Entrevistamos a Jorge Martí por ‘Canción de Amor Definitiva’

Jorge Martí, vocalista de La Habitación Roja, publicaba a principios de año Canción de Amor Definitiva (Plaza y Janés) unas memorias crudas y apasionadas sobre su vida a medio camino entre España y Noruega.

Un libro nacido poco después del documental In The Middle Of Norway (Mia P. Salazar, 2018), que aborda la historia del líder de una de las bandas más importantes del indie español, que compatibiliza su carrera con una vida anónima en el país escandinavo como enfermero, esposo y padre de familia.

Hablamos con él de su proceso de creación, de cómo mantener una carrera y una vida tan diferente en paralelo, de inspiraciones, de salud, de amistad y por supuesto, de música.

«El libro me ha ayudado a sanar ciertas heridas, a comprenderme y a perdonarme, a entender al prójimo y a ponerme en su lugar, a relativizar»

In the Middle Of Norway fue el detonante para transformar tus vivencias en ‘Canción de Amor Definitiva’. ¿Cómo pensaste diferenciarlos para que el que había visto el documental no sintiera que estaba asistiendo a lo mismo?

Le solía comentar a Cristina Lomba, mi editora, que no se preocupara por la repercusión que pudiera tener el documental, porque para mí éste no era sino una suerte de tráiler del libro. Incluso el tráiler de una sola parte de lo que se cuenta en el libro. Cuando me puse a escribir sobre mi niñez y sobre todo, mi adolescencia, recuerdo que me extendí mucho (luego recortamos mucho también) y a Cristina le fascinaba todo lo que contaba y de lo cual nada se mentaba en el documental. Ahí creo que se dio cuenta de que el libro tenía mucho más de lo que abordaba el documental, que apuntaba cosas y las dejaba abiertas a la imaginación del espectador, pero que por motivos de espacio, tiempo, medios y presupuesto, no profundizaba en algunas tramas importantes. Creo que documental y libro son complementarios y cuando me ofrecieron hacer el libro lo vi como una oportunidad de profundizar en muchas de las cosas que el documental solo dejaba intuir.

¿Cómo has afrontado el proceso de escritura? Supongo que se te habrá hecho distinto al proceso de escribir una canción.

Pues ha sido un poco como soy yo, un continuo sube y baja emocional. Básicamente lo que he hecho es vomitar todos mis recuerdos, experiencias y reflexiones y luego ir podando y puliendo el relato. Ha habido que quitar muchas cosas, porque se quedaba demasiado largo y al igual que con los discos, al final no todas las canciones llegan al álbum, has de seleccionar. Me he dado cuenta que no se puede contar todo y que es importante mantener el tono narrativo de la historia. La gente me dice que el libro atrapa y se lee muy rápido. Me gusta eso.

Una vez me puse con el libro empezó la cosa a fluir y escribía bastante rápido. Luego podía pasarme semanas sin escribir siquiera un renglón. Al principio iba y venía en el tiempo, con muchos flashbacks pero iba pasando el material a mi editora y ella se perdía cronológicamente. Al final decidimos que lo mejor para orientar bien al lector sería hacerlo en orden cronológico pero escribiendo en presente. Hicimos la prueba con un capítulo y la historia cogía mucha fuerza y te metías de lleno en la lectura queriendo saber qué iba a pasar, como si el futuro del personaje estuviera por decidirse todavía. Le mandaba los capítulos a mi editora y ella me iba dando consejos, sobre todo al principio. Consejos como situar una determina escena o convertir algunos párrafos en los que contaba conversaciones en diálogos, que era algo que no había hecho nunca y a lo que le fui cogiendo el tranquillo. Creo que fui a mejor con cada capítulo y a mitad del libro ya volaba solo. Nos fuimos dando cuenta de que teníamos entre manos algo con mucha alma y que te atrapaba desde el principio.

 

¿Has llegado a sufrir los famosos bloqueos?

Ha habido momentos en los que me era difícil escribir porque tenía demasiadas preocupaciones en la cabeza, tareas por hacer, discos, conciertos, viajes para tocar, obligaciones familiares y también momentos de mucha tristeza. Al igual que para escribir canciones uno necesita tener tiempo de contemplación y estar descansado para que la escritura fluya y eso no siempre se da, sobre todo cuando eres padre. Creo que el mayor bloqueo lo tuve cuando en marzo de 2020 empezó la pandemia. Me quedé completamente paralizado y no me salía nada. Estaba totalmente abatido. Luego me fui rehaciendo y volví a escribir. Pero vaya, he de reconocer que cuando me pongo manos a la obra siempre me salen cosas. El tema es ponerse. Lo que me has me ha costado son los dos últimos capítulos. Tenían 150 páginas y tuve que quitar la tercera parte de las mismas.

