Soledad Vélez – Dance And Hunt (Subterfuge)

Hay músicos que pueden pasarse toda su vida haciendo las mismas canciones, y algunos incluso viviendo bien de ello, y otros para los cuales el cambio es una necesidad vital. De los primeros todos conocemos ejemplos; afortunadamente, tampoco escasean los que pertenecen al segundo grupo. Entre estos personajes inquietos, inconformistas, que utilizan a su favor el vértigo ante la hoja en blanco, está Soledad Vélez.

Aunque la artista chilena, valenciana de adopción, nunca se ha caracterizado precisamente por mostrar demasiados síntomas de debilidad o fragilidad, sí que es cierto que sus trabajos anteriores (Wild Fishing, 2012; Run With Wolves, 2013, ambos con Absolute Beginners) presentaban un tinte confesional, intimista, que quizás fuera el pago necesario por abandonar su país tan joven y tener que adaptarse a otro. Despojada de todas aquellas ataduras, en paz con su pasado, Soledad ofrece en Dance and Hunt (Subterfuge, 2016) unas canciones menos personales y más universales, tratando temas con los que todos nos podemos sentir relacionados, creando a partir de sentimientos compartidos.

De todos modos, el cambio más sustancial tiene que ver con el revestimiento de las canciones. Aunque desde hace ya algunos años la hemos visto en escena acompañada de teclados, en Dance and Hunt el giro hacia la electrónica, hacia la primacía de las texturas y ambientes sobre las letras, es evidente. Los adelantos del pasado año, “Thunderstorm” y “Nightmare”, ya nos habían preparado para una Soledad más oscura y menos etérea, pero en temas como “Jeanette” se apuesta de forma rotunda por esa nueva musicalidad, por las cajas de ritmos y los sintetizadores. El peso de las letras, como ya he comentado, es menor que en otras ocasiones, y muchas veces se usan como un recurso musical más con el que favorecer los bucles de sonido. El caso más extremo es “You have no choice with me”, con una única frase repetida, con diferentes variaciones, a lo largo de más de cinco minutos. “Dune”, un tema que se alarga hasta más allá de los siete minutos, tiende un puente entre la nueva Soledad y la de trabajos anteriores, mostrando algo del folk luminoso al que nos tenía acostumbrados.

Siempre es interesante ver como una artista se arriesga, sale fuera de su zona de confort, experimenta, se reta a sí misma. Si además el resultado es tan bueno como en Dance and Hunt, poco más se puede pedir.

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