Festidance Siglo XXI – Plaza de Toros (León)

Muy gorda se tiene que montar en la Groove Parade de Los Monegros este año. Tras lo visto en el Festidance Siglo XXI de León y pese a que las comparaciones son odiosas, la sensación que queda es que a la tradicional cita electrónica aragonesa le ha salido un competidor. Tal vez tenga que pasar algún tiempo para que le haga sombra, pero el peligro está ahí.

Cerca de 6.000 personas bailaron en la Plaza de Toros de León desde las 15,00 del 30 de junio hasta las 9,00 del 1 de julio. Dieciocho horas en las que el protagonista fue el techno, pero no el techno que uno está acostumbrado a oír por estas latitudes. Ni más ni menos que Derrick May y Kenny Larkin, representantes cada uno de las dos mejores hornadas del Detroit Techbo, presidían un cartel de 25 Djs en el que se encontraban Oscar Mulero, Sideral, Tim Baker, Dylan Drazen, Elesbaan, James Ruskin o Mónika Osmo, entre otros. El evento, organizado por AMD Records, planteaba una apuesta especial, según palabras de Kike Santirso, organizador: “Lo más difícil fue elegir el horario. Nos planteamos: ¿abrimos a las 8 de la tarde y cerramos a las 12 de la mañana? ¿O mejor lo hacemos estilo europeo, abriendo a las 3 de la tarde y hacemos que la gente baile viéndose las caras? Al final decidimos hacerlo así. A ver como termina, pero de momento va muy bien” La verdad es que se la jugaban: a las 4 hacía 40 grados y el cuerpo lo que pedía era siesta. Pero poco a poco la gente iba llegando al coso, movidos, entre otros, por una Mónika Osmo que le echó muchas ganas y no se cortó un pelo a la hora de poner sonidos duros y experimentales.

A eso de las ocho y media apareció el señor Derrick May. Fue entonces cuando empezó realmente el espectáculo. A pesar de que maneja ya 38 añitos, el de Detroit dejó claro por qué no hay que olvidarse de él. A primera vista la luz del sol y el todavía escaso público no favorecían mucho los ritmos hipnóticos y la sensación de viaje que caracterizan sus sesiones…Error: si uno se olvidaba de todo lo de alrededor podía sumergirse en esa textura sonora en la que se unían house, ruido, loops camino del éxtasis y hasta arreglos orquestales (no hay que olvidar que es el autor de la mítica “Strings of Life”). Si se afilaba la oreja un poco más se podían descubrir esos ritmos prehistóricos que enloquecen a May y que tienen su origen en Europa: Kraftwerk y Nitzer Ebb. El propio Sideral, que no salía hasta siete horas después, no se perdió ni un detalle de la sesión y desde un monitor siguió los movimientos del maestro. Derrick May pinchó con habilidad y profesionalidad, sin pose y, aunque pudiera parecer que no, atento a las reacciones de la gente.

El encargado de abrir la noche fue Elesbaan, el coco del Soma madrileño. Como lo de May fue una locura, tuvo que jugársela por el camino de la vanguardia. La plaza estaba cada vez más llena y la gente empezó a animarse de verdad. Mientras tanto, la gente se movía en la carpa techno-house, donde paralelamente otros DJs de menos nombre, pero no por ello de menos calidad, daban un descanso a los sufridos bailones. La estructura de la plaza se aprovechó al máximo y la organización no dejó ningún cabo suelto, lo que es de agradecer, ya que León no está acostumbrada a eventos de este tipo y hay que estar bastante encima de la gente para que se mueva, disfrute y no haga tonterías. El siguiente era Dylan Drazen, neoyorquino bastante conocido en España por sus frecuentes sesiones en diversos clubs. Este ingeniero de sonido con pinta de empolloncete inofensivo es en realidad un maestro del exceso. En León saltó del ambient lisérgico al hardtechno más burro como si tal cosa. Y encima le quedó bien. A pesar de que a veces la gente se quedaba cortada y no sabía cómo bailar, fue una actuación bastante completa.

Pero el punto de inflexión llegó con Kenny Larkin. Con dos discazos a la espalda como “Azimuth” (1994) y “Metaphor” (1995), representa junto a Carl Craig a la segunda generación del Detroit Techno, a esa que fusionó los loops clásicos con otros ritmos como el jazz, la emoción del soul (algunos definen su música como soul electrónico) o el acid house, sin olvidar la nota característica de Detroit: la electrónica alemana. Pero cuando llega la hora de ejercer de DJ (labor que sólo realiza en Europa, debido a la mala situación del techno en EE.UU.), no hace concesiones. Larkin se mostró con un animal de la electrónica y, moviéndose rápidamente, concentrado en sus vinilos, puso la plaza del revés. Dos horas que estuvo y dos horas que la gente bailó como loca. Ritmos tribales, sucios y elegantes a la vez, saltos al house y loops repetitivos que nunca llegaban a lo machacón, samba…todo ello sin inmutarse. Una maravilla.

Por eso a los que le siguieron no les quedó mas remedio que seguir por el camino iniciado por el de Detroit. Sideral aparcó el lado más pop de su “Science Fiction Sessions” y tuvo que adentrarse en los sonidos más oscuros del house que le hizo gurú de la electrónica de Barcelona a mediados de los 90. Vimos a un Sideral muy trallero, muy duro (tal vez el que más), que saturaba el sonido hasta el máximo, pero sin olvidar la melodía sensual de fondo. Lo mismo pasó con James Ruskin, otro de los destacados europeos en esto del sonido Detroit. El londinense ofreció una sesión más minimalista, oscura y experimental que dio paso a un Mulero revientapistas, como siempre, aunque no tan denso como nos tiene acostumbrados.

Llegados a este punto, el Festidance se nos antojaba como un gran triunfo. Pero también aparecía el fantasma de que el I Festival Dance Ciudad de León pueda morir de éxito. A este respecto se refería Kike Santirso “Las dos primeras ediciones del Festidance fueron en Ribadeo y para la tercera surgió la posibilidad de hacerlo en la Plaza de Toros de León, que es un sitio con mucha capacidad, y que es un punto de encuentro, pues está a una hora de Asturias, a tres de Madrid…Han venido autobuses de Huesca, Barcelona o Toulousse. Tenemos la intención de que esto continúe y contamos con el apoyo de las instituciones, pues el Ayuntamiento nos ha cedido la plaza y quiere consolidar el festival.” Pues eso, esperemos que haya suerte y que la dependencia del poder no lleve al traste a una propuesta techno de calidad como esta.

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