¿Seguiste algún modelo a la hora de empezar, querías que tu libro se pareciera o tuviera el estilo a alguno en especial?

Cuando me reuní por primera vez con mi editora hablamos de libros que nos gustaban y ambos, casi al unísono, mencionamos el libro de Mark Oliver Everett, Cosas que los nietos deberían saber. Esa manera de contar en paralelo una vida y una carrera musical era lo que más me atraía, porque se podía apreciar que mi vida y mi obra musical estaban intrínsecamente relacionadas. Yo también le hablé a Cristina de los seis libros de “Mi lucha” de Karl Ove Knausgård, con los que me sentí muy identificado, tanto personal como generacionalmente. Luego recuerdo que Cristina me puso como ejemplo de contar la historia en presente Open, la biografía de Agassi. Hablamos de que en ese libro el marco era el tenis, pero no era un libro solo sobre tenis. Lo mismo el mío, era un libro en el que la música es el marco, pero que en realidad es una gran historia de amor y de vida. También sacamos a colación lo mucho que nos gustaba Canciones de amor a quemarropa de Nickolas Butler. Cristina, cuando se dio cuenta de que era capaz de escribir cada vez mejor me decía que algún día tendría que hacer un libro de esas características. Es muy halagador que haya creído tanto en mí. Al principio pensaba: qué me va a decir, no quiere que me hunda. Pero su aprecio por lo que le iba mandando era genuino y acabé creyendo lo que me decía, y lo más importante: creyendo en mí. Aunque he de reconocer que en muchos momentos he estado tentado de tirar la toalla. Me venían pensamientos tipo: pero quién te crees que eres escribiendo tu historia, a quién le va a interesar lo que puedas contar. Es increíble lo que la cabeza te puede condicionar.

¿El plasmar tus vivencias en papel ha cambiado tu perspectiva a la hora de recordar ciertas cosas que han ocurrido todos esos años?

Sí, creo que sí que me ha ayudado a sanar ciertas heridas, a comprenderme y a perdonarme, a entender al prójimo y a ponerme en su lugar, a relativizar. Muchas cosas han despertado en mí sentimientos de ternura, de compasión, de aceptación, pero también he tenido miedos, vergüenza y pudor que he querido superar escribiendo de cosas que me afligían o me producían rechazo. Yo he sido muchas veces muy duro conmigo mismo, y también duro con gente que quiero y aprecio. También hay gente que ha sido muy dura conmigo y que no se ha puesto en mi lugar nunca. Escribir sobre todas esas vivencias es sanador. Muy intenso emocionalmente en ocasiones, pero a la larga me ha dejado un poso de paz y serenidad que creo que me ha hecho crecer como persona y que me acerca un poco más a lo que para mí es mi objetivo primordial: ser buena gente. Me gusta la gente, la buena gente, y eso es lo que quiero: ser justo conmigo y con los demás. Eso es lo que siempre me ha movido y siento mucho si en algún momento no ha sido así.

Jorge Martí libro

Aunque se ve en el libro que has tenido que afrontar algunos momentos realmente complicados, es admirable la voluntad con la que los has ido capeando.

Todo el mundo tiene sus lastres y una mochila llena de dramas y prejuicios que ha de llevar a cuestas. Yo siempre he sido una persona que ha ido en busca de sus sueños, proactiva, que ha intentado seguir adelante por encima de las circunstancias. A veces eso es admirable, pero también hay gente que no lo entiende y lo ve agotador. Siempre hay gente que está peor que tú, siempre hay gente que está mejor, el tema es que hay cosas que te afectan y aunque te sabes la teoría, esa que dice que los problemas no existen, que si algo tiene solución no es un problema, y que si no la tiene, para qué te va a preocupar, yo soy una persona que siempre se carga los problemas de los demás y los míos en la mochila. Supongo que por eso quería estudiar medicina o acabé haciendo enfermería. Me gusta cuidar y ayudar a la gente que lo necesita.

