Dot Allison – We Are Science (Caroline)

Después de deleitarnos con una de las grabaciones más inexplicablemente olvidadas de la pasada década, Morning White Dove, con su anterior grupo One Dove, y un sutil, delicado y estupendo primer trabajo en solitario, Afterglow (99); la buena de Dot Allison aplica un giro radical a su carrera y aborda los sonidos más de moda en los ambientes bailables del pasado año, el electro, o electroclash, como se le ha venido llamando.

Esta mutación no debiera de extrañar teniendo en cuenta que el trabajo de producción siempre ha pesado en los discos de Dot.

Así se justificaba el sonido de Morning White Dove bajo la batuta de Andrew Weatherall etapa Sabres Of Paradise,(sí, la misma
que la del Screamadelica de Primal Scream),sin duda el productor que mejor entendió en su momento la colisión indie pop-electrónica, y así se justifica también ahora al ocuparse del trabajo sucio Keith Tenniswood, mitad de Two Lone Swordsmen (sí, la primera es también el bendito Weatherall).

No queda duda pues, de que la buena de Allison tiene grandes amigos, y teniendo en cuenta los precedentes, (el bombazo de Tenniswood bajo el alias de Radioactiveman), uno podría esperarse uno de los discos del pasado año… pero no fue así.

Su música sale fortalecida en las bases con el sonido musculoso del electro y obtiene resultados meritorios en los temas más directos que automáticamente se convierten en carne de pista de baile y tarareo mental.

“We´re Only Science”, “I think I Love You” o “Substance”(con espectacular remezcla de Felix Da Housecat) son buenos ejemplos, pero pierde en los matices y sutileza que siempre habían sido marca de la casa.

La antaño melancolía se torna ahora en ramplón efectismo (funciona, eso sí) e inmediatez y el arco iris sonoro deviene monocromo y obvia una sensación de homogeneidad que le hace flaco favor al disco.

Aquella amarga dulzura se perdió en el olvido, el mismo en el que ahora se ahogan la mayoría de los temas, lo que no sería doloroso en el caso de otra artista, pero que se sienten en la que se había fraguado estética y voz gélida, dulce, y fantasmal a imagen de Liz Fraser en los nunca suficientemente reconocidos Cocteau Twins.

Bagaje insuficiente para una artista de la que uno siempre se espera cotas muy altas, quizá demasiadas, y que tal y como se pudo ver en el escenario del FIB 2002 apuesta ahora por un asalto mediante propuestas más directas tanto en disco como sobre el directo.

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