Recordando a Bob Marley. Se cumplen 30 años del fallecimiento de la leyenda de Jamaica

Sus Inicios

Este mes de mayo se cumplen 30 años del triste fallecimiento de Bob Marley, una figura mítica que el tiempo se ha encargado de situar en el panteón donde sólo llegan a reposar los ilustres, los genios, los grandes personajes de la historia. Un hombre que, desde la extrema pobreza de su pueblo natal, consiguió triunfar y extender su legado por todo el mundo. Pero no sólo eso, sino que además logró algo al alcance de muy pocos: convertirse en un icono de la cultura popular del siglo XX.

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Para analizar sus méritos haría falta mucho más espacio y tiempo del que disponemos en este reportaje, pero intentaremos dar algunas pistas que sirvan para entender cómo Robert Nesta Marley, nacido el 6 de febrero de 1945 en un humilde pueblo jamaicano, huérfano de padre a los pocos años y crecido en las chabolas de uno de los más miserables suburbios de Kingston, llegó a convertirse en la primera (la única, diría yo) superestrella global surgida del Tercer Mundo.

Sus inicios.

Bob Marley nació en 1945, cuando Jamaica todavía era una colonia británica, de padre blanco, capitán del ejército inglés, y madre africana. El pequeño Bob parecía destinado a crecer en un ambiente occidental y más o menos adinerado, pero su padre nunca permanecía mucho tiempo con ellos debido a sus viajes, y falleció cuando Bob contaba con apenas 10 años. Con su madre y sus hermanos se desplazaron a finales de los 50, como muchos otros jamaicanos atraídos por las promesas de la gran ciudad, a la capital Kingston.

Sin embargo la situación en la ciudad distaba mucho de ser la prometida, y la familia Marley acabó en Trench Town, un miserable suburbio construido sobre los canales que desalojaban las aguas residuales de la ciudad. Allí conoció a Neville O´Riley Livingston, a quien todos llamaban “Bunny”, y juntos descubrieron su afición por la música. Hay que decir que, por aquel entonces, la juventud jamaicana empezaba a abrirse a nuevas influencias sonoras, más allá de los tradicionales calipso y mento, gracias a las emisiones de radio procedentes de los Estados Unidos. La generación de Marley descubrió así, casi en tiempo real, el rythm ´n´ blues y el rock´n´roll, pero también el jazz y los sonidos de Nueva Orleans. Todos esos sonidos se fusionaron con la tradición jamaicana de ritmos tranquilos y monótonos para crear un nuevo estilo: el ska. De allí derivarían el rocksteady y toda la cultura de los rude boys, los chicos duros del ghetto, con sus soundsystem (equipos móviles de sonidos montados en furgonetas, precursores de lo que sería el rap) a cuestas. En ese ambiente Bob Marley, junto a su amigo “Bunny” Livingston, dejaron el colegio y empezaron a tomar lecciones de canto de parte de Joe Higgs, un artista muy popular en aquel momento que además inició a Marley y sus amigos en la religión “rastafari”. En una de aquellas clases Bob y “Bunny” conocieron a otro chaval llamado Winston Hubert McIntosh, más adelante conocido como Peter Tosh.

En 1962 Bob Marley llegó a grabar un single, “Judge not”, gracias a un empresario local llamado Leslie Kong, que en su sello Beverly daba cobijo a nuevos valores de la nueva música jamaicana, entre ellos un joven Jimmy Cliff.

El escaso éxito de la canción no desanimó a Marley, al contrario: pronto manifestó su intención de formar un grupo vocal con sus amigos Bunny y Tosh (con el apoyo de otros músicos): The Wailing Wailers. Entre 1963 y 1965 grabaron una serie de canciones que acabarían en su LP The Wailing Wailers (1965). Una de ellas, “Simmer down”, sería número 1 en Jamaica. Otra de las canciones que grabaron por entonces fue la versión original de “One love”.