En el libro cuentas sin tapujos algunas experiencias íntimas que llegan incluso a sorprender. ¿Por qué decidiste ser tan sincero?

Porque era consciente de que si iba a escribir iba a hacerlo a tumba abierta. Me di cuenta desde el primer momento de que en los conflictos, en las contradicciones y las cosas que me producían pudor, estaban los momentos que cohesionaban y dotaban de fuerza y verdad al relato. Gracias a esos momentos la gente empatiza con mi historia y la hace suya. Creo que el libro, además de ser bastante generacional, destila una gran vulnerabilidad. Me parece que hay mucha verdad en él, y aunque hay cosas que no he contado porque no he podido o porque las personas a las que afectaba lo que quería contar no me han dado su visto bueno para hacerlo, todo lo que está es y lo viví como lo cuento. A veces me he sentido como un impostor por no haberme adentrado en algunas cosas para las que tal vez no estábamos preparados, ni yo, ni mi familia, pero como me decía Ingrid: que no cuentes algo no quiere decir que no hayas sido sincero. Algún día puede que se den las condiciones para poder contar cosas que me parece importante abordar.

«Todo el mundo tiene sus lastres y una mochila llena de dramas y prejuicios que ha de llevar a cuestas»

Otra de las virtudes, lo comentaba cuando lo reseñé, es la honestidad que hay en tus palabras, hablando sin tapujos de lo bueno y lo malo.

Sí, como te comentaba, si me ponía, me ponía. Mi vida ha sido muy intensa, o al menos así es como yo lo he sentido. Tal vez el intenso sea yo, o tal vez las dos cosas, ¡vete a saber! El libro es mi historia, cómo la he vivido yo, mi punto de vista. No pretendo ser objetivo, sino contar mi visión de las cosas. No pretendo etiquetar a nadie ni escribir desde el rencor, pero es mi historia y me parece vital contarla sin tapujos. Para mí el objetivo primordial es contar cómo me he sentido, cómo me ha hecho sentir cierta gente, bien, mal o regular y también reflexionar cómo he podido yo hacer sentir a terceros. Me parecía que la manera más justa de hacerlo era abordar mis sentimientos más íntimos de manera honesta y eso es lo que he intentado hacer. La gente parece que lo valora y me alegro mucho. Creo que la honestidad no es una pose, o se tiene o no se tiene, y canta mucho la falsa honestidad. Es como el amor: el que ama de verdad sabe que está enamorado.

Creo que es muy positivo la manera en la que visualizas la salud mental de tus compañeros e incluso das visibilidad a un problema como el de tu mujer, que quizá no es muy común ni conocido. ¿Consultaste con ellos el poder contar sus dolencias?

Sí, claro, eran temas que comprometían a personas que quiero y respeto mucho y me parecía importante tener su visto bueno para poder hablar sin ambages. Les conté que iba a escribir sobre ello y luego les enseñé lo que había escrito. Nadie me puso ningún reparo o problema al respecto, lo cual les honra. Mis compañeros de grupo ven muy importante el que se hable de estos temas y son muy abiertos a la hora de hacerlo. Yo quería hablar de ello tal como lo hacen ellos, sin reservas.

Respecto al Síndrome de Fatiga Crónica que padece Ingrid…Cómo no hablar de ello si es un factor que ha determinado nuestras vidas y nos ha condicionado en todos los aspectos desde el año 2009. Espero que en ambos casos haya contribuido contando estas historias a dar visibilidad a ciertas enfermedades que crean estigmas. Por un lado la salud mental, que tanto nos está afectando a día de hoy y luego el SFC, que es una enfermedad que afecta a mucha gente y que es compleja de abordar, de digerir y de comprender, tanto para pacientes como para familiares y la gente en general.

 

Tampoco te cortas al relatar tu decepción con el sello en el que más tiempo habéis estado. Viéndolo en perspectiva, los sellos de los 90 se aprovechaban de los grupos.

