Wolf Alice (La Riviera) Madrid 04/01/18

My love is cool (2015), la primera referencia en largo de Wolf Alice, les puso en la palestra como la enésima banda a convertirse en la nueva sensación de la temporada. Su hábil mezcla de actitud riot grrrl, shoegaze, trazas grunge, apuntes leves de post-rock y debilidad tangencial dream pop les convirtió en un cocktail más que atractivo. Quedaba la confirmación.

Este pasado 2017, los ingleses regresaban con Visions of a life (2017), y lejos de convertirse en un sucedáneo del primer álbum, atestiguaba que la cosa iba muy en serio. Quedaba ver cómo Wolf Alice se las gastarían sobre un escenario después de estos años de rodaje.

Y la prueba de la pasada noche en Madrid superó todas las expectativas posibles. Servidor se fue de allí con la sensación de estar ante una velada histórica, y, más aún, con que la asistencia se antojó, tras lo visto, en una inconsciente obligación ineludible.

Estirando la cuerda hacia ambos extremos, esos que, por un lado, nos conmueven con temas a la altura de “Heavenward” o “Planet hunter” –la ejecución de esta última fue la constatación de estar ante una banda realmente gigante- y, por otro, nos agitan con la urgencia desatada de “Yuk foo” o “You’re a germ”, demostraron que sobre las tablas su empaque y su solidez están fuera de toda duda.

Una audiencia en su mayoría muy joven, entregada y sabiéndose sus temas de memoria, aportaba color a un público que lo mismo organizaba pogos una vez tras otra que enternecía con la solemne imagen de padres aún fervientes de nuevas sensaciones junto a hijos con cara de asombro ante sus primeras sensaciones viendo una de sus bandas preferidas en directo.

Ellie Roswell, una suerte de Wendy James millenial, capitaneó un combo engrasadísimo capaz de combinar himnos como “Bros” o “Beautifully unconvencional” con rescates imposibles como la delicada “Blush”, incluida en un EP del mismo nombre anterior a sus dos referencias en LP.

Si existe un grupo capaz de devolver el espíritu de los 90’s a la actualidad son ellos, porque son lo que The pains of being pure at heart nunca serán y lo que, por desgracia, The Joy Formidable dejaron de ser. En efecto, la banda del momento mejor del mundo. Así de bestia, así de auténtico.

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