Sufjan Stevens – Carrie & Lowell (Asthmatic Kitty Records)

De un artista tan hermético como Sufjan Stevens, lo poco que podemos conocer de él es lo que vislumbramos a través de sus canciones. Su devoción cristiana (Seven Swans), su pasión de arqueólogo por la historia popular de su país (Michigan e Illinois), su atracción por los personajes alejados del mundo cuerdo (Age of Adz) o su ilimitada creatividad (The BQE, Songs for Christmas). Y, debido a su inclinación por mezclar ficción y realidad, es tarea compleja. Poco dado a conceder entrevistas ni compartir su vida privada, incluso su propio blog es un galimatías de vídeos esperpénticos y fotos sin demasiado sentido entre los que, casi por casualidad, hay pequeñas pistas sobre la persona que hay detrás del personaje. Es por eso que Carrie & Lowell es un disco sorprendente.

Dedicado a Carrie (su madre) y Lowell (su padrastro), Sufjan entrega un trabajo sorprendentemente honesto y personal en el que hace terapia y examina en público sus sentimientos respecto a la vida, la muerte, el perdón, el dolor, la aceptación o la pérdida. Carrie & Lowell es un trabajo desgarrador. Porque la historia es cruda y dolorosa. Pero aún es más turbador por esa forma que tiene Stevens de despojarse del sentimentalismo. De evocar la amargura, recordar la infancia o afrontar la muerte utilizando las palabras con brutal precisión y franqueza. Más para poner orden en su propia historia que para conmover al que escucha. Y ese desinterés por lograr lástima ajena lo hace aún más sincero e hiriente.

Musicalmente Sufjan Stevens recupera el tono folk de sus primeros discos, abandona los grandes despliegues y la electrónica y aligera el formato de las canciones. Su guitarra y su voz, suavizada de nuevo tras el experimento vocal que fue The Age of Adz, son los protagonistas, aderezados muy sutilmente aquí y allá con coros, teclados y efectos casi anecdóticos aunque agradables. Por primera vez en su carrera, además, se olvida de la experimentación sonora y la evolución que había supuesto cada disco con respecto al anterior. Lo que convierte la experiencia de escuchar este álbum en un insistente deja vú, a poco que no se preste atención a la letra.

“Death and dignity” recuerda mucho a “Futile devices” (The Age of Adz); “Eugene” quedaría perfecta tal cual en Seven Swans; la melodía de “No shade in the shadow of the cross” parece reciclada del último tramo de “Impossible soul” (The Age Of Adz)… y esto hace de Carrie & Lowell un continuo “esto me suena”, monótono y lineal. Así, aunque sea un trabajo exquisito en su acabado y emocionante en su contenido (“Should have known better” o “Carrie & Lowell” son canciones preciosas), tiene ese punto decepcionante en lo musical. Algo muy curioso, teniendo en cuenta que coger el libreto del disco y leer la letra de “Eugene”, por poner un ejemplo, te pone un nudo en la garganta y te deja literalmente al borde de las lágrimas.

 

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