Stephen Witt: Cómo dejamos de pagar por la música (Contra)

La editorial Contra publicó hace unos meses la traducción al castellano de How Music Got Free, el libro de Stephen Witt que documenta el inicio del desastre que la piratería supuso para la industria musical. Bajo el título de Cómo Dejamos de Pagar por la Música, el subtítulo de “El fin de una industria, el cambio de siglo y el paciente cero de la piratería“, y con traducción de Damià Alou, el autor va desarrollando en paralelo, como si se tratara de una novela policiaca, tres historias que convergen en un único punto: una planta de fabricación de CDs en Carolina del Norte.

Tres son los personajes claves en esta historia que, por supuesto, es totalmente real. En primer lugar, Doug Morris, el hombre más poderoso de la industria musical en su momento, símbolo y ejemplo de todo lo bueno y lo malo que hicieron las grandes compañías en sus años de esplendor. Asistimos a su gradual ascenso, nos admiramos de su casi infalible olfato para detectar nuevos artistas y grandes éxitos, y nos echamos también las manos a la cabeza por la ceguera que los grandes capitostes de la industria mostraron ante la aparición de los nuevos formatos y las posibilidades que con ellos se abrían a los consumidores. Una historia de ceguera y avaricia, pero también un recuerdo a los años en los que las grandes compañías realmente podían permitirse arriesgar con nuevos artistas. Unos años que, por un entramado de causas que se van desgranando en el libro, no es posible que regresen jamás.

El segundo personaje clave es Karlheinz Brandenburg, el padre del MP3. El autor nos cuenta la interesante historia de cómo se llegó a comprimir el sonido con ese nivel de precisión y fiabilidad, y de la guerra de formatos que, como casi siempre, marcan los inicios de las grandes revoluciones tecnológicas. Los más jóvenes descubrirán con asombro que el MP3 estuvo a punto de no existir, al menos comercialmente, y que en realidad el MP2 no es una versión más antigua sino otro formato completamente distinto que durante un tiempo fue el estándar aceptado universalmente para determinadas aplicaciones. A lo largo de las más de 300 páginas del libro vamos asistiendo al nacimiento de Napster , The Pirate Bay o los reproductores portátiles de MP3, al tiempo que este formato se va consolidando como el estándar que hoy en día es a pesar de haber llegado a estar prácticamente desahuciado.

Finalmente, y quizás el más importante pero menos conocido, nuestro tercer personaje es Dell Glover, un trabajador de la planta de fabricación, envasado y distribución de CDs que PolyGram tenía en un pequeño pueblo de Carolina del Norte, en los Estados Unidos. Se trata de una fascinante historia que empieza con un par de frikis de la tecnología intentando sacarse unos ingresos extra, y que acaba con una generación entera que prácticamente no concibe el pagar para escuchar un disco. Si grande era la ambición de las discográficas, una avaricia que acabó rompiendo el saco de sus impresionantes ingresos a finales del siglo pasado, no menos lo era la de estos personajes oscuros que, bien por su cuenta o trabajando para algunas de las corporaciones de piratas que  luchaban por ser los primeros en filtrar los nuevos lanzamientos, contribuyeron a la situación que sufrimos, o disfrutamos según el punto de vista, hoy en día.

Stephen Witt va trazando hábilmente, y consiguiendo captar la atención del lector curioso, estas tres tramas que poco a poco van confluyendo en un final que no necesita spoiler, pues todos sabemos cómo acaba la historia.

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