The Black Keys – Turn Blue (Nonesuch Records)

En la vida, apuntad siempre bajo, tan bajo que a nadie le importe que triunféis“. No es de Kierkegaard, ni de Schopenhauer o Sartre; es, que se sepa, de Marge Simpson. Lecciones de vida incrustadas en el córtex gracias a su bombardeo sistemático desde los 90. Y es verdad que lo más difícil a la hora de estudiar el nuevo disco de The Black Keys es conseguir abstraerse de las expectativas previas y aislar con éxito el prejuicio que todo lo arruina. Todo. Esa felicidad falaz de cuando esperas que un disco sea un completo desastre, como era el caso de Turn Blue, pero luego resulta que no hay para tanto, esa felicidad es enemiga del análisis.

La pose del fan auténtico de The Black Keys ya huele desde la acera de enfrente. Hubo un momento en el que levantaba exclamaciones de admiración e incluso se hacía el silencio en el garito hipster de turno, pero ya no. La cuestión no es que te gusten más o menos los Black Keys de sus inicios, que es lícito además de poser, la cosa es que ya mola más cualquier versión de Auerbach y Carney previa a diciembre de 2011. El blues obeso de sus inicios, los Black Keys de la fórmula de la Coca-Cola de Attack & Release, o el rythm&blues integral de Brothers. Y eso sólo es una razón (otra más) para pedir cita en el pasado.

Extrayendo la falsa sensación de alivio tras escuchar repetidamente lo nuevo, la realidad es que Turn Blue es tan buena noticia como mala. Muy buena porque, en efecto, “Fever” era un gancho mal tirado, un error de cálculo, o simplemente un single, y el matrimonio imaginario entre Black Keys, Brian Burton (aka Danger Mouse) y Kylie Minogue no tiene mucha continuidad en el disco (más allá de “10 lovers” y algún detalle más). Pero también es muy mala nueva porque Auerbach y Carney parecen caminar, e incluso correr por momentos, hacia la indefinición completa. La nada intrascendente. Quizá El Camino era su punto de no retorno y por eso Turn Blue, que parece intentar recuperar las glorias más recientes de Brothers, se queda a medio camino de todo; es un “¿que si quiero o que si tengo?” en toda regla, un “saca tú al perro, que yo ya me he puesto el pijama“.

Mientras la faceta de productor de Auerbach, residual de 2007 hasta hace un par de años, se dispara y está más viva que nunca (ha producido con más o menos tino a Lana del Rey, Hanni El Khatib, Bombino y Ray LaMontagne), su grupo parece enfangado desde su anterior disco. No es una locura que, para Turn Blue, él y Carney hayan vuelto a contar con Danger Mouse en la producción, figura fundamental en el despegue equilibradamente comercial de Black Keys desde 2008; pero no deja de ser curioso que, lo que al principio compartía con Carney, ahora Auerbach lo deje en manos del neoyorquino. Tal vez, una vez aupado a la categoría de productor de moda, Black Keys ya no es algo primordial.

Aún así, hay cosas que resaltar en Turn Blue más allá de la intrascendencia de “Bullet in the brain”, “In time” y “Waiting on words”, o el fracaso conceptual de “10 lovers, “Fever” (un refrito disco de todo lo malo que pueda haber en Black Keys) o “Gotta get away” (que, en su derrota, tiene el honor de contar con la guitarra más hortera, redneck e irresistible del año). Una de esas cosas es el falsete de Auerbach, que vuelve a brillar, y en algunos momentos sí se pone a la altura de Brothers: “Turn blue”, que se presenta inofensiva con ese ritmo de matarlas/los callando, es casi terciopelo. El barroquismo integral del disco y de “Year in review” en particular es otro aspecto a rescatar; tan bien producida que en directo apunta a fracaso absoluto, merece la salvación por los coros seráficos. La nostalgia guitarrística también debe ser apartada y separada de la morralla: “It´s up to you now” empieza muy del montón, pero cambia el ritmo y las coordenadas del disco durante más de un minuto de distorsión, igual que “Weight of love” e “In our prime”. No pasa nada por decir que, a pesar de todo, estas dos últimas son dos de las mejores canciones de la discografía del dúo de Ohio. La guitarra desértica y, ojo, a lo Woods en los casi siete minutos de “Weight of love”, y el estado de gracia vocal de Auerbach y las teclas gloriosas de Burton en “In our prime” son la mejor versión del combo The Black KeysDanger Mouse y una prueba más de que todo lo que mola hay que hacerlo sin prisas. Pero, sobre todo, bien.

Quizá Turn Blue no tenga la urgencia que sí lucía El Camino en todo su recorrido, empezando por “Lonely boy”; hasta Brothers, un trabajo de maceración lenta, tenía ese inicio de fiesta nocturna en la piscina con “Everlasting light”, “Tighten up” o “Howlin´ for you”. En realidad, el problema de este disco es que mandamos a comprar alcohol a las personas equivocadas (“Fever”, “10 lovers”, “Gotta get away”), y han vuelto con unas latas de refresco y unas papas. ¿Ahora qué hacemos? Sabemos exactamente para qué son cada uno de los discos de Black Keys, pero Turn Blue es el primero con el que no sabemos qué hacer. Cuando lo sepamos, tal vez nos parezca mejor.

 

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