Triángulo de Amor Bizarro – Año Santo (Mushroom Pillow)

Triángulo ha vuelto. Por fin. Han tardado tres años, pero la buena noticia es que han vuelto igual de bien que cuando nos habían dejado. Si estos mil y pico días han servido para que nos ofrezcan una digna continuación de su debut, si han sido necesarios para que este Año Santo (Mushroom Pillow) sea tan puñeteramente bueno: yo digo que bendito sea el trienio bolchevique de Triángulo de Amor Bizarro.

En todo este tiempo, los gallegos han protagonizado su propio viacrucis hasta llegar a Año Santo. Comprensibles crisis existenciales después de un éxito tan súbito y atroz como el de su debut en 2007 que en gran parte han sido superadas, entendemos, gracias a una necesaria regeneración celular, a una transfusión de sangre nueva; Rafa Mallo (que ocupa la batería tras la salida de Julián Ulpiano) y Óscar Vilariño (teclado), ambos de Valetudo, han sido los glóbulos rojos que han oxigenado TAB. Y, a la vista de los resultados, los dos tienen mucho que ver también con la evolución del sonido de Año Santo.

Porque, a pesar de que uno se puede llevar una idea equivocada con el single (“De la monarquía a la criptocracia”), Año Santo es un segundo paso de los que dejan huella y agrietan el suelo alrededor. Muchas veces, menos es más, pero otras muchas resulta que más es más. En el caso de Triángulo, el paso de trío a cuarteto coincide con un aumento del músculo en el sonido de los gallegos; más contundencia, más ruido y más punk es lo que ofrece Año Santo, que además sigue contando con unas letras increíbles.

En el grupo de las cosas que no esperábamos y nos gustan mucho, que Isa sube ligeramente sus niveles de protagonismo, tanto en la voz como en un bajo que en ocasiones (“Muchos blancos en todos los mapas”) te golpea en el esternón. En el grupo de las cosas que sí esperábamos, que vuelven a despachar el disco como si hubieran quedado después; y vuelven a dejarnos con ganas de más. En ese grupo también, por supuesto, la mezcla brillante de ruidismo, punk-rock y lírica cuasidadaísta; si además, a todo eso le sumamos la producción de Paco Loco, el resultado tiene que ser una colección de canciones inevitablemente buenas.

Es la ventaja (y la dificultad) del que juega con las balas contadas: al final del tiroteo no le ha sobrado ninguna, es verdad, pero por eso mismo no ha fallado ni un solo blanco, porque sabe cuán valiosas son. En Año Santo, todo son tiros certeros. La energía extrañamente positiva y contagiosa de “De la monarquía a la criptocracia”; la extraordinaria rudeza de “El radar al servicio de los magos” y “El culto al cargo, o cómo hacer llegar el objeto maravilloso” (enorme la dualidad de riffs gloriosos y ruido vs. la voz de Isa); el punk lisérgico de “Amigos del género humano”, “La malicia de las especies protegidas” y “Baile de los caídos”; el shoegaze fantasmagórico de “Super Castlevania IV” (canción de amor extremo), o el post-rock de túnel mal iluminado de “Muchos blancos en todos los mapas” y “Año santo”.

Por suerte, la magia en ellos no está muerta, ni mucho menos. A día de hoy, Año Santo vuelve a situar a Triángulo de Amor Bizarro en lo más alto.

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