a un Randy Newman entregado al vulgar arte de agradar al prójimo? Lleva demasiado tiempo representando no sólo al tipo que todos quisiéramos ser, sino a aquel que ni nos atrevemos ni somos capaces de personificar; alguien que dice lo que piensa y, además, lo dice con clase, que es lo verdaderamente difícil.

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