Algunos lo han hecho, ¿no crees?, pasa en todos los ámbitos de la vida, pero en su descargo también he de decir que muchos grupos hemos sido unos inconscientes y por lo que sea miramos para otro lado en momentos decisivos de nuestras carreras, siendo cortoplacistas e insensatos, cuando los agravios los teníamos delante de nuestras narices. Mucha de la culpa de lo que hemos vivido la tenemos nosotros, por no habernos asesorado bien, por haber firmado y aceptado cosas a ciegas, por los contratos 360, que muchas veces no son imparciales. Creo que los sellos tenían entusiasmo y voluntad, que hacían lo que podían, pero hay cosas en las que algunos no han sido honestos, no ha habido transparencia, o solo la había en lo malo, no tanto en lo bueno. Al final te das cuenta de que estás solo, que lo que es bueno para los sellos puede que no sea bueno para ti, eres consciente de la precariedad de muchas cosas y de que , por muy idealista que seas, para otros esto es un negocio y lo que hace falta es ganar dinero. Luego con los años sientes una profunda decepción porque has trabajado con gente con la que no compartes ideales y que no sabe nada sobre tu vida y tus circunstancias.

Los músicos nos venimos arriba con muy poco y uno va con todo, pone todas sus vivencias en el asador, se expone emocionalmente, físicamente…eres un blanco fácil que refulge candor, inocencia e ilusión: carne de cañón desgraciadamente, porque hay gente que no es honesta contigo. Me da pena, y tampoco es que todo haya sido malo, si no tirarías la toalla, muchos lo hacen, no tienen más remedio, pero cuando uno va a tumba abierta se la juega; o tal vez debería decir que se la juegan. No puedo cambiar el pasado, pero sí puedo intentar que no me vuelva a ocurrir lo que me hizo perder la fe y la ilusión, y sobre todo, no hacer con los demás lo que en ocasiones hemos sufrido en nuestras carnes. Dicho esto, éste no es un libro para reprochar a la industria musical o al capitalismo mismo, su falta de empatía y su voracidad. El libro es una declaración de amor a la música, a mi familia, mis amigos y compañeros y a la vida misma a pesar de los pesares.

El libro termina con el deseo de encontrar esa canción de amor definitiva, pero la tuya hacia Ingrid es una de las historias más admirables que conozco.

No sé si es admirable o no, lo que sí sé es que nos queremos y que hemos superado muchas cosas juntos. Sé que tenemos el deseo de seguir adelante unidos, que hay más cosas que nos unen que nos separan, que ella me ha perdonado todos mis errores y mis faltas, que me ha apoyado más que nadie en el mundo y ojalá todas estas cosas sean recíprocas. Me siento muy afortunado. Es la mejor persona que he conocido nunca. La admiro mucho y me jode no haber estado siempre a la altura de las circunstancias. Me jode no verla bien, su falta de energía y de salud. Es una lanzada en el costado que siempre está ahí, amarga y cruel, pero como decía la canción: la quiero a morir.

En mis peores momentos siempre pienso que si ella sigue conmigo algo bueno tengo que tener. Sin duda, que alguien como Ingrid siga a mi lado me hace tener esperanza de que hay luz al final del túnel que muchas veces he sido.

«Los músicos nos venimos arriba con muy poco y uno va con todo, pone todas sus vivencias en el asador, se expone emocionalmente, físicamente…eres un blanco fácil que refulge candor, inocencia e ilusión: carne de cañón desgraciadamente, porque hay gente que no es honesta contigo»

Llevas ya media vida en Noruega a la que te une tu mujer y ahora también tus hijas. ¿Cómo termina adaptándose alguien de la terreta a ese modo de vida tan radicalmente diferente?

Cuesta, porque vivimos en un sitio pequeño y no tenemos mucha vida social, sobre todo porque Ingrid no se encuentra bien y no tiene energía para socializar y eso nos ha influido mucho como familia, la verdad. Y luego está el clima, que determina sobremanera el carácter de la gente y el estado de ánimo, y aquí el clima es bastante duro. Los inviernos se me hacen eternos, la nieve, la lluvia, los días de nubes cerradas, el viento cortante…Por otro lado esto es de una belleza que duele. Es maravilloso contemplar esta naturaleza que nos rodea y sin duda, despierta los sentidos. No sabría explicarlo, pero aquí siento las cosas con más fuerza. Creo que el sol, el buen tiempo, fomentan la amistad, las relaciones sociales, la alegría, el estar en la calle, y yo soy muy bueno relacionándome, pero aquí, sea por el clima, por las circunstancias, por la grandeza de la naturaleza que nos rodea, me hago pequeño e introvertido. Quién me lo iba decir, pienso a menudo, porque yo soy una persona muy extrovertida por lo general. Uno nunca llega a adaptarse del todo y echa de menos lo que no tiene. Cuando estoy en España echo de menos Noruega, mucho además. Al final no soy ya ni de aquí ni de allí. Creo que es algo que le pasa a mucha gente expatriada, lo he hablado con gente en circunstancias parecidas y muchos sienten ese desarraigo. Yo trato de adaptarme haciendo canciones, escribiendo, dando paseos por el bosque, mirando los cielos reflejados en lagos que parecen espejos, porque el objetivo último para mí pasa por sublimar la belleza que nos rodea, que la hay y mucha, el milagro de estar vivo, de la naturaleza. Trato de tomar lo que me inspiran estos lares y transformarlo en canciones. Me siento afortunado de poder vivir momentos de gran belleza e intimidad, al mismo tiempo siento que se me escapa el sol, los días lánguidos y plácidos a orillas del Mediterráneo, porque qué le voy a hacer si nací allí…jajaja