 

Tras una breve estancia en los Estados Unidos, a donde su madre se había trasladado con su nuevo marido, Marley regresó a Jamaica dispuesto a consolidar su carrera musical. Su grupo pasó a llamarse simplemente The Wailers, y en esta segunda época trabajaron con gente como Coxsone Dodd, propietario de uno de los soundsystems más importante de la isla, con Johnny Nash o con el mismísimo Lee “Scratch” Perry. Esta etapa de los Wailers viene marcada por su total inmersión en el rastafarismo, y por el lanzamiento de su propio sello: Wail´n´Soul. Por entonces Bob Marley ya se había casado con Rita, que también hacía sus pinitos con la música. Una música que iba cambiando: el acelerado ska fue poco a poco adaptando su tempo a la idiosincrasia propia de los isleños, derivando en un nuevo ritmo más lento y voluptuoso que se llamaría rocksteady y que acabaría dando lugar al reggae.

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Con Perry los Wailers vivirían la que muchos consideran la mejor época del grupo, cuando el reggae todavía era puro y no se había internacionalizado, con todo lo que ello implicó de cierta adaptación a los gustos occidentales. A finales de 1970 grabaron el álbum Soul Rebels, para muchos su mejor trabajo. Ahí estaba el ritmo cadencioso y espiritual del primer reggae, aún sin depurar, con canciones como la propia “Soul rebels”, “400 years” o “Soul almighty”.

Para entonces ya se habían incorporado al grupo, procedentes de la banda de Perry, Aston ´Family Man” Barrett y su hermano Carlton Barrett.

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Pocos meses después, todavía con la producción de Perry, los Wailers grabaron Soul revolution (1971). Un curioso disco que, como los viejos singles de rocksteady, tenía dos versiones: una vocal, que se lanzó a nivel internacional, y otra con las mismas canciones pero en versión instrumental (dub) que se comercializó sólo en Jamaica. Soul revolution contenía temas que más tarde serían muy conocidos: “Kaya”,  “Duppy conqueror”, “Memphis”, “Sun is shining”, “Brain washing”…

 

 

En 1971 llegó la ocasión de dar a conocer a los Wailers a nivel internacional. Marley y Johnny Nash viajaron a Europa. Allí firmaron un contrato con la CBS, que incluía la grabación de algunos singles. El grupo entero viajó hasta Gran Bretaña para hacer promoción, pero la compañía rápidamente se olvidó de ellos. Como ya había hecho anteriormente, Bob Marley no se hundió, sino todo lo contrario. Aprovechando su estancia en Londres, Bob se dirigió a las oficinas de Island Records, una compañía fundada en Jamaica con idea de promocionar la música local, y que hacía unos años se había establecido en Inglaterra. En 1964 habían tenido un éxito importante con una canción de ska, “My boy lollipop”, interpretada por la jamaicana Millie. A principios de los 70, sin embargo, habían abierto tanto sus miras que tenían bajo su cobijo a artistas como Traffic, Jethro Tull o King Crimson. Chris Blackwell, el fundador de la compañía, conocía a Marley y le gustaba lo que hacía, así que le fichó y puso a su disposición los mismos medios técnicos, comerciales y humanos que disfrutaban sus artistas más prestigiosos.

Fue el principio de la etapa más conocida de Bob Marley y la definitiva aceptación internacional del reggae. Para muchos, sin embargo, fue el final de su mejor época y el comienzo de la disolución del reggae en un pastiche occidentalizado, transformado en música de baile y desprovisto de su espiritualidad y misticismo originales.


 

Etapa dorada en Island

En Island Records Bob Marley y sus Wailers grabaron una lista espectacular de álbumes clásicos. Debutaron con Catch a fire(1973), que incluía canciones como “Concrete jungle”, “Stir it up” o una reciclada “400 years”. El disco no fue un gran éxito, pero les sirvió para conseguir giras por Inglaterra y Estados Unidos.

