Arcana Has Soul – Espai Rambleta (Valencia)

 

Después de haberles visto este verano al aire libre, a escasos metros del mar y bajo las estrellas, tenía ganas de comprobar cómo se iban a desenvolver Arcana (ahora Arcana Has Soul) en un recinto cerrado, en una sala de conciertos digamos tradicional, con sus pros y sus contras. El Espai Rambleta de Valencia cuenta con dos escenarios para realizar conciertos: el Auditorio, con capacidad para 600 personas sentadas, y el Café Teatro con un formato más de sala (aunque cuenta con butacas y mesas) y algo menos de capacidad. Aunque a priori yo pensaba que el Auditorio era más adecuado, lo cierto es que la celebración del concierto en el Café Teatro resultó al final todo un acierto. La finalidad del concierto era la presentación de su álbum Verbos Copulativos, aunque se esperaban también sus habituales versiones y, sobre todo, que nos mostraran canciones nuevas. De todo ello hubo, y también alguna otra sorpresa más inesperada.

Arcana has soul

 

Ante un público totalmente entregado, pero tal vez demasiado estático (la edad media de los asistentes obligó a acercar los sillones al escenario), Lourdes (guitarra, voz), Pablo (percusión), Paco (violín), José (batería), Toni (violonchelo) y José Rodríguez (guitarra) empezaron con “Dagger”, el tema que abre también su álbum. Desde el minuto 0 se vio a unos músicos totalmente entregados y concentrados en lo suyo, pero disfrutando al máximo por lo que podíamos ver en sus caras. Justamente uno de los atractivos de ver a Arcana en directo es presenciar esa tranquilidad pasmosa con la que se pasean por los ritmos más variados, los acordes más difíciles y los solos de guitarras más complejos, sin aspavientos, sin aparente esfuerzo, saboreando cada nota. Con total seguridad en ellos mismos y en lo que hacen. Pero sigamos con el concierto.

Lourdes se pasó las primeras canciones intentando interactuar con un  público que respondía tímidamente durante la interpretación, pero que rompía en estruendosos aplausos al final de cada tema. Cuando se centró en seducir a los asistentes, más que en buscar su colaboración,  se empezó a ver a la mejor Lourdes: una verdadera soulwoman capaz de alcanzar las notas más altas pero también de gruñir entre dientes, como Nina Simone; de susurrar apocada como una colegiala para en unos segundos encender a la audiencia con una estudiada pose de mujer fatal; versatilidad a más no poder, esa es la palabra que mejor puede definirla. De hecho es la que mejor define a toda la banda.

Arcana (Lourdes)

Pronto disfrutamos de su versión de “Drive my car”, de los Beatles, llevada a su terreno como siempre saben hacer: con elegancia y estilo. Eché en falta, eso sí, su reinvención de “Every breath you take”. Lanzarnos seguidas, una tras otra, “Sweet nothing”, “Women’s blouse” y “I pray one soul”, fue una temeridad: los corazones se pusieron a bombear de una manera que resulta peligrosa a ciertas edades. Una canción nueva, “Temptation”, sirvió de entradilla para lo que podría haber sido el remate definitivo: su versión de “Fever”. Por desgracia resultó menos incendiaria y febril que otras veces, y se vivió un pequeño bajón acentuado por los problemas de sonido durante la preciosa “Remember”, una canción que merece escucharse con excelente calidad de sonido. Otra vez será.

Pero la remontada fue espectacular. “Å”, su única canción en castellano, revitalizó a un público que, aunque todavía de manera algo cohibida, empezó a animarse a cantar. Tras otra canción nueva (“I will stay”, desde ya entre sus mejores temas, también muy coreada) llegó el momento cumbre del concierto. “Can you feel it?” es claramente la favorita del público, la que mejor se presta para su colaboración, la que definitivamente hizo levantarse a la gente de las butacas y moverse. Aunque moverse, lo que se dice moverse, es lo que hicieron algunas señoras a mi lado nada más empezar a sonar la exquisita versión que Arcana realizan del “Last dance” de Donna Summer, seguramente recordando sus días de discoteca.

Arcana (batukada)

El extraordinario colofón vino con “The meaning of life” y la sorpresa final: la aparición de una batucada (Greengos Batukada) que empezó suave, alargando el tema, subiendo de revoluciones poco a poco mientras la banda se despedía y abandonaba el escenario, y que en unos minutos se adueñó de la sala y diría que de las manzanas circundantes con una explosión de sonido y colorido que pareció infinita. Se retiraron aclamados por el público al mismo tiempo que Arcana regresaban para despedirse, ahora definitivamente, con una sorprendente canción (“Easy livin”) de ritmo country, casi hillbilly, con banjo y todo. Dije ya la palabra versatilidad, ¿verdad? Pues eso.
Arcana (final)

En fin, un concierto que no fue perfecto, para qué decir lo contrario. Pero lo cierto es que nadie de los que allí estuvimos íbamos buscando la perfección técnica ni sonora, sino el sentimiento, la emoción, el alma de unas canciones. Y de eso tuvimos de sobra. Si Arcana siguen evolucionando positivamente, y no me cabe duda que lo harán porque se les ve en el buen camino, espero verlos en poco tiempo en un teatro. O en el Palau, por qué no. Y yo me emocionaré pensando en que asistí en directo a su nacimiento, sus intentos por ponerse en pie, sus primeros pasos. Y volveré aquí a contarlo.
 

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