Wild Honey – Torres blancas (Lovemonk)

Cuando alguien escoge llamar a su proyecto musical como una canción de los Beach Boys, ya sabes que sería muy raro que de ahí saliera nada malo. Guillermo Farré, ex bajista de Mittens, decidió lanzarse en solitario como Wild Honey, y desde luego su elección es toda una declaración de principios. Es evidente que su mirada estaba puesta, desde la casilla de salida, en el pop californiano de los 60. Sus dos primeros álbumes, Epic Handshakes and a Bear Hug (Lazy Recordings, 2009) y Big Flash (Lovemonk, 2013), sonaban como un paseo al atardecer por alguna recóndita y solitaria playa de la zona de Santa Mónica. En el segundo, sin embargo, se notaba una evolución hacia sonidos más variados llegando a explorar, aunque de forma casi intangible, ritmos y texturas del tropicalismo.

Este 2017 Wild Honey ha publicado su tercer álbum, Torres Blancas (Lovemonk, 2017). Aunque su mirada siga puesta en aquella playa californiana, Guillermo ha decidido darse un chapuzón en aguas del Mediterráneo. Para empezar se ha pasado definitivamente al castellano, lo que da un toque más cercano y reconocible a sus canciones. Además, puede que en parte debido al cambio de idioma, su música suena ahora tanto a Van Dyke Parks, Curt Boettcher o Sunshine Pop como al pop-folk preciosista que practican en nuestro país artistas como Tórtel o Fabián, así como a algunas producciones nacionales de diversas épocas (La Buena Vida, Los Angeles). Si en su anterior álbum colaboraba Tim Gane, en este disco Guillermo ha acudido a los servicios de otro miembro del grupo, Sean O’Hagan, y también al productor angelino Frank Maston , considerado un genio para este tipo de sonidos que mezclan lo-fi y arreglos refinados. Temas como “Torres blancas”, “Ojo de cristal”, “Siguiendo a desconocidos” o “Reverb infinita” son buena muestra de ese delicado equilibrio entre el llamado bedroom pop y la belleza orquestal. En general todo el disco abunda en melodías y armonías que parecen surgidas de un catálogo de David y Bacharach, todo ello bien envuelto por capas de sonido colocadas ordenadamente hasta que todos los instrumentos parecen fundirse en un mullido colchón sonoro. Hay incluso temas (“Mapas de zonas desiertas”, principalmente) donde ese ligero toque brasileño del que hablábamos anteriormente empieza a perder el pudor y asoma sin complejos.

Un gran paso para Wild Honey, que poco a poco se va consolidando como una propuesta reconocible, elegante y de calidad. Torres Blancas es una verdadera preciosidad y un lujo para el pop en castellano que sabe mirarse en los modelos clásicos pero manteniendo su propia esencia.

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