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En una de ellas se produjo el primer abandono de Bunny Livingston, cansado de la vida en la carretera. Sólo seis meses después de lanzar su debut con Island llegó la continuación: Burnin´ (1973), un disco apresurado y lleno de canciones recuperadas de su etapa anterior (“Duppy conqueror”, “No sympathy”, “Put it on”), pero que incluía también dos canciones nuevas que cambiarían la historia del grupo. Ambas tenían ese espíritu reivindicativo y esas proclamas en contra de la vida occidental (la Babilonia de la que el pueblo africano debía desligarse) que fue una de las señas de identidad de las letras de Marley, pero sobre todo la segunda tenía una dosis de violencia sorprendente en alguien que pasó muchos años predicando la paz y la hermandad entre las gentes. Las dos canciones eran “Get up, stand up”, y “I shot the sheriff”. Esta última se convirtió en un éxito mundial con la versión que Eric Clapton hizo un año después, en 1974, para su disco de regreso 461 Ocean Boulevard, consiguiendo su primer número 1 en los Estados Unidos. La canción contribuyó, junto con “I can see clearly now” de Jimmy Cliff y la banda sonora de la película The Harder They Come (obra también de Jimmy Cliff principalmente, con “Many rivers to cross” a la cabeza), a popularizar el nuevo ritmo llegado de Jamaica.

En 1974 los Wailers volvieron al estudio y lanzaron uno de sus álbumes más completos: Natty dread. Junto a las canciones comprometidas de siempre (“Rebel music”, “Revolution”, “Them belly full (but we hungry)”, “Lively up yourself”…) se encontraba también una delicada maravilla llamada “No woman no cry”. El disco tampoco tuvo la repercusión esperada en su momento, pero durante la gira posterior se grabó un álbum en vivo, Live, publicado en 1975 y que lanzó a las ondas una versión en vivo de “No woman no cry” que entró en las listas de medio mundo y en el exclusivo top-25 británico.

Por entonces los Wailers habían sufrido un gran cambio. Peter Tosh y Bunny Livingston dejaron la banda, y fueron reemplazados por un coro de voces femeninas con Rita Marley a la cabeza. Con esta formación consolidaron su fama como espectáculo en directo, pero también como valedores de una forma de vida (con especial influencia del consumo de marihuana) y de un pensamiento revolucionario y espiritual a la vez que caló hondo entre los jóvenes.

Con el éxito, Marley se creció. Volvió a Jamaica como una superestrella y grabó su álbum más militante y con menos éxitos inmediatos:Rastaman vibration (1976). Curiosamente fue su único disco en alcanzar el top-10 en los Estados Unidos. Decidido a utilizar su éxito a favor de los suyos, Marley se instaló en Jamaica y empezó a trabajar a favor de la integración de la juventud, en contra del chabolismo y los ghettos. Para ello realizó apariciones públicas y conciertos gratuitos, en los que lanzaba alegatos a favor de la paz y en contra de los enfrentamientos entre bandas. Fue precisamente entonces cuando se produjo su intento de asesinato, seguramente instigado por alguna de las bandas en guerra que veía amenazada su subsistencia. Rápidamente recuperado, un Marleydesencantado dio su último concierto en su tierra natal y volvió a Inglaterra. Allí grabó un álbum con un título muy significativo: Exodus(1977). El éxodo al que se refería Marley fue interpretado, según las letras de sus canciones, como la reedición en clave africana del éxodo de los israelistas que les llevó a escapar de la esclavitud en Egipto. En un sentido más personal, no caben muchas dudas de que Marley se refería a su propio éxodo forzado en Inglaterra, lejos de su gente y conviviendo precisamente con los occidentales a los que acusaba de esclavizar a su pueblo. Así, se volvió más introspectivo y belicoso que nunca, pero también entregó algunas de sus canciones más asequibles, bailables y adaptadas al gusto occidental: “Jammin´”, “Three little birds”, “Waiting in vain” o una recuperada y renovada “One love / people get ready”.
Si Exodus fue su álbum de combate, Kaya (1978) fue un disco introspectivo y relajado, rebosante de calma. La elección de sus dos singles así lo confirman: “Satisfy my soul” y sobre todo “Is this love” mostraban a un Marley centrado en los sentimientos y lejos de la acción, algo por lo que fue bastante criticado. No obstante, la gira subsiguiente le permitió volver de nuevo a su añorada Jamaica, donde participó en el One love one peace concert, en el que Marley, de nuevo, intentó poner paz en su país cantando “Jammin´” mientras unía las manos de los dos líderes políticos rivales. Fue en vano, pero nadie podía echarle en cara que no lo volviera a intentar, incluso después de un intento de asesinato.

