Elvis Perkins – El Sol (Madrid)

Transformar el dolor en género manufacturado es un ejercicio demasiado premeditado para alguien tan natural como Elvis Perkins. Bueno, esa es la impresión que me he llevado tras disfrutar de su directo. Aquellos lamentos fúnebres de Ash Wednesday (07) han dado paso a unos infecciosos coros gospel en Elvis Perkins In Dearland (09). Tal vez la diferencia de una misa en martes santo y un concierto suyo en las mismas fechas radique en el precio de la entrada, pero la temática del discurso tiene corte similar: el amor y la muerte.
La jornada resultó un agradable paseo por varias formas del cancionero popular americano, ejecutado con gran solvencia  por el desaliñado trío de multiinstrumentistas que le resguardaban. Una especie de Orquesta Mondragón versión folk (órgano, trompeta, saxofón, contrabajo, armónica…).

Aparecieron en el escenario con aspecto de vendedores ambulantes de enciclopedias o de pardillos a los que les robaban la merienda en el colegio. Ellos representan la revancha de los novatos: los graznidos de ciertas incondicionales elevaban la figura artrítica de Mr. Perkins a nueva estrella hype. Él, en cambio, parece que tiene metas más modestas.
Arrancaron la audición interpretando de manera pausada un corte de su último largo “123 goodbye”. Sería el preludio a la gran explosión percusiva-circense “Hey” representada a golpe de bombo y platillo con cierto aire casual. Repetirían la misma eficaz maniobra en el broche final “Doomsday”.  Entre medias, el repertorio deambuló por pasajes repletos de frescura “Shampoo, All the night without love, I heard your voice in Dresden”  y otros que exhibían síntomas cercanos a la narcolepsia “How’s forever been baby, Emile’s Vietnam in the sky”. El motivo de este trastorno reside en la estéril dilatación de algunos fragmentos. Por suerte, tiene cura. La impresión de que su progresión artística no ha llegado a su límite nos hace pensar en él no como una realidad, sino en un compositor con extraordinarias posibilidades.
Sin duda, el bocata es suyo.

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