Con tus largos periodos de ausencia, el proceso de resistencia y crecimiento de La Habitación Roja también ha sido admirable.

Tal vez sea admirable. Mira, no lo sé. No sé si somos menos de lo que deberíamos o somos más. Qué más dará… No me quiero tomar la música como una competición, solo dejar un puñado de canciones que sean crónicas de su tiempo y sirvan para acompañar a los que las escuchan. Seguro que depende de con quién te compares o del día que te pille. Sí que creo que tenemos una gran resiliencia y hemos resistido mucho. Y creo que tenemos buenas canciones y buenos discos. A veces también creo que si no somos más es porque no hemos trabajado lo suficiente, o por el azar, o por no haber estado rodeado de la gente adecuada. Otras porque simple y llanamente no damos para más, que no somos tan buenos y que podemos dar las gracias de todo lo que hemos conseguido, que somos unos privilegiados. No sé…Podríamos ser más pero también fácilmente podríamos ser menos. Para mí lo más importante es que tenemos un montón de canciones bonitas que están ahí para siempre, que nos sobrevivirán y que hay gente que las valora y que las ha hecho banda sonora de su vida. Acompañar a la gente: eso es lo que más me importa y lo que más feliz me hace. Que lo que hacemos le sirva a la gente. Automatic for the people!!!!

 

El papel de tus compañeros también ha sido y sigue siendo determinante en vuestras canciones y en vuestra vida. Sois algo más que un grupo y eso no es algo muy habitual.

Ha sido admirable su fidelidad a lo largo de los años. Podrían haber tirado la toalla y no lo han hecho. Somos una familia al servicio de la música y las canciones. Individuos al servicio del conjunto, del bien común. El grupo ha determinado nuestras vidas y hemos vivido PARA la música desde el minuto cero. Luego la música y el público han tenido a bien devolvernos mucho de lo que les hemos dado. Lo más bonito de LHR es que hacemos las cosas siempre con una ilusión que irradia ternura e inocencia. Me encanta cuando mantenemos ese espíritu casi amateur. Me jode mucho cuando eso se pierde, cuando la gente da las cosas por sentado, cuando se frustran la chispa y las ganas, cuando por factores externos o internos dejamos de ser un grupo. Un grupo es algo más que la suma de sus partes. Es una conjunción de talentos, personalidades, caos y casualidades que pueden dar lugar a cosas maravillosas. Cambias un elemento y todo se desmorona como un castillo de naipes, por eso es tan difícil mantener el equilibrio, por eso tantas bandas se van al traste, por eso es un tesoro lo que tenemos y debemos cuidarlo siempre.

El mirar hacia atrás a veces es un ejercicio de introversión que revuelve cosas, ¿crees que puede ser positivo como creador y autor de canciones?

Siempre está bien hacer balance en algún momento de tu carrera o de tu vida, porque uno vive frenéticamente y tira para adelante y no es consciente del camino recorrido hasta que se para, echa la vista atrás y reflexiona un poco. Hay que saborear de vez en cuando lo vivido, hay que permitirse esos momentos de calma.