 


Explosión comercial y desaparición

Ese mismo año Bob Marley fue reconocido por las Naciones Unidas por sus méritos y su contribución a la paz. También realizó sus primeras visitas a Africa incluyendo Etiopía, su Tierra Prometida, donde el Emperador Haile Selassie, el Mesías liberador de los rastafari, había fallecido pocos años antes. La internacionalización de Marley, y por extensión del reggae, se confirmó definitivamente con actuaciones en Japón y Oceanía. Ningún rincón del mundo ignoraba ya a Bob Marley y su extraña, batalladora pero reconfortante música. La gira se llamó, irónicamente, “Babylon by bus”, y también tuvo su correspondiente grabación en directo.

Marley volvió a dar batalla con su siguiente álbum: Survival (1979). Tal vez influenciado por su reciente visita a Africa, lanzó un disco con una portada repleta de banderas de países africanos independientes y con un puñado de canciones muy reivindicativas, con “Zimbabwe” a la cabeza (hay que recordar que entonces el país se llamaba todavía Rhodesia, y estaba a punto de conseguir la independencia de Gran Bretaña), pero también con “So much trouble in the world”, “Babylon system”, “Ambush in the night” o “Africa Unite”. Pronto fue invitado a actuar en Africa, incluyendo un ofrecimiento especial para aparecer en los festejos de celebración de la recién conseguida independencia de Zimbabwe. Lógicamente, no perdía ocasión de manifestarse en contra del “apartheid” en Sudáfrica, tanto en Africa como en sus conciertos en los Estados Unidos.

 

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Estamos ya en 1980, y en primavera se lanzó el último álbum en vida de Marley: Uprising. Posiblemente su álbum más innovador, tal vez influido a su vez por los artistas que habían bebido de su música y la habían adaptado a la incipiente new-wave. Lógicamente no hay mucho aquí que recuerde a The Police, The Clash o a PIL, pero sí se aprecia una modernización del sonido y un pequeño incremento en la aportación de las guitarras. El ejemplo más claro es “Zion train”, pero también canciones como “Coming in from the cold” o “Forever loving Jah” pueden emparentarse con el tipo de sonido que empezaba a darle un vuelco importante a la música popular en Gran Bretaña (que empezaba a notar comercialmente la influencia de la creciente inmigración jamaicana) y en Europa en general.

Uprising contiene, además, la canción popular por excelencia de Bob Marley, la que vendió millones de copias en todo el mundo y sonó sin parar (sigue sonando) en las radios comerciales: “Could you be loved”. Su éxito fue tal que en 1980 Marley y sus Wailers estaban entre los grupos con más éxito, a nivel de ventas pero también en vivo, como se pudo comprobar en su gira europea (más de 100 mil espectadores en Milán, por ejemplo).

El disco también contiene otra canción importante en la vida de Marley: “Redemption song”. Concebida como un canto a la libertad, cobra un cariz más trágico cuando pensamos en como se estaban desarrollando por entonces los acontecimientos. Y es que Marley,muy posiblemente, sabía que se estaba muriendo. En 1977, durante un partido de fútbol, sufrió una herida en el pie. Tardó en cicatrizar, y le dio más problemas de los esperados. Una mala curación, que se reflejaba en ocasiones en unos bailes más raros de lo habitual durante sus conciertos, degeneraron en un melanoma, y finalmente en un cáncer agresivo que, a pesar de los intentos deMarley por atajarlo mediante medicina alternativa en Alemania, se extendió en 1980 a todo su cuerpo.

