Saint Etienne (Ocho y Medio) Madrid 7/11/17

Saint Etienne es uno de esos grupos que uno atesora en el corazón toda la vida, porque te han acompañado desde la adolescencia, porque forman parte inseparable de ti, porque tienes recuerdos que van indefectiblemente unidos a sus discos. Así que siempre es buen momento para verles en directo, sobre todo si, como en mi caso, era la primera vez.

Llegaban a la sala Ocho y Medio para presentar su nuevo largo, Home Counties (Heavenly, 2017), una – como viene siendo acostumbrado – agradable colección de canciones de pop luminoso y con un toque melancólico que tan bien dominan, con un toque de ironía y de hastío por el momento que atraviesa Inglaterra y con un fuerte componente costumbrista, que esta vez se aleja de su amado Londres para echar un vistazo a poblaciones más pequeñas donde la vida es, aparentemente, más sencilla.

Salieron con bastante retraso y la primera sorpresa, no del todo agradable, fue ver que hasta 7 músicos ocupan el escenario, algo que se me antoja excesivo e innecesario para Saint Etienne.

La segunda sorpresa, tampoco agradable, fue ver que el sonido no era ni mucho menos bueno, lo que tampoco mejoraba cuando te movías por la sala; No sé si sería problema del técnico, pero el inmaculado cancionero del grupo quedó bastante dañado; no había chicha, faltaba garra, las canciones no acababan de despegar como debieran; una pena, teniendo en cuenta la infalibilidad de trallazos como Kiss and Make Up (versión de The Field Mice con la que abrieron el set) o esa maravilla pop que siempre será Sylvie.

El repertorio dejó caer temas de su último lanzamiento como las efectivas Dive, Magpie eyes,

Whyteleafe o Train drivers in eyeliner pero como era previsible el público demandaba los jitazos pretéritos, y las primeras notas de Lose that girl, Only love can break your heart (su maravillosa versión del clásico de Neil Young incluida en el Fox base Alpha) o You’re in a bad way desataron el delirio de los fans, entregados de antemano.

La fantástica I’ve got your music (una canción de amor a la música pop, una joya) sonó falta de punch y Nothing can stop us now nos hizo pensar a más de uno en el título alternativo “Nothing could stop them then”.

Tras los bises de rigor, donde parecía que el sonido era algo mejor, tocaron otra de esas canciones por las que uno vendería su alma al diablo, He’s on the phone, punto álgido de su discografía y del concierto, que nos llevó a todos de regreso a los 90 y al maravilloso Tiger Bay (Heavenly, 1994).

En resumen, un concierto flojo de sonido (la corista estaba para suplir las carencias de Sarah Cracknell, y me rompe el corazón decirlo), que Saint Etienne tiraron de historia y de carisma para levantar, aunque solo a ratos. Los años no pasan en balde para nadie, o tal vez simplemente no tuvieron un buen día. En cualquier caso volveremos a comprobarlo en su próxima visita, porque, pese a todo, Sarah Cracknell, Pete Wiggs y Bob Stanley son irresistibles, y no le puedes llevar la contraria al corazón.

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