Me parece importante como creador el tener los pies en la tierra pero la cabeza ha de estar bien alta mirando al cielo, soñando. Tener un pie en el pasado, que siempre es aleccionador, otro en el presente, tratando de vivir el momento y la mirada en el futuro manteniendo la ilusión y las ganas de embarcarse en nuevos proyectos. Tener memoria, porque la memoria nos sitúa en el mundo, nos define, nos hace ser quienes somos. Somos lo que somos porque fuimos lo que fuimos. Somos las consecuencias de nuestros actos, el eco de nuestras canciones, pero siempre seguimos adelante, porque la verdad es que atrás ya no hay nada. Digo en El Día Internacional de los Amantes: “como antes ya no hay nadie, solo hace falta un segundo y este instante ya es pasado”. Somos máquinas de construir pasado, pero el pasado siempre queda atrás aunque a veces creamos que no. Me parece importante aprender del pasado, pero no quiero vivir de él. Para mí escribir, ya sea canciones o este libro, es aprender y el que aprende y sigue aprendiendo, sigue adelante.

Llama la atención la cantidad de horas y días que has pasado en tu vida viajando de Noruega a España y viceversa. Todo ese tiempo te habrá dado (y seguirá dando) para mucho.

Sí, da para dolor de espalda crónico, dos embolias pulmonares, y mucha rumia mental. Bromas aparte, sí, creo que da para mucho. Para observar el mundo sobre todo, para sentarse y ser espectador de todo lo que te rodea y se mueve, para estimular la imaginación, para escuchar el silencio, para poner en orden el caos de ideas que en ocasiones te martillea el cerebro. Viajando aprendes mucho también y pones en valor las cosas, tomas distancia y reflexionas, y también te encuentras a ti mismo…Ah, y escuchas muchas cosas y esas cosas que escuchas tienen un efecto en ti y también te hacen reflexionar. Observación, y en ocasiones, observación participante prácticamente.

«El libro es una declaración de amor a la música, a mi familia, mis amigos y compañeros y a la vida misma a pesar de los pesares»

Entiendo que la música siempre ha sido ese refugio que te ha acompañado y que nos acompaña a muchos de nuestra generación. Creciste en un momento de gran eclosión y florecimiento y aparte, Valencia también era una de las ciudades más inquietas en ese aspecto.

Sí, soy hijo de ese tiempo, de esos grupos, de esa estética, de esas canciones, de esos bares y discotecas. La música era mi motivación para casi todo y creo que València fue un lugar maravilloso y estimulante para crecer. Mi impresión al echar la vista atrás era que vivíamos un tiempo excepcional en muchos aspectos y esa mezcla de costumbrismo y modernidad era muy potente. Porque había esa mezcla por todas partes y era muy inspirador. Tiempos de una efervescencia total, pero lo que más me gustaba era la sensación de inocencia, de creer que todo podía pasar, de no dar nada por sentado. Hoy en día todo el mundo se cree que sabe de todo, que lo sabe todo, o al menos eso parece. Es como una enfermedad que afecta hasta a los jóvenes: están de vuelta de todo. A mí de mi adolescencia me flipaban el entusiasmo y la libertad que se respiraban. No sabíamos nada, no estábamos de vuelta de todo, al contrario. Teníamos una inocencia arrebatadora. Creo que yo vengo de ahí y todavía hoy lucho por preservar esa esencia que me parece indispensable para no traicionarme.

¿Qué tienen The Smiths por quienes has sido incluso capaz de robar 🙂 y a los que no dejas de citar a lo largo de todo el libro?

Tienen misterio, audacia y vulnerabilidad al mismo tiempo. Es como si alguien estuviera diciendo todas esas cosas que has sentido y no sabrías expresar, y de repente tienes ahí alguien que pone el dedo en la yaga, que te hace sentir acompañado y comprendido, que te hace darte cuenta de que no estás totalmente solo y te lo susurra al oído.

Para terminar. Escribir engancha. ¿Más allá de tus vivencias te ha picado ya el gusanillo para volver a coger lápiz y papel y dar rienda suelta a nuevas historias?

Me apetece seguir escribiendo, sí. No sé cómo ni cuándo, pero si hay vida habrá más escritura, historias o lo que sea que me salga. Es algo que me conecta con el mundo, con la gente, con mi yo más íntimo y tiene todos los ingredientes que hacen a uno sentirse vivo. Escribir es contar lo vivido, aunque sea por otros o inventado, y en tanto que escribes vives y te sientes vivo.

Puedes comprar el libro Canción de Amor Definitiva (Plaza y Janés) de Jorge Martí en la web de su editorial.

Escucha las canciones que acompañan Canción de Amor Definitiva de Jorge Martí

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