Resignado a su suerte, Marley emprendió un definitivo viaje de retorno a Jamaica, su isla natal. No pudo llegar con vida: tuvo que ser ingresado de urgencia en Miami con sus constantes vitales muy deterioradas. Pocos días después, el 11 de mayo de 1981, Bob Marley falleció. A los diez días, tras haber recibido diversos homenajes y honores, recibió sepultura en su pueblo natal.

Como se suele decir, murió la persona y nació la leyenda. No es casual que fuera así, Legend (1984), como se llamó su recopilatorio más famoso y vendido. Un par de años después de su muerte vio la luz un disco póstumo, Confrontation (1983), cuya mayor aportación a la carrera de Marley fue la canción “Buffalo soldier”, que llegó al top-5 en los Estados Unidos.

 


Legado y vigencia de Marley
Musicalmente la herencia de Marley se puso en marcha incluso antes de su desaparición, como hemos comentado al hablar, aunque muy por encima, de la new wave. La música del Tercer Mundo encontró su lugar gracias a su éxito, aunque también en cierta medida gracias al impulso de músicos blancos como Paul Simon o Peter Gabriel. Pero el legado de Marley no es sólo musical.

Estéticamente no cabe duda de que ha influido mucho en una generación de jóvenes que ven en las rastas un símbolo de rebeldía. También contribuyó a extender un nuevo tipo de espiritualidad, ajena a las religiones convencionales. Pero sobre todo puso el punto de mira en los problemas del Tercer Mundo desde una óptica novedosa, musical, reivindicativa y, normalmente, bastante pacífica. Aunque muchos le bautizaron como el Dylan del Tercer Mundo, podría ser también apropiado decir que fue su Lennon.

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Su importancia no puede desdeñarse, aunque a uno no le guste su música. En la lista de 50 artistas más importantes de todos los tiempos, publicada por la revista Rolling Stone, Bob Marley es el único artista procedente que no es norteamericano ni europeo. Su contribución a la popularización de una música tan local y minoritaria como el reggae jamaicano tampoco puede menospreciarse. Es posible que no inventara nada nuevo, como Elvis no inventó el rock´n´roll, los Beatles no inventaron el pop o Dylan no inventó el folk, pero es indiscutible que, como los nombres anteriormente citados, fue el responsable de la universalización del género al que dedicó su carrera. Si además pensamos en los orígenes del rock, el pop o el folk en comparación con la humilde procedencia y la falta de pretensiones de la música jamaicana, obtenemos en consecuencia que el mérito de Marley sea, tal vez, incluso mayor.

Su faceta política, y la forma en la que contribuyó a poner voz al malestar de los más oprimidos, está entre las más importantes de Bob Marley. Muchas veces me pregunto qué estaría haciendo hoy, como enfrentaría estos tiempos de brutal crisis, qué actitud tendría ante la globalización y sus consecuencias, la inmigración, las guerras, el enfrentamiento entre Occidente y el islamismo radical, las incipientes revoluciones en Africa… ¿Qué postura tomaría Marley? ¿Seguiría tan comprometido políticamente, o el éxito le habría aburguesado?  ¿Se le criticaría, como a Bono, cada vez que organizara algún acto a favor del Tercer Mundo?  Es difícil saberlo, pero del análisis de algunas de sus canciones se pueden obtener algunas pistas. En concreto, me gustaría terminar citando la última canción del último disco que publicó en vida, “Redemption song”, para dejar claro que el legado de Marley no sólo sigue vivo, sino que es más necesario que nunca.

“Emancipate yourself from mental slavery. None but ourselves can free our minds”.

“Libérate de la esclavitud mental. Nadie más que nosotros mismos podemos liberar nuestras mentes”.

Una estrofa que podría haberse escrito hoy mismo, pero que lamentablemente nadie hoy parece en condiciones de escribir. Ese es el verdadero legado de Bob Marley: las cadenas que nos oprimen no sólo vienen de Babilonia, y no sólo encadenan al Tercer Mundo.

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